Recuerdos que matan

De pronto, el silencio que caracterizaba aquella plazuela arequipeña fue roto por un estruendoso grito de mujer desesperada que con un enérgico “no” intentaba evitar que aquella silueta cayera en el inmenso vacío que llenaba el acantilado cercano. Minutos antes, las pocas parejas de enamorados que suelen alimnetar su amor con besos y caricias habían visto a un señor que, como perdido de la realidad, pasó raudamente. Ese hombre que alcanzaba el metro ochenta de estatura, de contextura gruesa, de cabellos entre canos y castaños, y que vestía una ropa de “señor de bien” era José Ignacio Lara; que de esa manera decidia poner fin a sus pasos perdidos de su ajetreada vida adolescente, y así desligarse de aquel pasado que ya lo había convertido en un muerto en vida.

Años atrás, el 1 de mayo de 1976, como de costumbre, Joaquín Macera -que padecía de un leve retardo mental y que laboraba como guardián de un fundo- se dirigía a su lugar de trabajo sin imaginarse lo que vería más adelante en su andar. Yacían en el suelo dos cadáveres, de un hombre y de una mujer. Aterrorizado, pero decidido, corrió a avisarle al capataz del fundo, de apellido Grisaldo, de lo que había encontrado cerca de la acequia. Ambos se dirigieron al dueño de la hacienda, Belisario Verau, quien decidió llamar a la Guardia Civil. El hombre no imaginaba que de esa manera empezaba la historia de un caso sin solución y que él se convertiría en el primer sospechoso de la policía.

***

Luego de un mes entero en que Flor de María Pereyra no habpia tenido clases en la Universidad regresa con su mamá de un viaje en el que habían visitado a algunos familiares que vivían fuera de Arequipa. En aquel viaje había conocido al hombre que le hiciera pasar gratos e inolvidables momentos, y del cual se había enamorado.

El galán que había logrado que Flor de María dejara su corazón en Puno se llamaba Fernán Arpasi, un muchacho fornido, de estatura media y de personalidad amiguera y jovial. Gustaba de inscribirse en distintas organizaciones estudiantiles tan sólo para conocer a más personas y aumentar su círculo de amigos. Era de Cuzco pero estudiaba en la ciudad de Puno -lugar donde conocería a Flor de María, quien había llegado de visita a esa ciudad serrana-. De clase social media, de la cual se sentía poco a gusto de pertenecer, era dueño de una disconformidad que lo inclinaría a entrar al mundo de la droga, en donde ganaría el dinero que le permitiría vivir como siempre anheló.

Ese negocio al que se dedicaba Fernán Arpasi lo llevó a conocer a la generación de jóvenes adolescentes de las familias más pudientes de la ciudad de Arequipa cuando enamorado siguió a Flor de María. El interés que tenía hacia ella provocaba en él la pérdida del miedo hacia el padre de la muchacha, Manuel Pereyra, un señor que estaba retirado de la policía y que trataba a sus hijos con ese caracter firme y rígido que le había dejado el pertenecer a esa institución treinta años de su vida. La madre de Flor era todo lo contrario. Y la hermana estaba sumamente dedicada a sus estudios y a acabar su carrera para trabajar y ayudar con los gastos de la casa.

Arpasi se hizo novio de Flor de María. Por tal motivo debía viajar constantemente. El ir y venir de Puno a Arequipa, le facilitaba trasladar la mercadería ilegal que vendía a los “jailosos”. Por aquellos días Fernán se convertía en un panal de miel que atraía como abejas a aquellos chiquillos adictos a la droga. Uno de sus clientes habituales era Jara…

 

CONTINUARÁ…

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A una semana

Cualquiera de ustedes podría pensar que a mi me cuesta comunicarme, pero eso es tan falso como la existencia de un elefante rosado -se los digo yo, que soy quien más sabe de mi-.

