Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Computadoras en Hotel Centroaméricano.

El regreso al hotel desde el parque Urraca esta vez estaría a mi cargo, pues sería yo el responsable de guiar a Joseph y a Mr. Boss -éste último dudando un poco de mi capacidad de retención de lugares, fugaz pero muy buena en ocasiones-. El tiempo de caminata fue menor, pero igual de cansado.

Llegamos, subimos a la habitación y cada quien tenía el tiempo para hacer lo que quisiera hasta la hora de la cena -ya que los planes por aquel día se habían acabado-.  

En ese momento tenía ganas de ver televisión y así reposar un rato echado en la cama, pero decidí bajar al cuarto donde estaban las computadores con acceso a la Internet del hospedaje. Mr. Boss había decidido siestar un rato, por su parte Joseph bajó también para revisar su correo electrónico y leer un poco las noticias online.  

El tiempo navegando en la red se pasó rápido y de esa manera llegó el momento de cenar. 

Por qué esperar tanto…

Debo confesarles que soy de las personas que no me agrada esperar tanto. Recuerdo que alguna vez le comenté sobre mi poca paciencia a esperar a Genius, si mal no recuerdo me dijo: “no te adelantes al final de la película, disfruta cada escena como si fuera el final”.

Quizá mi debilucha espera sea uno de los tantos defectos más notorios en mi, pero, señores, ¿por qué se debe esperar tanto? ¿Por qué siempre me ha tocado esperar? Realmente han sido pruebas de fuego, pero muy heroicamente he sabido lamer un pequeño margen de la paciencia a esperar eso que tanto deseaba.

Ahora mismo, en los últimos meses de mi vida, espero muy pacientemente que llegue a mi el ángel del descanso eterno. Soy tan cobarde que no he querido darle una “ayudita”; pues me he imaginado más de una vez escenas terribles de un descenlace espumoso, o colgado de una viga, o simplemente acabar junto con el sol al caer la noche.

Sin embargo, también he tenido pocas esperas interminables, como cuando llego a mi Ed. Llegó en el momento preciso y en la fecha indicada. No espere mucho en tomar una decisión de conocerlo, de lanzarme a la aventura de tratar a un extranjero que sólo -en ese entonces- venía por cuestiones de trabajo.

Durante la relación que mantuve compartí esperas con él: cuando manteníamos la cuenta regresiva de su próximo regreso, cuando el esperaba que el avión pisara tierra para verme y yo, esperaba que él saliera de esos trámites interminables de inmigraciones, o, simplemente, cuando esperábamos que la cola en el supermercado avanzará a paso de aprendiz a caminante.

Pero también tuve esperas con aire a penuria, recuerdo aquella vez que se tomó un “tiempo” para decidirse entre un filipino y yo; o para cuando se tomó otro “tiempo” en decidirse a decirme que había empezado una relación con otra persona.

“La espera desespera” suelen decir, pero yo, ya renuncié a la espera. No quiero esperar nada de nadie y nadie de la nada.

Diversos tiempos

Hace algunos años escribí un texto que hacía referencia al tiempo. Por aquel tiempo apenas descubría el gusto que siento hoy por hoy por expresar mi pensamiento en letras. Había transcurrido un año de haber dejado las aulas de la secundaria y, asimilaba la idea que se avecinaba un tiempo totalmente distinto, un tiempo que se escurriría como el agua en un riachuelo de temores, ideas y un sentir medio extraño por lo que se aproximaba en mi vida.

Lamento decirles que no recuerdo ni siquiera una oración de aquel escrito. Pues, como suele suceder, me encontraba en un momento transcendental; son momentos de los cuales no me suelo fijar mucho en los “horrores” ortográficos que puedo cometer en la hilación de una composición -esto no es una excusa para cubrir mi mala escritura- y mucho menos recuerdo después el contenido, porque no los vuelvo a leer nunca jamás -a menos que sea un “reclamo” de alguien que se sientió aludido-.

Lo más probable es que en aquel momento haya dado un concepto muy distinto al que tengo hoy del tiempo. El tiempo, es hoy para mi, la oportunidad que tiene cada persona de ir en contra del enemigo -el tiempo- pues simula ser un aliado, pero acabo siendo el más vil traidor.

