Gamboa, resort y selva

QUINTO DÍA:

Gamboa Hotel

Se decidió por tomar una de las tres rutas que ofrece el Gamboa para que sus huéspedes realicen. El paseo duraría el tiempo necesario para que la habitación estuviera lista ya para nosotros. Así que salimos al parqueo, Mr. Boss se encontraba en el carro alistándose para la exploración de ese momento. Joseph y yo nos acercamos a él, estaba contento, pues había podido fotografiar un Tucán.

Los tres nos aproximamos a la entrada principal del hotel. Debíamos esperar al camión que nos trasladaría hacia el punto de inicio de la ruta elegida. Antes de subir uno de los empleados pegó un sticker a todos los turistas que estábamos presentes, un cuadradito del color que iba de acuerdo a lo elegido. A nosotros nos tocó verde. Esperamos unos minutos más y el vehículo llegó.  

Camión – Gamboa Hotel.

Un pequeño camión cuya tolva estaba dividida en tres secciones con dos filas de asientos cada una. Estaba pintada con motivos selváticos y pintada en tono ‘piel de leopardo’. Una lona nos alivianaba del sol y unas escaleras de tres gradas nos permitía subir. En la primera sección se ubicó un matrimonio español (la pareja con sus dos hijos y los abuelos), en la segunda Joseph y Mr. Boss -de cara al camino- y frente a ellos yo junto a un matrimonio estadounidense. Y, en la tercera, otro matrimonio norteamericano y una familia de rasgos asiáticos. El resto de visitantes, como una pareja francesa, subieron a una furgoneta.

Durante todo el trayecto, que en realidad no fue tan largo como me lo imaginé antes, fui oyendo música. Llegamos hasta la estación del teleférico y nos juntaron en un grupo de cinco (éramos mis amigos y yo más la pareja de franceses). Fuimos el segundo grupo en subir a una de las cabinas.Yo tenía un tanto  de nervios, pues era la primera vez que me subía a un medio de esos (y más aún cuando semanas antes había visto por la televisión que en Colombia había fallado uno y tuvieron que ‘rescatar’ a las personas suspendidas en el aire). No pasó nada. Que en cuanto se puso en movimiento y la vista se hacía un tanto más agradable ese tonto temor se esfumó.

El aparato nos llevó hasta el otro lado en donde nos tocó caminar un tramo muy corto hacia una torre de 5 niveles de alto. Ya en la cima se podía observar el Canal del Panamá y una pequeña aldea de aborígenes del lugar. Nos hicimos unas fotos y descansamos un rato.

Teleférico – Gamboa Hotel.

Pero el paseo no se terminó ahí. Después del teleférico nos volvimos a subir al camión que simulaba un felino. En la segunda visita, ya no nos acompañaba los franceses. Esta vez estarían la familia española y un matrimonio americano. Era el momento de visitar los acuarios, el mariposario y el serpentario. Ese fue el orden que se tuvo.

Antes de entrar al local de las grandes peceras, estuvimos en un punto de venta en donde señoras indígenas ofrecían sus productos artesanales -muy bonitos pero un tanto caros… Pero valía la pena pagar el precio-. Fue ahí donde mis dos compañeros de viaje entablaron amistad con sus compatriotas (la gran familia española). En el lugar no solo habían peces, sino también algunas tortugas y, si mal no recuerdo, un lagarto de mediano tamaño.

-A mi particularmente me gustan los acuarios, pero esa exhibición me aburrió un tanto.

Luego, caminamos un tanto hasta llegar al mariposario. Esa exposición, el estar rodeado de esos frágiles animalitos me encantó. Aunque fue muy corto el recorrido estuvo muy interesante. Claro, hasta que se tenía que pasar por una especie de laboratorio, el cual era -a mi parecer- demasiado pequeño como para que estuviésemos ahí metidos tanta gente. Me quedé afuera con Boss.

Ahora el serpentario. Un tanto frío para mi gusto. Las paredes estaba hechas de tal manera que daba la sensación de que se ingresaba a una caverna. El ver tan de cerca los tipos de culebras que tienen me pareció muy interesante. Ahí solo pude ver algunas, y es que se camuflan tan bien que a mi mala visión se perdían en su espacio.

Finalmente, el orquideario. Un jardín de mediana extensión en donde se cultivan algunos tipos de Orquídeas. Una más bonita que otra, de todo ‘modelo’ y color. Tampoco me pareció tan aburrido. Pude hacer algunas fotos. Al salir de allí ya nos esperaban las movilidades (esta vez el camión ya no estaba). Así que me regresé al hotel solo porque Mr. Boss y Joseph decidieron caminar hasta el hotel. 

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Aunque la hora pactada para despertar y prepararnos para el paseo del jueves era las 7 de la mañana. Mr.Boss se despertó una hora antes. Le seguimos Joseph y yo, respectivamente. Entre que nos duchamos y alistamos para bajar a desayunar nos dieron poco más de las 8.  