Son dos cosas muy distintas el no querer decir las cosas a no poder comunicarse con los demás.

hermanaPor cuestiones de mi vida he aprendido a no contar nada referente a mi, a menos que la otra persona me inspire confianza y no sólo eso, me debe demostrar que es merecedor o merecedora de que yo me abra ante el o ella. Pero eso no tiene relación alguna con el no poder comunicarme con los demás. Es más conosco a muchas personas -a los que no considero amigos, pues ya saben que no creo en la amistad- con las cuales puedo pasar un momento charlando de cualquier tema interesante o simplemente matando el rato.

Aunque ya no hablamos tanto como antes, mi hermana es una de las pocas personas que merece confie yo en ella. Es ella quien ha estado al pendiente mio, siempre viendo que hacia y que dejaba de hacer para ir a decirle a mi mamá jeje -como toda hermana diria yo-.

Ella es mayor que mi por tan sólo un año -mi mamá dice que cuando éramos pequeños las personas le preguntaban si éramos o no mellizos- pero es cómo si no tuviéramos diferencia alguna en el tiempo. Recuerdo que la primera vez que nos separamos fue cuando ella empezó a asistir a la escuela y yo por ser menor aun me quedaba en casa a esperar que las horas de la mañana pasaran sin sentirlas y para ello me ponía a jugar con mi monita blanca de peluche -que llegó a sustituir al “topo Gigio” que dejé olvidado en el hotel de unas vacaciones que hice con mis padres-. Tmabién recuerdo que como no podía yo mencionar su nombre claramente le solía llamar “nena”, y es que ella ha sido, es y será siempre mi nena.

Para cuando empecé yo a ir al colegio mi hermana ya era super experimentada en cuestiones educativas, y yo apenas me acostumbraba a estar lejos de casa (en otra oportunidad les contaré como fue mi primer día de escuela, sólo les adelanto que no dejé de llorar hasta después de un rato). Pero ella era quien me dió fuerzas, de una manera muy infantil pero muy bondadosa de su parte. A la hora del recreo siempre estaba yo en su busqueda y cuando la encontraba con la mirada no quería despegarme de ella.

Contaré por primera vez que ella y yo siempre nos poniamos de acuerdo para salirnos del colegio, a veces ella era y a veces era yo quien se enfermeba en pleno horario de clases, se acercaba a la profesora y ésta llevaba al enfermo repentino a la dirección, ya alli nos daban permiso para irnos a la casa. Bueno, ella era y es aun bastante despistada para encontrar una dirección, entonces yo era el encargado de guiar al conserje hacia nuestra casa. Ya alli se pasaba sorpresivamente el malestar y nos poníamos a jugar como que nunca pasó nada.

El tiempo ha pasado. Ambos somos ya adultos. Ella terminó su carrera universitaria, Ella ahora es madre de un niño muy llorón pero lindo y gracioso. Ella en pocos días se separará de la familia para irse a vivir a otra región con quien será su esposo -que es el padre de mi sobrino-.

campanas_topEn una semana se casará y con ello dejará atrás lo que hemos vivido y empezará a hacer su propia historia como madre de familia. Yo estoy super feliz porque ella siempre ha querido casarse y en poco tiempo hará su sueño realidad, sólo espero le vaya bien y le deseo todo lo mejor del mundo.

Le quiero mucho a ella, he aprendido a querer a mi sobrinito; pero a mi cuñado dudo que lo llegue a apreciar siquiera, pero eso es otra historia; y si fue el a quien mi hermana a escogido para compartir parte de su vida, pues ni modo.

A los talareños

Talara – Granada – Andalucía – España.

ESCRITO UN 8 DE SEPTIEMBRE.


locationvalle_de_lecrinTalareños. Ya arrecia el frio. Ya la rinconada está cubierta de nieve. El viento de la sierra derriba con fuerza las hojas de los árboles y hace que las pellizas y los abrigos salgan de los armarios. Las naranjas colorean y el aire se enriquece con un apacible olor a chimenea y pestiños. Y lo más importante de todo, Isauro, mi amigo Isauro, empieza a dar vueltas por las calles de Talará. Todo esto anuncia algo maravilloso: ¡¡COMIENZAN LAS FIESTAS DE TALARA!! Fiestas que yo hoy tengo el honor de pregonar y que el que debería hacerlo por méritos propios es Isauro, el talareño más talareño que conozco.