No es un secreto para muchos que tengo un horario “cambiado”, el día es casi noche para mi y la noche es un día sin sol y fresco. Reconozco ser un noctámbulo a causa, siempre tengo un motivo -más no excusa, para un hecho de mi autoría.  Soy fanático fiel a la idea “causa-efecto”, aumque acabé siendo yo la causa, y también el efecto.

Es así que no puedo obtener la confianza para Joseph -no te incomodes porque te mencione- respecto a que yo si puedo despertarme y, sobretodo, levantarme de la cama, cuando tengo una “obligación” que hacer por la mañana. El tiempo, para mi, no es una carga… el tiempo es la espera que me toca hasta que llegue el mes de Julio (Dios mediante).

La comida familiar, una costumbre en decadencia

“Dado que la cena ha sido una experiencia comunal en casi todas las sociedades (…), el hecho de que esta práctica haya disminuido visiblemente (…) en el curso de una sola generación es una prueba notable de la rapidez con que ha cambiado nuestra vinculación social”, asegura Robert Putnam en el libro Sola en la bolera. ¿Qué factores han contribuido a este fenómeno? En primer lugar, el alto costo de la vida ha obligado a ambos esposos a trabajar más horas. Las madres o padres solteros, cuya situación económica suele ser más precaria, disponen incluso de menos tiempo. En segundo lugar, el trajín de la vida moderna fomenta la comida rápida y el hábito de comer a toda prisa. No sólo los adultos, sino también los niños tienen demasiados compromisos, como la práctica de deportes y otras actividades extraescolares.

A esto se suma el hecho de que hay padres que prefieren volver a casa cuando los niños ya están durmiendo para evitar sus rabiertas a la hora de la comida. Otros llegan temprano, pero esperan que los niños coman y se vayan a la coma para sentarse a cenar tranquilamente con sus esposas.

Tales situaciones hacen que los miembros de familia coman a distintas horas. Las notas pegadas al refrigerador sustituyen a la conversación en la mesa. Cada cual llega, caliente una comida precocinada y se sienta frente al televisor, la computadora o la videconsola. Dado que estas tendencias sociales parecen irreversibles, ¿vale la pena nadar contra la corriente?

Estos tres párrafos los he extraído del suplemento Despertad, repartido por los Testigos de Jehová. Esto no quiere decir que yo pertenezca a dicha corriente religiosa. Creo no pertenecer a ninguna en especial, yo sólo creo en Dios y trato de guardar sus mandatos divinos.

¡En fín! la religión por la que más me inclino no es el tema central de éste escrito. El tema es la revaloración por las costumbres que muchas veces no optienen de nosotros la merecida atención.

El último miércoles viajó mi mamá con mi hermano menor para Piura. Allá se encuentra mi hermana con su familia viviendo. Mi papá en estos días, para variar, le toca trabajar. Mi hermano, para evitar “conflictos” conmigo respecto a lo que se cocinara en el día para almorzar o cenar se fue con su familia a casa de su suegra. Así que sólo me he quedado con mi padre, aunque él llega a mitad de la noche -pasadas las 20 horas-.

Hoy, por recomendación de Joseph, decidí preparar comida “nueva” para la cena. Mi intención era cenar junto a mi papá, y así charlar un poco más de lo acostumbrado. Así fue que después de haberme reconciliado con mi mejor amigo, me destiné a tomar una breve siesta, pues tenía que renovar fuerzas para preparar algo ligero, pero ligero, ya que en verano como que se quitan las ganas de comer -por lo menos a mi me sucede jeje-.

Después de pasar cuarenta y cinco minutos más o menos cocinando, arreglé la mesa para que todo estuviese en orden y me puse a ver televisión un rato hasta que llegase mi papá. Luego de algunos minutos llegó a casa, sin ganas de comer; se metió a la ducha, se puso a ver las noticias en su habitación y, luego de un rato, dormido se quedó.

Bueno, quizá no ha sido un buen día como para buscar una charla mediofamiliar. Me tocó cenar solo. No es por nada pero lo que preparé estuvo exquisitamente delicioso.

Generación X

A los nacidos entre 1975 y 1989

El objeto de este escrito es el de reivindicar a una generación y media, la de todos aquellos que nacimos entre los años ’75 y finales de los 80, la de los que estamos siendo actores de algo que nuestros progenitores ni podían soñar, la de los que tomarán las decisiones importantes en un futuro no muy lejano.

– Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle y en los recreos del colegio a las canicas (las blancas valian mas), al trompo, a la escondida, al mundo(el que tenia la cáscara de platano era el mejor), al elástico, y a los policias y ladrones (ya todos sabian a quien atrapar) a la vez, somos la primera que hemos jugado videojuegos como pimball (0.30 el rin), atari y super nintendo (0.30 el cuarto de hora), los primeros en ir a parques de diversiones o los primeros en ver dibujos animados en color.

– Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en casettes y los primeros en usar walkman y el chat. (MIRC)

Nubeluz– Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos, “Salvado por la Campana” y “Los años maravillosos” (te gustaron en su momento, velas ahora…). Lloramos con “Carrusel”, y nos moríamos si no llegábamos a ver “Nubeluz”.

– Somos los ultimos en teclear en maquinas de escribir y los primeros en enviar el currículum por Internet.

– Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico.

– Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos el tetris, Mario Bross, top gear, vimos los anuncios de los primeros celulares y creímos que Internet sería un mundo libre.

candy_sombrero– Somos la Generación de Nubeluz, Xuxa, G.i. Joe, los Thunder Cats, los Transformers, He-Man y las Tortugas Ninja, Looney Tonnes, Supercampeones, Los caballeros del zodiaco, de los pitufos, La Pantera Rosa , Los Picapiedras, el pájaro loco. Las niñas morian por ver Candy y sufrian por su Anthony.

– Los que crecieron escuchando a Queen, Soda, Madonna, Metalica, Kiss, Michael Jackson y Guns ´N Roses. También estaban las Azúcar Moreno, Magneto y los New Kids on the block.

– Nos emocionamos con Superman, ET, Mi amigo Mac, La Historia sin fin o En busca del Arca perdida.

– Nunca hablabamos malas palabras delante de personas mayores…¡¡¡te sacaban el ancho!!!


– Comíamos jugo en polvo y la leche ENCI era buenaza!!! hasta que aprendimos a mezclarla con Nesquik que era más rico aún.

– No teníamos psicologos para problemas de concentración y/o aprendizaje… sino aprendías.. te caía nomás!!!

La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!!  Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos:

– Viajábamos en autos sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h y no sufríamos el síndrome de la clase turista.

No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.

110_F_6180773_FZef5MDLuFxIJxu0hzewnKErIc5DhaZn– Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en punta. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces.

– No había celulares. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila o bolsón que rara vez tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y tomábamos bebidas, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.

– Compartimos botellas de bebidas y nadie se contagió de nada, excepto de los piojos del cole, cosa que se solucionaba lavándose la cabeza con ‘Quitoso’ o “Nopucid” o en el peor de los casos kerosene.

– No tuvimos PlayStation 4, ni 1000 canales de televisión, ni pantallas planas, sonido sunround, mp3s, ipods, computadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos de agua o papelitos con liga. Bebíamos agua directamente del caño, agua sin embotellar, Y nunca escuchamos sobre el calentamiento global.

– Cortejabamos jugando a la botella borracha o al verdad o castigo, no en un chat diciendo 🙂 xD =* ,”alguien sabe que mierda significa”? ni pretendíamos llamar la atención mediante un fotolog ni auto denominándonos pokemones ,EMOS, etc.


-Éramos responsables de nuestras acciones y acarreábamos con las consecuencias, no había nadie para resolver eso.
Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.

¿¿Tú eres uno de ellos?? ¡Felicidades! ya tas bien viejo..

Pero que rico añejar así!!! porque estas vivencias no se olvidan así nomás…

En fin… vivimos una de las mejores épocas… y que nos envidien por eso… jeje

NADIE TENDRÁ UNA JUVENTUD COMO LA NUESTRA…. COMO LA QUE AHORA TENEMOS.

Almuerzo patrio

El próximo 28 del mes el Perú cumplirá un año más de haber dejado de ser colonia española a tan sólo un grito libertario que daria José de San Martín -de eso serán 188 años-.

Lo mejor de estas fechas es que la mayoria de personas salimos de vacaciones, algunas por quince días y otras por un mes. Y así muchos nos podemos reencontrar con familiares que vemos poco o casi nada durante el periodo de trabajo o estuidios.

Todos los años, la empresa donde labora mi papá, organiza un almuerzo de confraternidad por motivo de celebrar un aniversario más de la compañía y, por festejo patrio. Este año no pudo asistir mi papá junto a mi mamá, y me tocó a mi ser el “reemplazo” y ser así el acompañante de mi madre a ese almuerzo.

