Gamboa, resort y selva

QUINTO DÍA:  

Balcón

Ese viajecillo en el tiempo, tan repentino, se cortó cuando oí la voz de Mr. Boss.

  • -¿Piensas quedarte ahí? -Me preguntó.
  • -Yo creo que sí. -Le respondí.

Él no insistió con palabras, pero si con imágenes. 

  • -Mira, ellos tampoco saben nadar y ya ves como la pasan bien. -Agregó.
  • Si pues. -Dije escuetamente.

Me propuso hacerme unas fotos con la cámara de su Ipad. Accedí. Luego de unas indicaciones (que ponte allí, que más allá, que baja la mirada, entre otras) me retrató en la gran piscina del Gamboa. Luego, se fue a andar por el campo.

Después de un rato, quedábamos ya poca gente en la terraza, salgo y me acerco a Joseph. Él leía las noticias en su tableta. Decidimos regresar a la habitación. No recuerdo exactamente si Boss ya se encontraba allí o llegó luego. Me di un duchazo para quitarme el cloro de la alberca. Así se fue haciendo de noche.

Hora de la cena. Se decidió que pediríamos servicio a la habitación. Me encargué de hacerlo yo. No lo hice tal como me lo indicaron. Pedí un plato de adulto y otro para niño (por recomendación de mis dos compañeros de viaje y porque no suelo comer mucho). Cenamos en la mesita que estaba en el balcón. Terminamos y arreglamos las maletas antes de ir a la cama. Al otro día saldríamos ya para el interior del Panamá.

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Gamboa: Parque y Mi Pueblito

QUINTO / CUARTO DÍA:  

Piscina del Hotel Gamboa, Panamá

Antes, o quizá después del almuerzo, Joseph y yo dimos un paseo por las terrazas del hotel. Fue así que llegamos hasta la gran piscina y pude de esa manera leer el horario que se tiene para el uso de la misma. Ya había decidido que por la tarde pasaría a darme un chapuzón.

-Lo del chapuzón es un tanto exagerado, pues apenas me pasé el rato en uno de los extremos y muy pegado al suelo. Si, me estuve remojándome y de vez en cuando tratando de flotar con ayuda de unos pequeños cojines de goma que habían por ahí.

Luego del respectivo descanso Mr. Boss me pregunta si no iba a bajar a la alberca, pues sabe que me gusta, y la respuesta a la interrogante fue un rotundo si. Y como su intención era dormir sin compañía le pidió a Joseph que me haga compañía. Que yo podía estar ‘nadando’ y él (Joseph) leyendo.

Bajamos y buscamos un sitio disponible para sentarnos. No había mucho sol, ni tampoco muchas mesas desocupadas. Nos sentamos. Yo, de ver tanto turista junto me sentí intimidado, pero mi compañero me dio ánimos y de esa manera me levanté, me acerqué a la barra para pedir una toalla y luego de un rato me metí al agua.

Mientras estaba en la piscina recordaba nuestro cuarto día en Ciudad de Panamá. Recordé, pues, nuestra visita al Parque Metropolitano y a una especie de museo llamado Mi Pueblito. Para esos dos paseos no tuvimos que despertarnos muy temprano, aunque mis dos amigos son de aquellos que suelen despertar al gallo antes de que éste les despierte. Pues ya a primera hora de la mañana estaban alistándose para bajar a desayunar.

Parque Metropolitano, Ciudad de Panamá

El Parque Metropolitano es un sitio muy bueno para recorrer. Es una oportunidad de contrastar lo natural que tiene Panamá con la modernidad, pues en cierto punto del recorrido se puede ver los rascacielos de la capital panameña por detrás del verdor de la naturaleza. Llegamos a él en poco tiempo. El GPS nos guió bien. Paramos en una garita, preguntó Boss y nos indicaron que la entrada al parque estaba un poco antes. Retrocedió el carro y entramos a una especie de campamento campestre. Entramos a un local que en su interior había una pequeña sala y tres oficinas. Entramos a lo que era la tienda de souveniers. Mientras veía yo los productos que ofrecían mis dos compañeros de viaje adquirían el derecho a pase.