Si algo caracteriza las fiestas de este nuestro pueblo es el frío. Ese frío intenso que se cuela por las orejas cuando todos los talareños y amigos de otros pueblos vamos por la noche en procesión detrás de nuestra Inmaculada y nuestro Santo Cristo del Zapato. Eso pasa porque Talará es un pueblo castizo. Fiel a sus orígenes y a sus tradiciones. Mientras otros muchos pueblos cambiaron sus fiestas al verano nosotros seguimos aquí en invierno, porque el día ocho de diciembre es el día de nuestra fiesta. El día de la Purísima y según cuentan los mayores del lugar, La Purísima quiso que continuaran en estas gélidas fechas porque una vez las cambiaron al verano y hay quien asegura que nevó. Por eso el día ocho de diciembre es el día más grande de Talará. Porque Talará es grande, muy grande, aunque cuando yo era chico sólo tuviera dos calles. Estaba la carretera y la otra calle. Calle la mitad de larga que la carretera a la que a la pobre nadie llamaba por su nombre: Calle Puentezuelas. Nunca me pregunté por qué todos la llamábamos la otra calle, hasta que con los años descubrí que en mi pueblo sólo había dos calles, porque las otras: calles de chite y Mondujar casi no eran calles por lo pequeñas que eran. Y los barrios de las Eras y de la Cañota, estaban lejos, bastante lejos. Eso era Talará, la Carretera y La otra calle. Calle que debería reivindicar su nombre popular como nombre oficial.


Tengo que confesar que a mí siempre me preocupó el origen de este nombre. Talará sonaba raro. Un poco a cachondeo. Un día cayó en mis manos el libro de D. Luis de Mármol Carvajal, Rebelión y castigo de los moriscos. Libro difícil de leer donde los haya. En el libro, este señor, cuenta en primera persona, porque participó en ella, la guerra de 1568 en la que los moriscos de la Alpujarra y del Valle de Lecrín se sublevaron por los reiterados incumplimientos de las capitulaciones por parte de los reyes de España. En este libro se describe con profundo detalle los lugares de los distintos escenarios de la guerra. Cual no fue mi sorpresa cuando en el capítulo XXXI pasa a describir el valle de Lecrín. Hace más de cuatrocientos años ya existían los mismos pueblos que hoy y con sus mismos nombres. Sólo uno había cambiado el nombre. Harat Halarabat. Para los cristianos que llegamos a estas tierras debía ser difícil pronunciarlo y lo hicimos más sencillo: TALARA.


talaraEstoy orgulloso de este pueblo y de este nombre. Hace tiempo, buscando cosas en internet, descubrí, ¡OOh sorpresa! Que hay una provincia en Perú con nuestro mismo nombre. La provincia de Talará. Provincia extensa y rica en petróleo, con playas al Pacífico, pero desconocedora de sus raíces. Hay que decirles a estos peruanos, porque creo que no lo saben, que el nombre de su provincia y de su ciudad significa Barrio Arabe. Y no sólo existe esta región con este nombre, existe también la ermita de Castilleja de Talhará. Bien es cierto que con h intercalada, pero Talará al fin y al cabo. Esta ermita es un monumento religioso fechada en el siglo XIV, que se encuentra en la localidad de Benacazón en la provincia de Sevilla, situada en el despoblado Castilleja de Talhara.

Como vemos nuestro nombre es importante. Un nombre que alguien con mucho orgullo llevó al otro lado del Atlántico para instaurarlo en tierras americanas y una ciudad, Talará del Perú, que cuenta como una de sus más importantes parroquias la de la Purísima. ¿Será casualidad?
Esta Purísima y este Santo Cristo del Zapato tan propios nuestros y tan queridos por los Talareños.


