Ciudad de Panamá: Parques, avenidas y mar

PRIMER DÍA:

No recuerdo exactamente que fue lo que me despertó aquella primera mañana. Por un lado, mi ‘adaptación’ a una ciudad que era nueva para mí, por el otro, la pregunta que le hiciera Mr. Boss a Joseph: “¿Se va a despertar ya?”. En poco tiempo me encontré en la ducha, tratando de que el agua cayera con una temperatura agradable, nada, que perdí esa pequeña batalla, fue así que me duché con agua fresca (y es que con el calor que hacía por entonces en Ciudad de Panamá el ducharse con agua tibia realmente considero es un suicidio). Me vestí y salí del baño.

Creo que tardé más de lo debido, pues mis dos compañeros de habitación ya estaban esperándome para bajar a desayunar -No descubrí hasta ese momento que suelo demorar en ducharme- No atiné más que a sonreír y, claro, me apresuré en estar listo. Todavía éramos inconscientes del bochorno que nos esperaría a  poco tiempo.

Bajamos por el ascensor. No recuerdo si comentamos algo. Salimos y entramos al comedor del hotel. Mr. Boss se encargó en decidir la mesa. Uno a uno nos fuimos sentando.

  • -Buenos días -Nos dijo la mesera, una muchacha de edad madura, con lentes convencionales y con efecto ‘fotogray’, de piel clara y cabellos de un débil rubio que se hacía negro.
  • -Hola -Respondimos casi en coro.

Vaya, después del calor que había sentido al descender hasta el restaurante paso a sentir frío, pues nos habíamos ubicado frente a uno de los aparatos de aire acondicionado que había en el lugar. Pero que bien pude soportar y no morir casi congelado. Por mi parte fueron dos huevos duros (sancochados), dos tostadas, y ensalada de frutas; Mr. Boss huevos fritos, tocino, tostadas también ensalada de frutas; por su parte, Joseph, a quien le tocó esperar algo más por su desayuno, pidió pancakes, tostadas y ensalada de frutas. Los tres pedimos café con leche. desayunamos y subimos nuevamente al cuarto para recoger las cosas que necesitaríamos para dar el primer paseo en Ciudad de Panamá.

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Los míos por qués

Muchas son las ocasiones en que me suelo preguntar por el por qué de una cosa, de una situación, de una idea mia y de por qué tienen que ser así las cosas. El día se hacía cada vez más claro -lo podía ver por un ladito de la ventana que la cortina del bus no alcanzó a cubrir- y en mi pasaba todo tipo de ideas, realmente estaba bastante triste porque el viaje había llegado a su fin y el tener que haber pasado por uno de los momentos que siempre “odio” pasar: las despedidas… ¿Por qué funcionan de esa manera las cosas?

Al igual como ocurrió por la tarde, que me quedé dormido sin darme cuenta, asi sucedió en el bus, que caí en los brazos de Morfeo, por efecto de la aspirina efervescente que Mr. Boss me pidió bebiese, sin percatarme del momento. La noche del trayecto de regreso a casa transcurrió entre sueños intermitentes, pero ésta vez los lapsus fueron más prolongados… ¿Por qué accedo a evadir el momento?

Ese día mi sobrinita cumplía dos años de vida. No me perdonaría a mi mismo mi ausencia, pues es un gran logro que la niña haya llegado a esa edad tan sana y cada vez más inteligente que nunca. Asi que ese fue uno de los motivos por el que no acepté, muy a pesar mio, la invitación de acompañarles hasta el siguiente puerto -a parte de que no deseaba yo ser quien despidiera, eso hubiera sido terrible  para mi-. El otro era que ya los había molestado mucho; en soportar mi especial manera de alimentarme -algo decidioso con la comida-, mis momentos de “niño” caprichoso -como mi reacción en Cajamarca- o el tener que “ayudarme” a pagar mis cuentas -algo tonto quizá de mi parte-… ¿Por qué  soy egoista y pienso sólo en mi?

