Los míos por qués

Muchas son las ocasiones en que me suelo preguntar por el por qué de una cosa, de una situación, de una idea mia y de por qué tienen que ser así las cosas. El día se hacía cada vez más claro -lo podía ver por un ladito de la ventana que la cortina del bus no alcanzó a cubrir- y en mi pasaba todo tipo de ideas, realmente estaba bastante triste porque el viaje había llegado a su fin y el tener que haber pasado por uno de los momentos que siempre “odio” pasar: las despedidas… ¿Por qué funcionan de esa manera las cosas?

Al igual como ocurrió por la tarde, que me quedé dormido sin darme cuenta, asi sucedió en el bus, que caí en los brazos de Morfeo, por efecto de la aspirina efervescente que Mr. Boss me pidió bebiese, sin percatarme del momento. La noche del trayecto de regreso a casa transcurrió entre sueños intermitentes, pero ésta vez los lapsus fueron más prolongados… ¿Por qué accedo a evadir el momento?

Ese día mi sobrinita cumplía dos años de vida. No me perdonaría a mi mismo mi ausencia, pues es un gran logro que la niña haya llegado a esa edad tan sana y cada vez más inteligente que nunca. Asi que ese fue uno de los motivos por el que no acepté, muy a pesar mio, la invitación de acompañarles hasta el siguiente puerto -a parte de que no deseaba yo ser quien despidiera, eso hubiera sido terrible  para mi-. El otro era que ya los había molestado mucho; en soportar mi especial manera de alimentarme -algo decidioso con la comida-, mis momentos de “niño” caprichoso -como mi reacción en Cajamarca- o el tener que “ayudarme” a pagar mis cuentas -algo tonto quizá de mi parte-… ¿Por qué  soy egoista y pienso sólo en mi?

El paisaje había cambiado ya y el calor seco del norte se hacía sentir a pesar del aire acondicionado que, según la terramoza, estaba puesto. Ya habia pasado Piura y Sullana y apenas una hora y media me separaba de mi ciudad de origen- En poco tiempo volvería a mi casa, volvería a mi matutina vida, volvería a la realidad… ¿Por qué es tan pesada la realidad?

El carro se detuvo ya. Había llegado a Talara. Estaba ya en casa.

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Inesperada realidad

Ds pronto me era un tanto dificultoso poder respirar libremente y sin congestión. No podía retener por el tiempo necesario una idea en mi pensamiento. Mi atención me jugaba una mala pasada y por partida doble me ganaba y hacía que yo quedase en ridiculo. Sentía un sabor bastante amargo por cada trago de saliva que yo hacía dentro de mi. Las lágrimas caían sin razón o motivo alguno para que éstas salieran. Mis ojos adoptaron un brillo casi destellante. Sentía un liviano airecillo frio en mi entonor. Y finalmente tenía un nudo en mi garganta que no me permitía soltar palabra alguna.

¿Es acaso un sueño este momento? La verdad es que no podía diferenciar qué cosa era real y que cosa era fantasía, no sabía siquiera dónde me encontraba.

El tiempo corría lentamente, las horas me eran eternas y yo me sentía como en las nubes. Mi hermana me hablaba y oía su voz muy lejos de mi y solo atinaba a responder en monosílabos.

Estaba viviendo yo una realidad inesperada… una realidad que sólo se vive cuando nuestros sentidos están atrofiados porque se está con gripe.

gripe

Circunstancias

Uno de los lugares en donde suelo encontrar paz -no sólo externa sino interna- es la Iglesia, independientemente del tamaño o si está vacía o repleta de personas -aunque normalmente acudo cuando esta casi sin nadie dentro-.

Y si alguna contradicción tengo en la vida es que suelo afirmar que soy agnóstico y, sin embargo, me acojo a Jehová cuando me siento desorientado o cuando me hace falta fuerzas para seguir adelante, pero no sólo cuando necesito de su ayuda Divina acudo a El sino también para agradecerle por todo lo bueno y lo malo que me pueda pasar.