Pero no sólo los talareños queremos a la Purísima, también la Purísima quiere a los talareños y que a mí me conste más de un milagro ha obrado en su ayuda. Yo viví uno de esos milagros. Siendo yo un crío, muy crío, asistía como monaguillo al cura párroco de aquel tiempo, creo que se llamaba D. Antonio. Por entonces los fuegos artificiales se tiraban en la plaza. La virgen en la plaza, el cura y los monaguillos delante (yo incluso con el calderillo del agua bendita y vestido con mi sotana) los fuegos subiendo al cielo y la plaza a reventar de gente. En esto que un camión sin frenos aparece lanzado por la curva del ventorrillo Garví. El conductor al percibir que no había por donde pasar en la plaza se arrimó al lado derecho de la carretera empotrando el camión contra las casas y lo que podía haber sido una matanza, de este monaguillo incluido, sólo terminó en un susto. Aquel día todos pensamos que la virgen nos había librado y todos sin excepción dimos gracias a la Purísima.

La verdad es que aquellos eran otros tiempos. Tiempos tranquilos. Tiempos pobres, pero apacibles. El mundo iba más despacio. Apenas había coches y los que había iban muy lentos. No hace mucho mi cuñada Mari me leía una carta que le escribí desde Francia en la que le decía: me he subido en un coche que corre más de 120Km. Talará era Tranquila, como los tiempos. En aquella época la escuela estaba donde hoy tenemos el ayuntamiento y los niños jugábamos al futbol en la carretera, la única que había. Si se le ocurría aparecer a algún coche alguien gritaba: ¡que viene un coche!, retirábamos las piedras que servían de portería, el coche pasaba y nosotros seguíamos jugando. Recuerdo los personajes entrañables de entonces. Estaban allí. El tío de los helados, al que yo siempre pedía dos de dos reales hasta que me demostró, diciéndome tonto, que su contenido era menos que uno de peseta. El hombre de los garbanzos tostados, del que yo siempre pensaba que estaba mal de la cabeza, porque le dabas un tazón de garbanzos crudos y él te daba uno de tostados. No lo entendía. El de las tortas y bollos que traía unas cuñas de chocolate fantásticas y que nunca más he vuelto a probar tan buenas. Eran personajes del paisaje, pero luego estaban los personajes del pueblo. Personajes de toda la vida. Los primeros maestros que conocí: D. Jesús y Dª Aurora con los que muchos aprendimos los primeros números y las primeras letras. Personas queridas y que los días de la primera comunión preparaban las escuelas (había dos: la de los niños y la de las niñas) como nadie para que los niños vestidos de blanco como el armiño, pudieran celebrar su comunión comiendo un chocolate con bollos de aceite. Recordad como terminaba el traje después de esa chocolatada. Recuerdo a D. Enrique, el boticario, al que cuando llegó la televisión, todas las noches se le metía en el salón de su casa un zalabal de críos. ¡Qué paciencia tuvo, Dios mío!. Recuerdo a Pepe Sanchez, sobre todo por su nombre. ¿Quién no aprendió a nadar en la alberca de Pepe Sanchez?. Recuerdo a Pepico el del cine, que el hombre, cuando ya la película llevaba un rato, nos dejaba pasar a todos los críos que esperábamos en la puerta.
Eran tiempos pobres, pero precisamente por esa pobreza la fiesta se vivía con una gran intensidad. Las fiestas, cuando se podía, se preparaban con esmero. Se hacían las magdalenas, los pestiños y los roscos. Y el mejor gallo del corral tenía las horas contadas. Aunque no siempre se podía. Como cuenta mi tío Miguel algún año se tuvieron que suspender las fiestas y cuando los parientes, que vivían en la ciudad, llegaron para celebrar la fiesta, el abuelo les espetó: Donde vais, si no hay función. ¿Venís a comeros la inclusa santa y a echar al viejo de la cama? Afortunadamente los tiempos han cambiado. Nos hemos hecho ricos y la necesidad ya no obliga. Han cambiado muchas cosas, pero hay una que permanece y que es típica de estas tierras. Las fiestas no son cosa del Ayuntamiento. Las fiestas las prepara el pueblo. Son los mayordomos, agrupados por barrios, los que con su entrega y dedicación hacen posible año tras año que estas fiestas se celebren. Hubo un tiempo en que las fiestas estuvieron a punto de desaparecer. No había candidatos a mayordomos. Entonces, D. José, el párroco de Talará, decidió que cada año fuera un barrio distinto el que preparara las fiestas. Decisión acertada. Dicen que la competencia estimula el quehacer bien hecho y eso pasó con las fiestas. Cada barrio y cada calle competía con la del año anterior para ver quien lo hacía mejor. De esta forma, esta institución de los mayordomos funciona a la perfección.
Gracias mayordomos por vuestra entrega y dedicación. A los de este año y a los de todos los años. Entre todos hacéis posible que estas fiestas tan queridas continúen. Gracias por vuestra imaginación para conseguir el dinero que hace falta. Gracias por las horas que dedicáis a pedir. A preparar las rifas. A la venta de lotería. Gracias por esas chuletadas y esas gigantes paellas. Gracias por las cucañas y por las carreras de cintas. Gracias por las mayorettes, tan muertas de frío siempre. Por la música que nos despierta con sus pasos dobles y sus marchas matutinas. Gracias por la cantidad de cohetes que estallan en el cielo de Talará. Gracias mayordomos.
Y gracias a vosotros, mayordomos de este año, por pensar en mí para pregonar estas fiestas. Sin duda os digo, que ha sido una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida. Porque la más grande que he tenido es ser hijo de quien soy: Paco y Amalia. Las personas que más quiero junto con mis hijos.