El paisaje había cambiado ya y el calor seco del norte se hacía sentir a pesar del aire acondicionado que, según la terramoza, estaba puesto. Ya habia pasado Piura y Sullana y apenas una hora y media me separaba de mi ciudad de origen- En poco tiempo volvería a mi casa, volvería a mi matutina vida, volvería a la realidad… ¿Por qué es tan pesada la realidad?

El carro se detuvo ya. Había llegado a Talara. Estaba ya en casa.

“Cafeta”

coffeeEs el reino de bullicio y carcajadas; aunque la finalidad de su contrucción haya sido tan sólo la de suministrar alimentos, es el lugar perfecto para despejarnos y cargarnos de energia para seguir estudiando. SOn muchos los caminos que conducen a ella, pero el más transitado es un camino corto y empedrado. La tarde cayó en la Universidad, y el tono naranja del sol se entremezcla con el verde de los mantos que cubre los jardines y que acoge a los viejos algarrobos, que rodean a la cafeta, la misma que pareciera un oasis en medio del campus universitario, ya que contrasta con los modernos edificios. Levantada a base de materiales rústicos, como cañas y madera. Presenta dos ambientes bien definidos: mesas y sillas de plástico blanco, la mitad del patio de comidas cubierto con un piso rojo, un árbol casi en medio del lugar, las paredes pintadas de blanco, un tubo cercano a la barra de atención intenta poner orden al momento en que los alumnos queremos comprar, entre otras cosas, dan vida y cobijo al alboroto de los estudiantes; desde pequeños ceniceros, pasando por los manteles de cuadros amarillos, hasta un servicio privilegiado de mozos forman parte de la zona para los profesores. Finalmente, existe un tercer ambiente que alberga una iluminada, ordenada y prolija cocina… Ya la tarde va mueriendo y con ella la vida de la cafetería.

Veinte de enero

escribiendo1Acabo de llegar hace media hora a Piura. En este momento estoy sentado sobre mi cama escribiendo en el cuaderno que utilicé el semestre anterior en la Universidad, ya que esta vez no he querido transportar mi computadora portátil he decidido traer sólo lo primordial para mi aseo personal, algunos trapos para vestir porque acá tengo algo más de ropa y el dinero que siempre guardo por si se me presenta alguna emergencia como la que estoy atravesando en estos días.

En fechas anteriores a la de hoy (veinte de enero) en mi casa se podía respirar un aire lleno de tensión entre mis familiares, realmente era un ambiente muy insoportable para mi, y es que no me gusta o me agrada poco que los únicos seres a los que quiero y con los que estoy compartiendo parte de mi vida se encuentren disgustados entre sí.

En la mañana de hoy día no quería despertar y menos levantarme de la cama, algo dentro en mi decía que aquel día no iba a ser demasiado grato para mi persona. Y por no acatar el mensaje que me transmitía mi intuición a manera de imágenes entrecortadas -quizá haya sido mi propia imaginación pero sucedió así- me vi inmerso en una discusión que me gané gratuitamente por intentar “arreglar” las cosas.

No estoy seguro si vale la pena el recordar y comentar lo que aconteció conmigo en aquella actitud de cólera mezclada con fastidio y asqueo que me invadió por la situación que estaba viviendo la semana pasada en el hogar que me ha acogido desde que involuntariamente llegué a este mundo.

Pasado el mediodía y aun nadie había almorzado en casa, estábamos esperando a que llegase mi hermano y su familia para empezar a comer. De pronto estalló un intercambio de palabras muy duras entre mi mamá y mi hermana ¿el motivo? Ni siquiera lo llegué a saber hasta el instante en que oí el nombre de mi “cuñadito” y supe que era él la causa de ese conflicto verbal entre ambas. Inevitablemente tenía que acudir para la cocina porque aun no me había provocado desayunar hasta ese momento de guerra, cuyas armas eran más que peligrosas.

La verdad que eso –del desayuno- fue sólo la excusa que tenía para poder acercarme hasta el ojo del huracán de voces, que a pasos de gigante se iba acercando al grado F5.

ira

Dependiendo del valor de complejidad que pueda tener el asunto, lo peor que puede ocurrir en casa es que mi madre se ponga de mal humor, pues cuando esto ocurre los resultados del “efecto dragón” serán aterradores. Y ha sido lo que se ha dado hoy martes veinte de enero.

