¡Suegras!

Existen y he oido varias definiciones de lo que es una suegra, -la gran mayoría con poco aprecio- así mismo, se hacen muchos chistes referidos a la madre de la persona que llegamos a amar.

Mis suegrasYo llegué a tener dos suegras en mi vida -cada una en su tiempo-. A la primera, no tuve el gusto de conocerla en persona, es más su hijo nunca me hablaba de ella porque su relación no era nada buena, pero por lo menos se interesaban en saber el uno de la otra y viceversa. La otra, mamá de Eduardo, era una señora encantadora y aunque al principio hacía notar los celos de madre, llegamos a ser, ella buena suegra y yo creo haber sido un buen yerno, y así creamos lazos de amistad.

La mamá de Mauro era una de esas suegras preocupadas por su vida social, por su apariencia y por estar en cada evento organizado por los distintos medios que existen en el ámbito social peruano. Ella en ese entonces vivía en Venezuela, pero iba y venía de un país a otro como si pasará de la sala a la cocina. Tenía formada ya una nueva familia, a la que desde luego Mauro no llegaba a aceptar del todo.

La mamá de Ed era una de esas suegras precoupadas por su vida familiar, por su casa y por estar al pendiente de cada uno de sus hijos, y en especial de mi ex amor por ser único hijo hombre. Me la presentaron por teléfono, recuerdo fue una tarde en la que estaba charlando con el y de pronto se le ocurrio llamar a su casa y así realizó una llamada tripartita. De esa llamada hubieron muchas más y la gran mayoría realizadas desde aca -cuando Ed se encontraba en Perú… Solía decirme: “Augus, cuida a mi Ed… ya sabes que es un niño grande”.

Puedo decir que, de alguna maner, he tenido suerte con las suegras que me han tocado en las dos experiencias amorosas que me han tocado vivir. Aunque es dable reconocer que sólo tuve una sola experiencia con una suegra… la mamá de mi ex amor, Ed.

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La nostalgia de ayer

De un tiempo a este, escribo los post´s más tristes de mi vida. Les aseguro que no son los primeros y lo más probable es que no sean los últimos -porque: por más que yo intente y desee quedarme en casa -sitio en el que me siento mucho más seguro que cualquier otro sitio- para no ser presa de la desilusión, de lo pesado y todo lo que conlleva el vivir; es imposible el alejarme del todo de una realidad que está en un constante cambio, y de engaños, por culpa del practicismo y la “filosofía de lo descartable”.

Nunca pasó por mi mente el perder tantas ilusiones en mi vida, no sé si es más grande mi dolor que el de cualquier otra persona (por eso es que sólo escribo de mi sentir). No sé si fuí yo, pero igual pasó y en cuestión de segundos veía caer ilusión por ilusión. Probablemente todo se debe a que me siento solo internamente; me siento solo si, sin ilusión de vida lo más probable, pero con muchas ganas de ayudar a las personas y hacer siquiera que éstas sean felices -no importa si para ello debo renunciar a esa persona-.

Ocurrió con Mauro, cuando creía estar enamorado de el. La historia se repitió cuando se acabó mi relación con Ed -con la única diferencia de que con Ed pude “abrir” mi sentimiento y por vez primera me di cuenta que podía volar al lado de alguien que me entregara el mismo amor que yo le entregaba-. Estoy segurísimo que ya no extraño a Ed y, aunque no seamos amigos ni mantengamos comunicación ya, espero que se encuentre tan bien como le vi la última vez que estuvimos charlando.

No es fácil el reacosumbrarse a uno mismo. En mis ratos de pensar trato de encontrar la respuesta a mis miles de interrrogantes, y siempre llego a la misma conclusión: hay preguntas que no tienen respuestas.

No me considero loco, pero si en muchas ocasiones he sentido que no pertenezco a este mundo; quizá mi lugar esté en el de los perdedores o en el de los “raros”. Digo esto porque nunca han faltado las personas que me lo han dicho: “sabes eres raro”, “me das asco y quedarás solo como un perro”, “estas desperdiciando tu juventud…” -son las frases que recuerdo en este momento-.

En mi escrito anterior afirmo que me identifico con los pececillos de mi acuario (por el silencio expresivo que se puede dar). Sí, me quedo callado, pero no por cobardía; todo lo contrario por lo “valiente” que puedo llegar a ser cuando me doy cuenta que estoy “de mas” en una realidad que no es la mia, o cuando noto que no suelo ser interesante para alguien, o por el simple hecho de no querer fastidiar a nadie.

Me quedé callado y preferí no responder al último mensaje de Mauro, pues creía que así pondría fin al circulo vicioso que se había formado dentro de mi. Me quedé callado cuando Ed me decía que vendría por mi, pues yo creí que eso no se llevaría a cabo. Me quedé mudo con mi “nueva amistad” con Pedro, creí que despertaría celos en su pareja -y no me equivoqué- y ahora mi “amistad” con el sigue en el congelador de la memoria. Me estoy quedando callado con Genius, porque creo que con el no hay posibilidad alguna de llegar a algo y tal vez ni lleguemos a estar frente a frente. Me estoy callando con mi moribunda amistad con Joseph, porque creo que no sirve de nada que yo le cuente mis cosas sabiendo que para el la relación amical no es la misma y es necesario poner “control”.

Como les dije no me quedo callado por cobardia sino porque trato de ser prudente y lo más maduro que yo pueda actuar. Aunque para muchos individuos el ser asi no les agrade o les agrade poco. A veces pienso si los gustos también se han globalizado o si a las personas le gusta lo liberal y que han olvidado los sentimientos (muchas veces se vive por meros impulsos). Hay muchas cosas que se pueden globalizar, no estoy en contra de tal fenómeno… con tal de no “globalizarme” yo, y pasar de mano en mano y que mi cuerpo sea conocido por muchos… la verdad esa idea me asusta.

Todo esta melancolía quizá se aparte de mi, no lo sé… pero en este instante quiero dejar de escribir y apagar la portátil y echarme en el mueble de mis temores y anhelos… aquel mueble color marrón que tanto me ha acogido y hasta el momento lo seguirá haciendo.