Autoridades, mayordomos, TALAREÑOS: a disfrutad de las fiestas.
Viva La purísima.


http://www.mispueblos.es/andalucia/granada/talara/noticias/

Aztequismos en el dejo piurano

Debo decir que este escrito no es de mi autoría, sino de un profesor de la Universidad de Piura: Carlos Arrizabalaga.

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(..)

Pero estos fríos recuentos podrían ser matizados en algunas hablas regionales como el español norperuano, donde la presencia de aztequismos es mucho más numerosa que en otros dialectos sudamericanos. De hecho en Piura se conocen algunos aztequismos que suelen tomarse, en general, como exclusivos de la región mexicana.

En nuestro estudio del dejo piurano, pusimos de relieve que Juan Alvarado Chuyes tenía una teoría que merecía un comentario más extenso: “Esa entonación cantarina que nos identifica al hablar, dice Alvarado, nos vino a los piuranos desde el mero México. Y así es como tenemos un dejo peculiar en el país. El mismo que, lejos de la patria, hace que se nos confunda con los propios mexicanos.”[8] La razón que esgrime Alvarado es que la primera población de Piura se vio muy aumentada con los españoles, indios guatemaltecos y mexicanos así como buen número de esclavos negros que acompañaron a Pedro de Alvarado en su aventura sudamericana, hipótesis que supone que “nos quedó con ellos el dejo”. Sin embargo, habría que sopesar qué tan relevante pudo ser esa presencia, pues el propio Cieza de León relata que los pobres mejicanos fallecían irremisiblemente víctimas de diversas enfermedades y se lamentaba de que “los habían traído de sus tierras y natural a morir tan miserablemente”.[9]

No estoy seguro de que los piuranos pudieran ser verdaderamente confundidos con “los propios mejicanos”, pero no hay duda de que hay demasiadas coincidencias en el modo de hablar, y es más que evidente la estrecha relación económica y cultural que tuvo toda la región, a través del puerto de Paita, con la costa suroccidental de México, y especialmente con el puerto de Acapulco, como ya observara Martha Hildebrandt. Desde Paita se brindaba, señala Jorge Pável Elías,[10] cargas de maíz y trigo, pescado seco y salado, así como algarrobas y otros mantenimientos para los barcos que iban o venían del Callao. Desde 1560 exportaba azúcar a otros puertos del virreinato, y desde 1702 se beneficiaba el copé o brea para calafatear los barcos y para las botijas de aguardiente de Pisco. Según Lohmann, 150,000 botijas de aguardiente salían cada año del puerto de Paita, destino Callao, desde donde se exportaba a México como a Valparaíso. También se sacaba de otros puertos, en menor cantidad, por lo que no es extraño que “pisco” (‘pájaro’, en quechua), sea hoy el nombre propio por el que se conoce mundialmente. Por Paita también entraban esclavos de Panamá. De Campeche se traía cera, miel de abejas, bálsamo de Michoacán y cañafístola, señala Guillermo Lohmann Villena.[11] México era también la ruta obligada por la que se extendía el floreciente comercio que unía Lima con las islas Filipinas, con un flujo continuo de oro y plata, telas y porcelana. El pirata Jorge Anson, luego de ser rechazado en el Callao, asoló el puerto de Paita, la noche del 14 de noviembre de 1741. Luego de tres días se llevó consigo un importante botín, y un barco llamado Soledad que transportaba caudales a México.