Una vez más, y conscientemente, soy un damnificado de mis buenas intenciones y de mi debilidad sentimental. Por acudir al auxilio de Catalina que estaba siendo casi exterminada por el ataque sin tregua por parte de mi mamá, que si bien soy el menos indicado para juzgarla pienso que en gran parte no tenía razón o no la tiene al querer intervenir en la vida de mi hermana.

Aunque mi “cuñadito” no sea santo de mi devoción, y que la relación de el conmigo no es tan amigable como debiera serlo, resolví intervenir en la discusión entre ellas dos para “tratar” que mi mamá se diera cuenta que no estaba siendo del todo justa al no aceptar que el y mi hermana se casen. ¡Y qué trabajo más pesado! El lograr que mi madre asimile la idea de que el es la persona que Catalina ha elegido para compartir su vida y a quien ella le quiso dar un hijo –que ahora es mi sobrino- realmente es pesado.

Viene a mi el recuerdo de lo mucho que me costó el que mi mamá entienda y acepte la idea de que no todos sus hijos son “normales”. Que de sus cuatro hijos uno le salió “fallado” y que no desea ser reparado. Y ese hijo raro, u “oveja negra” como me suele denominar a veces, soy yo. Y para rematar a ese hijo le gustan las personas de su mismo sexo. ¡Señores esa decisión de confesarle demandó de mi mucha más fuerza de la que yo imaginaba!.

Debo reconocer que en aquel tiempo tuve el apoyo de Ed, quien era mi pareja. Ayuda que me sirvió de mucho, y que se transformó en un interés que sólo se da entre dos seres que en verdad se aman. Ese interés se expresaba en las llamadas telefónicas diarias que me hacía y en las que preguntaba cómo me estaba yendo o como me estaba sintiendo y la conversación que mantuvo con mis dos padres más adelante, que de alguna manera los “tranquilizó”. De ese modo logramos que me re-aceptarán como su hijo –bueno no sólo a mi, sino también a el-.

Volviendo al caso de mi hermana, ella tiene el respaldo de mi “cuñadito” pero eso no cuenta para nada, porque el ha perdido del todo la posibilidad de hablar si quiera por teléfono con alguno de mis dos padres ¡no quieren ni oír su voz! Por razones que luego les contaré en algún escrito próximo, tampoco cuenta con el apoyo de ninguno de mis hermanos, mucho menos el mío.

Pero bueno, hoy quise dejar de lado mi repelo hacia la persona de mi “cuñadito” e intervine. Aunque debo reconocer que lo hice más por el cariño que siento hacia Catalina y quiero que ella sea feliz, y también porque no me agrada ver que ella tenga el trabajo de criar sola a su hijo y, porque quiero que ya se vaya de casa y se lleve consigo al nene que, no es por exagerar, llora hasta porque lo miran –sé que esto último es algo egoísta de mi parte, pero es insoportable escuchar sus gritos y engreimientos llorosos-.

Como resultado de ese combate es que yo me encuentro ahora por acá. No he comido en todo el día porque las ganas de probar bocado se esfumaron después de aquel encuentro, pero eso no me interesa en este momento. Lo que si me interesa y preocupa es cómo la esté pasando mi hermana en casa.

Dejo de escribir ya porque quiero salir al centro de la ciudad para comprar algo que calme el león hambriento que llevo ahora dentro de mi y me está obligando a buscar comida con urgencia. Por otro lado, tengo que hacer algunas llamadas: una para asegurar mis alimentos en los días que estaré por aquí, y otra para saber como está el ambiente en casa.

S.O.S

No sé por qué diablos estoy melácolico en este momento, no sé siquiera el porqué me he atrevido ha escribir nuevamente mis penas, no sé por qué a menudo recibo portazos en mis narices,… ¡no sé nada de nada!

Hoy 11 ha sido un día donde me ha tocado ser, una vez más, naúfrago de mis sentimientos…