Ciudad de Panamá: Fortalezas, playas y malecón

TERCER DÍA:

Fortaleza de Santiago, Panamá.

Mr. Boss salió de la autopista y tomó el camino que nos llevaría directamente a Portobelo. Kilómetros más allá el paisaje cambio. Ahora ya se podría ver el mar, varias palmeras y algunas islas. Sin duda, estábamos ya en la costa atlántica de Ciudad de Panamá.

Según el libro-guía el primer atractivo que se podía visitar era la Fortaleza de Santiago -construcción que se puede recorrer en poco tiempo y está muy bien conservada, aunque un tanto descuidada en su interior, pues varias de sus paredes están grafitadas y personas las utilizan como baño; además, que arrojan desperdicios, tales como latas y papeles-.

Una vez que Boss estacionó el carro, pasamos de lo fresco que íbamos los tres dentro del vehículo al sofocante calor de la intemperie. Ya abajo se nos acercó un moreno, que nos ofrecía a pasar a un restaurante cercano para degustar algo y si nos animábamos a visitar una de las islas que estaban frente al lugar. 

Pese a que habían algunos automóviles más estacionados, éramos los únicos que recorrían en ese momento la edificación de piedra. Atravesamos un portal con marco redondeado, un letrero a la entrada nos brindaba la información necesaria (fechas y la función que cumplió en sus mejores épocas la fortaleza). El recorrido fue algo breve. Una especie de jardín abandonado se encontraba después del umbral. Subimos por una rampa, llegamos hasta los recuadros en donde se supone estuvieron colocados alguna vez cañones de batalla. Nos tomamos algunas fotografías para el recuerdo. Descendimos y dimos un paseo aún más breve por el interior.

Al poco rato empezamos a oír voces. Era una pareja con un taxista que hacía las veces de guía turístico. Tres personas que no sé, ni sabré si decidieron recorrer la Fortaleza de Santiago.

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

En realidad no se nos pasó el tiempo sin darnos cuenta, en verdad se nos hizo un tanto más lento. Quizá fue porque los tres teníamos una misma perspectiva (de que el Canal de Panamá era algo mucho más impresionante) pero resultó ser algo muy soso y poco extraordinario -aunque no voy a negar que como tema para reportaje es muy interesante y, bueno, también para los ingenieros… y es que el canal es una verdadera joya de la ingeniería naval-.

Estación de turistas del Canal de Panamá.

Lo más probable es que  le parezca a muchos un  “ignorante” al no haber disfrutado como debí hacerlo, pero es que terminé un tanto decepcionado, seguro porque mi imaginación voló más de lo que debió.

Luego de esperar a que Joseph saliera de los servicios higiénicos decidimos que nuestra visita había terminado. Esta vez bajamos por las escaleras. Mr. Boss como siempre llevando la delantera, mientras que Joseph y yo casi llevábamos paso de procesión, y es que a mi compañero le era un tanto doloroso descender los escalones por un problema con sus rodillas.

Tienda de recuerdos del Canal de Panamá.

4, 3, 2… y llegamos al primer piso. Antes de salir del todo entramos a la tienda de recuerdos. No era muy grande y habían adornos muy, pero muy bonitos (aunque un poco caros).

Salimos con apuro y buscamos a la muchacha encargada del bus rojo. Ya habíamos emprendido el descenso para la carretera principal, pero la chica nos detuvo y nos dijo que sería mejor que esperáramos ahí mismo. Yo busco un sitio donde sentarme, pues me encontraba algo cansado (ya me empezaban a doler las piernas). En poco tiempo estábamos ya en la Calzada de Amador…

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Aunque la hora pactada para despertar y prepararnos para el paseo del jueves era las 7 de la mañana. Mr.Boss se despertó una hora antes. Le seguimos Joseph y yo, respectivamente. Entre que nos duchamos y alistamos para bajar a desayunar nos dieron poco más de las 8.  

Esa mañana los tres cambiamos de opción para comer. Yo pedí huevos fritos en vez de los hervidos, dos pedazos de tocino y el resto era igual; el mismo pedido lo hizo Joseph (y es que no quería esperar el tiempo que le tocó por los panqueques); Por su parte, Mr. Boss desayunó lo mismo que yo pedí la mañana anterior. Y para variar tampoco terminé de comer todo.

Luego del desayuno, subimos a la habitación, nos aseamos y tomamos las cosas que utilizaríamos en la excursión. Cámaras, gorras, botella con agua, entre otras cosas, era más que suficiente para pasarla bien… porque ese día prometía mucho.

El calor, quizá era el mismo que el miércoles, pero poco a poco nos afectaba menos. Así, con el sofoco, caminamos hasta el Parque Urraca -lugar donde esperaríamos al bus rojo que nos llevó hasta nuestro destino: el Canal de Panamá.