Lo cierto es que el hombre requiere creer en alguien o en algo para no perder el norte de la brújula poco perfecta que es el vivir.  Y, lo usual, es que para muchos de nosotros sea Dios el ente más próximo para ser la base de nuestra propia vida. Y yo como humano -un humano raro, pero al fin y al cabo humano- no soy la excepción.

Asimismo, no me considero partidiario de alguna religión específica: ni evangelista, ni católico, ni protestante, ni testigo de Jehová, ni mormón, ni musulmán, ni ateo, etc. pues todas tienen la misma raíz, y esa raíz es Dios.

Un Dios que nadie ha visto, un Dios que aparenta estar ajeno a lo que ocurre a diario en todo el mundo, un Dios que pareciera no sentir pena cuando un niño muere de hambra… no es que sea El un Dios indiferente a lo que El creó por iniciativa propia, sino que al habernos hecho libres nos dio la posibilidad de que seamos nosotros mismos quienes decidamos cual será nuestro final.

“Augusto, es normal que tengamos dudas. En el mundo hay infinidad de cosas que no podemos explicar y por ende entender. Muchos de nosotros, con frecuencia, dudamos de la existencia de Dios porque no llegamos a entender o no estamos de acuerdo con las cosas que El permite o hace. Sin embargo, nosotros, como criaturas finitas, no debemos esperar que estemos capacitados para comprender a un Dios infinito” -me dijo un sacerdote amigo después de terminada la clase de Teología.

En tiempos antiguos se creía que la mejor educación se impartía en escuelas que estuviesen dirigidas por sacerdotes o religiosos, quizá mis padres aun tengan esa idea -es más ambos también estudiaron en uno de esos centros de estudios-. Para no “cortar” con la costumbre decidieron que mis hermanos y yo siguiéramos estudios primarios y secundarios en el único colegio parroquial que hay en la ciudad de Talara.

Es alli en dónde nos impartieron creencias y costumbres netamente católicas. Y no es que ahora critique tal decisión de mis padres, pues actualmente estudio en una Universidad muy ligada a la religión ¿a lo mejor y hasta he adoptado esa creencia de que son los curas quienes están lo mejor preparados para educar, tanto en ciencias como en letras, sin dejar de lado los valores y principios espirituales? La verdad que no pretendo encontrar una respuesta a esa interrogante, ya que creo que sin aquella educación la base que me inculcaron, de principios humanos, en casa hubiera sido fofa.

Con todo lo que he dicho antes sólo reafirmo la idea de que mi personalidad, así como también mi manera de pensar, tienen una base netamente religiosa; y no en vano ha pasado por mi cabeza la idea de ser sacerdote. Pero tal decisión sería un autoengaño porque por más que yo quisiera o intentáse no podría ir en contra de mi propia naturaleza de ser homosexual.

En fin! es aquella base la que provocó en mi un arrepentimiento súbito hace algunos días atrás y, actualmente un remordimiento de conciencia único en mi.

Pasó que yo había provocado un desfalco a mi billetera, me gasté un dinero destinado a mi alimentación durante el tiempo que estaría en la capital de la región. No tenía una mejor alternativa que conseguirme un “cliente” para ofrecerle mi compañia -es algo vergonzoso lo sé-. No es una de mis mejores decisiones pero asi fue que se me acercó un señor y me insinuaba a que me fuera con el a cambio de dinero. En un momento de idiotez crónica le acepto y me voy con el. Aunque no me crean, estando a solas con ese señor me sentía una basura humana, la peor escoria que pueda existir, así que me rehuso a continuar.

Tal decisión hizo que me ganara un fortísimo puñetazo en el estómago. Señores eso me pasa por meterme en un mundo que no es el mio, un mundo al que no pertenezco. Me lo gané a pulso, pero prefiero mil veces haber recibido ese golpe a haber soportado y sentido a ese tio dentro de mi.