Después de esquivar a toda la gente que se encontraba en el umbral -personas que se habían dividido en dos grupos para hacer la excursión acompañados de un guía-, salimos y nos dirigimos al automóvil para tomar las cámaras y la botella de agua, además de otras cosillas que llevaba Joseph en su mochila. Me ofrecí para llevarla y con la negativa de Joseph la tomé y me la colgué. La caminata la hicimos sin guía y a nuestro “aire”. Empezamos con subir uno de los montes. El camino no estuvo tan mal, pero el cansancio (debido al calor) se hacía presente. A cada banca que divisaba me sentaba. Fue en este monte en donde se puede observar los grandes edificios capitalinos.

El descenso lo hicimos muy rápido. Ahora, era tiempo de empezar con el segundo recorrido. Tomamos un camino ‘rellenado’ con piedrecillas cercano a la carretera. Empezamos así la segunda subida. Fue aquí en donde yo ya no podía más con llevar la mochila. Joseph, muy observador él, se dio cuenta y me la pidió. El calor se acentuaba más y el sudor se hacía desesperante. Hicimos el recorrido muy bien. Llegamos a la cima del cerro desde donde se pueden observar las esclusas de la estación de Miraflores (Canal de Panamá). Finalmente, al terminar el camino, llegamos hasta la garita de control a la cual ya habíamos estado. Muy cerca había un baño. Entro. Salgo y me encuentro con una charla de sociedad y economía. Si no hubiera estado agotado quizá participaba más.

Moyobamba 1

A Moyobamba llegamos pasada las 13 horas, y es que demoramos un tanto en encontrar el hotel donde nos quedaríamos 3 días, si fueron tres los días que nos quedamos en aquel lugar por algo que más adelante contaré o quizá en otro post.

Previa parada al mediodía para almorzar un menú de 3 soles -sopa, milanesa de pollo o pescado frito y un jugo de maracuyá- bajamos del carro. La bienvenida me la dió personalmente un insecto que no llegué a conocer porque solo picó y desapareció.

Bajamos los equipajes, entramos a unas habitaciones que no eran las que había reservado Mr. Boss, pues tanto a ellos como a mi nos habían designado una habitación triple. Así que a los pocos minutos de instalarnos y a punto de desequipar la maleta tocan a mi puerta. Era Joseph para ver si me sentía cómodo o no.

De pronto suena nuevamente la puerta y era el botones para informarnos que se llevaría a cabo un cambio de habitaciones. Así que nos ubicaron esta vez en una doble para ellos y una simple, casi matrimonial para mi, pero con una puerta doble que separaba ambos cuartos.

Luego de acomodar toda la ropa en las cómodas salimos para el comedor del hotel. Yo, milanesa de pollo y un jugo de piña; Mr. Boss una cerveza , Doncella frita y papa a la huancaína; y Joseph, también papa a la huancaína, un zumo de naranja y pollo con ensalada.

Antes de empezar a comer, media hora de espera, nos tomamos unas fotografías sentados en el salón comedor. Los tres juntos, yo con Mr. Boss, yo con Joseph y los Guacamayos. Un buen momento para inmortalizar en una foto y, sobretodo, en nuestros recuerdos.

Reservados los Derechos de autor

Por la tarde de nuestra llegada y después de una siesta subimos a la camioneta y nos enrumbamos hacia el pueblo. Por el camino vimos un parque mirador, entramos y observamos parte del esplendor del río Mayo que baña la ribera oeste de Moyobamba.

Después de tomarnos algunas fotografías en aquel mirador Mr. Boss estacionó el carro a pocas cuadras de la plaza central y descendimos para caminar un poco. Sentarnos a charlar un rato en una de las bancas del parque fue bueno para conocernos aun mejor y ni qué decir de la compañia de Joseph, simplemente estupenda y Mr. Boss mas que entretenida.

Al caer la noche, entramos a un restaurante, “la olla de barro”, a dos cuadras del centro de la ciudad. Ellos “patarashca”y yo “arroz a la cubana”. Regresamos al hotel y me provocó meteerme un rato a la piscina, mientras que Joseph y Boss navegaban por la internet desde la portátil del segundo.