Gamboa: Parque y Mi Pueblito

CUARTO/QUINTO DÍA:

“Mi pueblito” – Ciudad de Panamá.

En el Gamboa solo estuvimos un día. Así que los tres saldríamos muy temprano en la mañana para nuestro siguiente destino. Las maletas ya estaban hechas, solo quedaba desayunar y realizar en Check out en la recepción del hotel.

El poco tiempo de vacaciones en Panamá con Joseph y Mr. Boss se había caracterizado, principalmente, por tener que despertar poco más de las seis de la mañana. Ello no se hizo tan pesado para mí, pues apenas llevaba poco más de tres meses que había dejado de levantarme a esa hora para acudir a la universidad.  

La noche anterior había dormido yo como en las nubes. Eso era fácil de “descubrir”, ya que no había dado tantas vueltas en la cama y porque ésta no presentaba las sábanas tan revueltas (estaba, pues, como si nadie hubiera dormido allí). El lecho era de medida King y a la altura perfecta para mi gusto. Lo mejor era que estaba muy pegada a la pared… Eso, ¡me encanta!

Después del desayuno, ya tenía dos vasitos yogures. Uno de piña y otro de fresa. En realidad hubiera tenido tres, sino hubiera sido porque uno de mis dos compañeros me repetía: “Que se va a dañar ese yogur”, “No pensarás llevártelo para Perú”, etc, etc.  Y, bueno, razón no le faltaba jeje.

Aún no pretendíamos salir rumbo para el próximo punto del itinerario. Salimos de la habitación para dar un paseo por los alrededores del Gamboa. Tomamos las cámaras fotográficas y empezamos con la caminata.

El primer lugar adonde llegamos fue un pequeño muelle, propiedad del hotel, desde donde parten las lanchas que hacen el recorrido por las aguas de un río. Paseo destinado para aquellas personas que gustan de ver aves. Nos hicimos algunas fotos. Pasamos por un local cerrado en donde lo más resaltante de la decoración era un cocodrilo. Anduvimos un poco más y llegamos hasta un conjunto de casas, de estilo de arquitectura norteamericano; de vivos colores; algunas ocupadas, otras parecían estar vacías; y cada cual más bonita que la otra. Finalmente, volvimos.

Ahora tocaba pagar la estadía y el consumo. Mientras Joseph y Boss se encargaban de ello, yo estaba sentado en el hall. Tardaron tanto que me dio tiempo de recordar nuestra visita a un centro para visitantes.

El sitio es conocido como Mi pueblito. Un proyecto que intenta enseñar cómo era la vida en la Panamá colonial, en la Panamá “yankie”, y en la Panamá oriunda. Personalmente me agrado conocerlo. La primera parada la hicimos en la Panamá colonial, muy bien representada en réplicas de los sitios más característicos de la ciudad de aquel entonces. Es así que se puede visitar la escuelita, el telégrafo, una casa, una capilla, entre otras. Cada cual con su decoración propia. No lleva mucho tiempo recorrer todo el área. Después pasamos a la Panamá “Yankie”, compuesta por casonas de dos niveles, con su decorado más fiel; casas en donde solían vivir los norteamericanos que llegaron al país para laborar en la construcción del Canal o por militares que trabajaban en la base que Estados Unidos tenía; aquí se puede encontrar una iglesia típica de evamgélicos. Por último, llegamos a la zona más sencilla y humilde; compuesta por chozas hechas de ramas y techos de palmas secas; con un fogón de leña y sin mucho por ver.

De mi recuerdo tuve que salir a la voz de llamado de Joseph. Nos dirigimos al cuarto para recoger las maletas y enrumbarnos para el pueblo que ya nos esperaba.