Esa mañana los tres cambiamos de opción para comer. Yo pedí huevos fritos en vez de los hervidos, dos pedazos de tocino y el resto era igual; el mismo pedido lo hizo Joseph (y es que no quería esperar el tiempo que le tocó por los panqueques); Por su parte, Mr. Boss desayunó lo mismo que yo pedí la mañana anterior. Y para variar tampoco terminé de comer todo.

Luego del desayuno, subimos a la habitación, nos aseamos y tomamos las cosas que utilizaríamos en la excursión. Cámaras, gorras, botella con agua, entre otras cosas, era más que suficiente para pasarla bien… porque ese día prometía mucho.

El calor, quizá era el mismo que el miércoles, pero poco a poco nos afectaba menos. Así, con el sofoco, caminamos hasta el Parque Urraca -lugar donde esperaríamos al bus rojo que nos llevó hasta nuestro destino: el Canal de Panamá.

No recuerdo cuánto tiempo esperamos a que llegara el vehículo. Pero si recuerdo que en ese momento decidí quedarme en la parte inferior (primer nivel), aparentemente también lo tenía decidido así Joseph pero ni bien arrancó el ómnibus subió para ir con Mr. Boss (ambos fueron al ‘aire libre’, mientras que abajo funcionaba el aire acondicionado).

Interior de bus

Interior de bus

Durante el trayecto, luego de oír una conversa informativa entre un turista – que tenía pinta de italiano- y el chófer -de contextura gruesa y de piel oscura- sobre cómo llegar hasta la zona de Colón, me puse los audífonos para entretenerme con música. Vaya, había tanta música como pasajeros en ese momento, es decir la necesaria como para amenizar la narración de un locutor que dictaba datos sobre los lugares por los que pasábamos y del lugar de su próxima parada.

El primer paradero en el que se detuvo fue en el Centro Comercial Albrook, en la estación Koala. En ese lugar bajó el turista preguntón, quien durante todo el viaje estuvo al lado del conductor de bus. Así mismo subió un tanto de gente más para el segundo nivel. Yo seguí abajo, casi frente a frente de una pareja de señores que iban muy entretenidos en su charla. Tomé algunas fotografías de lo que llamaba mi atención.

La segunda parada del bus sería, sin prisas,  la estación de Miraflores. Digo sin prisas porque aquella mañana no nos encontramos con tremendo atasco en el peaje del Corredor de la tarde anterior.

Entrada de la estación Miraflores -Canal de Panamá.

Visita de mi abuela -reencuentro anhelado.

Tengo mucho que contar, mi memoria ha estado almacenando, cuan CPU, cada palabra, cada instante y cada sentir que me haya impactado en estos séis días.

En este día empezaré con decir que el próximo cinco de marzo se cumplirá el primer mes de ausencia y de divorcio sin derecho a apelación de la persona que amo demasiado -mi abuela-.

Hsce un rato me he despertado de una breve siesta y fue alli que la ví después de haberse ido de esta realidad. Si, señores soñé con ella por primera vez después de haberse ido dejándome en este valle de decepciones que es mi vida.

Pero bueno, hoy no quiero llegar al límite de la melancolía, ya que me ha dado mucha alegría volverla a ver -aunque sea en un sueño-. Y es que he deseado con tanta fe el poder verla nuevamente que hoy por fin Dios oyó mi plegaria y me ha dado la oportunidad de estar a su lado.

Aunque no era la misma, estaba bastante ida al momento, me pareció verla de apariencia mejorada: no está subida de peso, pero tampoco delgada; su tono de piel se había “limpiado” y había recuperado su color de siempre; su cabello, al igual que su piel, tenía su color de siempre -un castaño oscuro reluciente y muy brillante-; pero, aparte de estar ida del momento, también noté que se sentía incómoda sentada en su silla de ruedas y pedía sin hablar que la cambiasen de lugar.

Ella no conversaba tal como lo hacía cuando estaba con vida, pero sí se “despertó” de su “ausencia” para decir que era malo tener animales en casa.

¿cuál ha sido su intención con esa recomendación? ¿ha querido predecir algo? ¿es que desea que nos deshagamos del acuerio y el periquito que tenemos en casa? ¿o nos ha pedido indirectamente que cuidemos de su “Pedrucho”, el loro que tanto le preocupaba incluso un día antes de irse?

Son muchas las interrogantes y muy pocas, por no decir ninguna, las respuestas.

laia03ausert-kustiAntes de haber visto de nuevo a mi abuela, en el sueño, me encontraba dentro de la casa de mi abuela y pude visualizar en dos oportunidades un “bulto” de persona -no puedo afirmar si era niño o niña, pero si que era de un tamaño no muy grande-. No le pude ver el rostro, pero era parecido a la forma de la niña que está retratada -aunque no llevaba puesto ese color de envoltura-.