Grupo musical "Candela" amenizó la reunión de aquel día

Grupo musical "Candela" amenizó la reunión de aquel día

La mañana se pasó volando, sin darme cuenta ya estaba próximo el mediodía y debía empezar a vestirme de acuerdo a la ocasión. Mi madre no se encontraba en casa, pues se había ido a la peluqueria para que le hagan un “retoque” -pero regresó con un cambio de imagen-. Aprovecho el tiempo de su ausencia para afeitarme y comer algo y evitar que mis intestinos empezaran a tocar cuan orquesta desafinada por no tener trabajo digestivo -además que aun no había desayunado-.

almurzo PetroTechTambién me dio tiempo de elegir el atuendo que llevaría: tomé una camisa rosa,un jean y unos zapatos mocasines que compré en mi último viaje a la frontera con el Ecuador.

Salimos de casa, el sol resplandecía e intentaba dar calor con sus invernales débiles rayos, corría una brisa fria y humeda… y echamos de menos al carro que tuvimos hasta hace algunos años. Si, se repitió uno de aquellos momentos en que nos solemos autopreguntar ¿por qué lo vendimos? Lo vendimos porque la ciudad en la que vivimos es demasiado pequeña y se puede ir a cualquier lugar andando.

Eran ya un poco más de las 13 horas, y la mayoría de choferes supongo se encontrarían almorzando en sus casas, es por eso que nos tocó esperar cerca de quince minutos a que llegase un auto y nos llevase hasta “Negritos” -distrito talareño, ubicado a veinte minutos de la ciudad, en donde se llevaría a cabo el almuerzo-. Fue un automóvil color blanco que se encargó de llevarnos a mi mamá y a mi.

El viaje se hizo nada y llegamos, el clima era distinto: el cielo llevaba un traje de fuerte color azul celeste, con un estampado escaso de nubes y como broche un sol más caluroso que el sol de Talara, el mismo que era arrullado por un insistente viento que terminó desarmando lo que sería la cubierta de los toldos.

Lugar de encuentro: Portón #4        Esta vez fue en el jardín, al cual lo habian vestido, en tonos blanco y rojo, con toldos árabes que habían sido victimas del viento que soplaba con gran fuerza en ese momento. Mesas alrededor de la pista de baile llevaban manteles blancos, sobre ellas un mediano tapete rojo y enmedio un agradable y vistoso arreglo floral. Las sillas, al igual que las mesas, estaban de blanco, algunas con un enorme lazo rojo y otras con llevaban lazo dorado que simulaba un cinturón. La atención inigualable, a cargo de chicos y chicas que, vestidos impecablemente, nos alcanzaban todo lo que quisiéramos comer o beber. Los invitados muy bien vestidos formaban una media luna frente a lo que sería el escenario que albergaría, primero, a un grupo criollo y después a la conocidisima orquesta “Candela” de Iquitos.

De entrada nos dieron a degustar un fresco platillo muy peruano llamado Ceviche, hecho a base de pez espada. Para brindar un Pisco Sour, el cual me lo tomé sin ni siquiera respirar jeje. Luego de un rato vino el plato de fondo, muy a mi pesar, fue arroz con pollo -por cierto sólo me comí el arroz-. Bebí gaseosa hasta decir basta, claro que también hubo cerveza, pero no bebí ni un sólo vaso… pues no me gusta.

En verdad pasé un rato bueno de cuatro horas. La orquesta no estuvo mal, la atención adecuada, la comida exquisita… pero mejor sería si el dinero que se gastaron en hacer toda esa ceremonia se lo hubieran dado a cada uno de los trabajadores que forman la gran familia de PT.

¡No es una comparación!

dos_hombresAyer dieciocho cumplieron años dos personas muy queridas por mi, ellos son Genius y Joseph. A los dos le felicité por igual, pues a ambos les envié una ciberpostal de felicitación. A Joseph le tengo algunas cosas por enviarle pero por falta de tiempo no he ido al centro de la ciudad; a Genius le tengo mi corazón pero parece no quererlo. A Joseph le agradó le felicitara y lo tuvo muy pendiente, para Genius sólo se acordó de su cumpleaños radio Cártias… en fin!