No recuerdo cuánto tiempo esperamos a que llegara el vehículo. Pero si recuerdo que en ese momento decidí quedarme en la parte inferior (primer nivel), aparentemente también lo tenía decidido así Joseph pero ni bien arrancó el ómnibus subió para ir con Mr. Boss (ambos fueron al ‘aire libre’, mientras que abajo funcionaba el aire acondicionado).

Interior de bus

Interior de bus

Durante el trayecto, luego de oír una conversa informativa entre un turista – que tenía pinta de italiano- y el chófer -de contextura gruesa y de piel oscura- sobre cómo llegar hasta la zona de Colón, me puse los audífonos para entretenerme con música. Vaya, había tanta música como pasajeros en ese momento, es decir la necesaria como para amenizar la narración de un locutor que dictaba datos sobre los lugares por los que pasábamos y del lugar de su próxima parada.

El primer paradero en el que se detuvo fue en el Centro Comercial Albrook, en la estación Koala. En ese lugar bajó el turista preguntón, quien durante todo el viaje estuvo al lado del conductor de bus. Así mismo subió un tanto de gente más para el segundo nivel. Yo seguí abajo, casi frente a frente de una pareja de señores que iban muy entretenidos en su charla. Tomé algunas fotografías de lo que llamaba mi atención.

La segunda parada del bus sería, sin prisas,  la estación de Miraflores. Digo sin prisas porque aquella mañana no nos encontramos con tremendo atasco en el peaje del Corredor de la tarde anterior.

Entrada de la estación Miraflores -Canal de Panamá.

Ciudad de Panamá: Parques, avenidas y mar

PRIMER DÍA:

Creo que fue Mr. Boss, o quizá Joseph, quien se detuvo a leer la pizarra con los platillos del día puesta en la entrada del restaurante en el que almorzamos. El menú costó 8 balboas (o dólares -tienen casi el mismo valor) consistía en entrada, que era sopa; dos opciones de segundo plato,  bistec picado y pastas; y el refresco. Nada mal el sitio.

Con un airecillo de ambiente italiano. El restaurante estaba ubicado en una esquina frente a la Plaza central del Casco antiguo de Ciudad de Panamá. El comedor no era muy grande, habrían más o menos siete mesas con cuatro sillas cada una. Manteles blancos cubiertos con un cuadrado azul en medio y servilletas del mismo color que el mantel. Lo que más llamó mi atención fue la forma de los aros servilleteros, pues era de un tenedor enrollado a la medida.

Elegimos una mesa muy cerca a la barra de atención, tal vez pensamos que de esa forma nos atenderían más rápido. No éramos los únicos. Atrás mío había un señor almorzando ya y a espaldas de Joseph había cuatro muchachos (dos de ellos con rasgos asiáticos). Luego, llegaría una señora a comprar una pizza familiar, antes de ésta una pareja con un perro (los mismos que no se quedaron porque no se aceptaban mascotas).

Se acercó el mozo trayendo consigo la carta de platos. Mr. Boss no sabía cómo decir que estábamos ahí tan solo por el menú; creo que pasaba lo mismo con Joseph; así que me atreví a decirle al mesero que nosotros queríamos solo cualquiera de los dos platillos del día. Luego del pedido, y mientras esperábamos a que nos sirvieran, nos trajeron ‘palitos de ajo’ (para algunos pan) y de pronto entró un hombre, de mediana edad que parecía llevar prisa, y el mismo que a Mr. Boss le pareció era un personaje público (probablemente de farándula) de su país.

Comimos y empezamos la marcha de regreso. El calor estaba en su máximo esplendor. Con el bochorno encima llegamos hasta el lugar en donde el bus rojo nos dejó. Nos acercamos a Rosalva (la morena que nos había vendido los tickets). La intención de mis compañeros era solo de preguntar por la hora en la que llegaría el vehículo, pero yo cambié los planes, pues que mi espíritu de periodista resplandeció y empecé a lanzarle preguntas que ella muy educadamente respondía.

La charla se puso amena, cada quien daba una opinión, pero el sol nos consumía a los cuatro. Rosalva, muy despierta ella, nos propuso ir hasta el lugar que de alguna manera le aliviaba el calor. Por mi parte imaginé sería alguna sombra dada por un frondoso árbol. Erré. Si, fue un árbol, pero un árbol en proceso de crecimiento. Un arbolito que apenas podía acogernos. La charla siguió hasta que llegó el bus.  

Era poco más de las 15 horas. Ya un tanto tarde para visitar el Canal de Panamá, y es que los buses de turistas llegan hasta ahí hasta las 17:30. Y como perdimos tiempo en el atasco vehicular que se originó en una de las garitas del peaje del Corredor norte pasamos la tarde dando vueltas por la ciudad y nos quedamos sentados hasta poco más de las 18 horas.