De hecho, en Piura no solamente hay “capulíes”, “galpones” y “magueyes”, sino también “zapotes” (el “chicle” era originalmente de la resina de estos árboles) y “tabancos”, “tunas”, “nopal”, “jícaras” y “achiote” en cantidad y todas esas son palabras mexicanas radicadas en estas costas, junto con un árbol llamado “huachapelí” cuyo nombre no parece ser otro del “guachipilín” centroamericano. En el campo de Piura, al “guarapo” (voz de probable origen africano) se le dice también “jugo de México” y a ciertas “pencas” del ágave o maguey se les puede decir, simplemente “méjicos”.[12] Además de “petates”, existen “petateros”, que son los que los hacen y los venden. También hay en Piura “miel de México”, que en realidad es el jugo sin fermentar de una penca parecida a la cabuya. Cayó en desuso, pero era usual el aztequismo tianguis o tiangues que designaba al mercado también en Ecuador. Probablemente sean también aztecas “chinguirito” y “chancaca”.[13] Los lugares oscuros y solitarios son sitios “sólidos” aquí como en México y Ecuador. Una de las danzas tradicionales de Piura es la de Montezuma. Las coincidencias son demasiado asombrosas.[14]

Aún más, las podemos encontrar en la pronunciación y en la gramática. En Piura y en México se pierde la palatal en palabras como gaína, cuchío, servieta, mantequía, en lugar de gallina, cuchillo, servilleta, mantequilla, etc. Y también en Piura se da el uso de la preposición hasta sin valor de límite: “la clase es hasta las cuatro” quiere decir, aquí como en México, que la clase es “a las cuatro”.[15] También se da el uso de mero como indefinido (equivalente al intensivo mismo), y así se dice con orgullo que uno ha nacido en “el mero Piura”.[16] Ambos fenómenos responden, en conjunto, a un deseo de acentuar la expresividad del discurso, que distingue normalmente a las hablas populares respecto al comedimiento general de la norma culta.

Me dicen que en México también es conocida la expresión “estar en la luna de Paita”, aunque muchos allá no saben que esta ciudad se encuentra en Perú. Viceversa, no parece casual, entonces, que una de las más antiguas cofradías piuranas decidiera acogerse a la advocación de la Santa Veracruz. Y en Colán se siguen haciendo representaciones de moros y cristianos en la fiesta de Santiago (cada 25 de julio), similares a las que relata Bernal Díaz del Castillo, festejos que se hicieron en 1526 en las costas de México, en honor a Hernán Cortés, que regresaba a la ciudad de México luego de una expedición de dos años a Honduras.

piura region

NOTAS:

[8] Juan Alvarado Chuyes “El mero dejo”, en Temas piuranísimos, vol. II. Piura, Universidad Nacional de Piura, 1990, págs. 31-33.
[9] Pedro Cieza de León, Crónica del Perú. Edición de Guilermo Lohmann Villena, Lima, Pontificia Unversidad Católica del Perú, 1984, pág. 203.
[10] Jorge Pável Elías Lequernaqué, “El corregimiento de Piura en tiempos de la casa de Austria”, en José Antonio del Busto (dir), Historia de Piura. Piura, Universidad de Piura, 2003, págs. 211-267.
[11] Ver Historia marítima del Perú. Siglos XVII y XVIII. Lima, Instituto de Estudios Histórico Marítimos del Perú, 1986, p. 218.
[12] Miguel Justino Ramírez usa el término en un relato: “Por el camino que se escondía entre las hierbas y matorrales, bordeabas por tunas, méjicos y lalos y de chopos cubiertos de moradilla, bajaba al río”, y anota a pie de página que así “llaman siempre al ágave”, en Cuentos de don Miguel, Lima, Talleres Sesator, 1963, p. 241. Agradezco a la profesora Nelly Trelles por facilitarme este dato.
[13] Mientras que en el norte del Perú se dice chinguirito a una comida hecha a base de pescado salado y seco, en Cuba y México se llama así a un aguardiente de calidad inferior, según consigna Morínigo en su Diccionario manual de americanismos, (Buenos Aires, Muchnik, 1966, p.190).
[14] Guillermo Burneo Cardó pensaba que la lengua de Sechura o lengua sec procedía de Centroamérica y lo deducía porque de esa lengua “conservamos todavía algunos vocablos”, pero no menciona ninguno. Ver sus Etimologías, tradiciones y cuentos de Sullana, Piura, 1971, p. 22.
[15] Este uso intensivo de hasta se da también en Centroamérica y en Colombia. Fue señalado en México, Colombia y en Centroamérica ya por el propio Cuervo, quien consideraba que tal extensión de hasta intensivo salía por pura coincidencia sin que fuera recibida “el uno del otro ni haberlo recibido de España” (ver El castellano en América, pp. 76 y 183). Luego estudiado por Charles S. Kany, en “American-Spanish ‘hasta’ without ‘no’”, Hispania, 27, 1944, 155-159; y por Lope Blanch (1990). En Piura fue detectado, gracias a las encuestas realizadas en los años noventa por Rocío Caravedo (ver “El Atlas Lingüístico Hispanoamericano en el Perú: Observaciones preliminares” en Lingüística Española Actual, Madrid, 1992, 14, pp. 287-299).
[16] No todos los usos mexicanos de mero se encuentran en el norte del Perú, puesto que aparece como equivalente a mismo pero no en lugar de casi. Este valor tiene gran vitalidad en México, Centroamérica y Colombia y proviene del español clásico. Ver Charles S. Kany, Sintaxis hispanoamericana, Madrid, Gredos, 1976, pp. 57 y 58. Kany cita varios ejemplos de La serpiente de oro de Ciro Alegría, lo que indica que la zona del alto Amazonas también presenta este mero intensivo. Lo ha señalado Alberto Escobar en La serpiente de oro o el río de la vida, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Editorial Lumen, 1993, p. 173.

EL ENCUENTRO DE DOS AMANTES

Escrita un 26 de abril de 2008.

Dos amantes
Dos amantes

PRIMER AMANTE:

Reciba el nombre que se le quiera dar; lo que ofrece es beneficio puro de vida, el más sincero sentimiento que se pueda recibir de un extraño conocido. Todo eso a cambio de un muy pesado esfuerzo por parte de quien quiera conquistarlo.

El no es muy atractivo y quizá por ello es despreciado por la gran mayoría; pero una vez que se ha logrado conquistar es muy difícil dejarlo -ya que seduce y endulza de tal forma que llega a enamorar hasta el más incrédulo.

Sólo aquel que ha logrado conquistarlo puede dar testimonio de todo lo que se gana estando de su lado.

Las ganas de leer que es asesorada por la razón, es haber caido en el vicio de querer saberlo todo -aunque esto jamás se logre-… conduce hacia el, hacia el ÉXITO.

SEGUNDO AMANTE:

¿Quien no ha sedido ante los encantos de su personalidad no perceptible ni tangible que irradia su sinuosa presencia?  dando respuesta a esta interrogante expreso un rotundo nadie -no dando lugar a recriminación alguna por parte de un ocasional lector- y es que nadie podría afirmar que si lo ha logrado, pues seria un héroe mundial.

Ella conquista con tan sólo un guiño de sus grandes ojos verdosos y un cruce de piernas muy atrevido. Por estas dos razones, y por muchas otras ha hecho que tanto hombres como mujeres caigan rendidos en su regazo.

Es la reyna de la seducción, y es que fiel a su naturaleza y esencia siempre está alli, pendiente y muy paciente, para esperar el momento adecuado y salir a escena a derretir hasta al más sólido pedazo de mantequilla… ella es la falta de ganas de querer salir adelante.