Gamboa: Parque y Mi Pueblito

QUINTO / CUARTO DÍA:  

Piscina del Hotel Gamboa, Panamá

Antes, o quizá después del almuerzo, Joseph y yo dimos un paseo por las terrazas del hotel. Fue así que llegamos hasta la gran piscina y pude de esa manera leer el horario que se tiene para el uso de la misma. Ya había decidido que por la tarde pasaría a darme un chapuzón.

-Lo del chapuzón es un tanto exagerado, pues apenas me pasé el rato en uno de los extremos y muy pegado al suelo. Si, me estuve remojándome y de vez en cuando tratando de flotar con ayuda de unos pequeños cojines de goma que habían por ahí.

Luego del respectivo descanso Mr. Boss me pregunta si no iba a bajar a la alberca, pues sabe que me gusta, y la respuesta a la interrogante fue un rotundo si. Y como su intención era dormir sin compañía le pidió a Joseph que me haga compañía. Que yo podía estar ‘nadando’ y él (Joseph) leyendo.

Bajamos y buscamos un sitio disponible para sentarnos. No había mucho sol, ni tampoco muchas mesas desocupadas. Nos sentamos. Yo, de ver tanto turista junto me sentí intimidado, pero mi compañero me dio ánimos y de esa manera me levanté, me acerqué a la barra para pedir una toalla y luego de un rato me metí al agua.

Mientras estaba en la piscina recordaba nuestro cuarto día en Ciudad de Panamá. Recordé, pues, nuestra visita al Parque Metropolitano y a una especie de museo llamado Mi Pueblito. Para esos dos paseos no tuvimos que despertarnos muy temprano, aunque mis dos amigos son de aquellos que suelen despertar al gallo antes de que éste les despierte. Pues ya a primera hora de la mañana estaban alistándose para bajar a desayunar.

Parque Metropolitano, Ciudad de Panamá

El Parque Metropolitano es un sitio muy bueno para recorrer. Es una oportunidad de contrastar lo natural que tiene Panamá con la modernidad, pues en cierto punto del recorrido se puede ver los rascacielos de la capital panameña por detrás del verdor de la naturaleza. Llegamos a él en poco tiempo. El GPS nos guió bien. Paramos en una garita, preguntó Boss y nos indicaron que la entrada al parque estaba un poco antes. Retrocedió el carro y entramos a una especie de campamento campestre. Entramos a un local que en su interior había una pequeña sala y tres oficinas. Entramos a lo que era la tienda de souveniers. Mientras veía yo los productos que ofrecían mis dos compañeros de viaje adquirían el derecho a pase.

Después de esquivar a toda la gente que se encontraba en el umbral -personas que se habían dividido en dos grupos para hacer la excursión acompañados de un guía-, salimos y nos dirigimos al automóvil para tomar las cámaras y la botella de agua, además de otras cosillas que llevaba Joseph en su mochila. Me ofrecí para llevarla y con la negativa de Joseph la tomé y me la colgué. La caminata la hicimos sin guía y a nuestro “aire”. Empezamos con subir uno de los montes. El camino no estuvo tan mal, pero el cansancio (debido al calor) se hacía presente. A cada banca que divisaba me sentaba. Fue en este monte en donde se puede observar los grandes edificios capitalinos.

El descenso lo hicimos muy rápido. Ahora, era tiempo de empezar con el segundo recorrido. Tomamos un camino ‘rellenado’ con piedrecillas cercano a la carretera. Empezamos así la segunda subida. Fue aquí en donde yo ya no podía más con llevar la mochila. Joseph, muy observador él, se dio cuenta y me la pidió. El calor se acentuaba más y el sudor se hacía desesperante. Hicimos el recorrido muy bien. Llegamos a la cima del cerro desde donde se pueden observar las esclusas de la estación de Miraflores (Canal de Panamá). Finalmente, al terminar el camino, llegamos hasta la garita de control a la cual ya habíamos estado. Muy cerca había un baño. Entro. Salgo y me encuentro con una charla de sociedad y economía. Si no hubiera estado agotado quizá participaba más.