La serie rosa quedó en nada

¿Quién no recuerda esa teleserie pornográfica titulada “La serie rosa”? Que de rosa no tenía nada, casi siempre en primeros planos, cuadros reducidos a fingidos gemidos, posiciones clásicas y una que otra acrobática, con imágenes en blanco y negro para darle una tonalidad clásica virreynal pero que en realidad se tornaba roja por la pasión que se podía respirar en  cada escena minuciosamente realizada.

Sinceramente yo nunca pude ver un capítulo, porque cuando la trasmitieron en Perú yo aún era un niño y ver esa clase de producciones alteraría, según mi mamá, mi mente. Así que no pasaba de oir los comentarios de mis compañeritos de clase que se jactaban de ser especialistas en series de corte pornográfico.

Tampoco era que me intereara o despertara mi interés por verla. Tenía asuntos mucho mejores que pasarme el rato haciendo nada hasta que llegara la una de la madrugada -horario que la solían transmitir-. Debía dormir para asistir temprano a clases.

Sé que tengo una memoria envidiable, que falla de cuando en vez pero no deja de impresionarme con el tiempo. Es por ello que recuerdo que hace un año más o menos me puse a charlar con mi amiga Analí de las fantasías sexuales o experiencias que ambos teníamos en el sexo.

Muy pocas veces me he abierto en el tema de sexo, pero esa vez descubrí que era dueño también de una fructífera imaginación. Es así que en cuestión de segundos le empecé a contar una supuesta fantasía que tengo. Digo supuesta porque la única fantasía que me quita el sueño es otra y no la que contaré a continuación.

“Una húmeda oración” quizá sea un buen título para un capítulo de la serie rosa. Había decidido internarme en el seminario de la ciudad, mi sueño era convertirme en un sacerdote. Pero jamás pensé que pecaría, y para rematar, en el templo.

El tiempo pasó y ya era yo un cura. Ya podía celebrar una misa. Los días pasaron y con ellos las semanas, y siempre asistía un asiduo creyente -hasta ese momento no pasaba por mi mente la lujuria que llevaba dentro y que trataba de acallar con oraciones rosariales-, pues ni en el confesionario se atrevería a decirme algo al respecto que me permitiera darme cuenta de sus verdaderas intenciones.

Y así pasó el tiempo hasta que una tarde. Le noto tan esmeradito con el rosario que decido acercarme y preguntarle si le sucedía algo, que por qué tenía tanta notoria ansiedad. A lo que me responde: Padre que… Dime que te sucede… Sin decirme palabra alguna extiende su mano y envuelve en ella toda mi intimidad… Vaya feligrez que resultó ser, se la pasó todo el rato en que el mar se traga al sol tragéndose literalmente a lo que él denominó un rosario de carnecita y un cirio carnal al que él se encargó de mantenerlo derechito para que no se derrita más rápido de lo le provocaba tenerle en pie.

Ufff! Vaya imaginación que tengo! me dije a mi mismo, mientras que Analí volvía a su color característico de piel jeje.

Por su parte, Analí, me contó que su mayor fantasía era de vestirse ella de bombera. Y me confesó también que estaba próxima a cumplirla. Hoy en día ella trabaja en ello y quizá, que es bastante posible, que no sólo utilice su uniforme para salvar vidas, sino para ahogar en pasión a algún amante de turno.

A todo esto… la serie rosa quedó en nada.



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Hola ¿cómo has estado?

-Hola ¿cómo estas?  -es lo que me dijo Ed para dar inicio a nuestra charla.

-Yo, bien… gracias!   –le respondí con cierta desconfianza y resequedad para con él.

Y, entre preguntas y más preguntas pasaron los primeros diez minutos de ese “reencuentro”, que si hubiese llegado hace un tiempo atrás hubiese sido lo mejor que me hubiera pasado.

Como les digo antes, mi actitud para con el era bastante distante. Sin duda se dio cuenta de ello. No espero mucho tiempo para hacermelo saber.

-Te pido perdón por todo lo malo que te hice pasar -por enésima vez se perdonó

-Pierde cuidado Ed… ya te perdoné desde hace mucho… y no porque me considere un santo, pero no me agrada tener rencores dentro de mi, y eso lo sabes bien…. verdad?

Hablamos de nuestras familias, nuestros trabajos, del corazón, de lo que paso con el muchacho de las Filipinas…

-Me permites verte?  .preguntó con cierta timidez.

-Por ahora no. Quizá más adelante.

-Bueno, entonces acepta mi cámara… quiero que me veas.

-Esta bien… pero no es necesario.

Volver a ver su sonrisa fue recordar los momento que pasamos juntos. Ese fue el motivo por el que accedi a mostrarme por cámara ante él…

Realizó un “house tours” para mi… me enseñó los últimos cambios realizados en lo que alguna vez fue “nuestra casa”, lo que se había comprado durante este tiempo: su portatil, máquina de ejercicios, perfumes… y finalmente tocó el piano para mi -una melodia de Bethoven.

Aunque teniamos sueño, ninguno de los dos se atrevia a decirlo… asi que nos echamos en nuestras respectivas camas hasta que alguno de los dos se durmiera -programando las pc´s para que se apagasen automáticamente,

Se puede entender

confundido2La otra vez estuve conversando a través del Yahoo con mi amigo Ale Am, ahora son muy raras las veces que podemos charlar tranquila y amenamente como lo hicimos en tiempos pasados, un buen rato.

Hace varios meses el me contó que habia conocido a un mexicano que le gustaba, pero que del cual no estaba enamorado (el es uno de los motivos por el que él se conectaba cada vez menos). Ya no recuerdo el nombre del muchachito ese, en cambio, si que recuerdo muy bien como le cambiaba la actitud y los ánimos le aumentaban a mil a Ale Am cada vez que me contaba que lo había visto o que habian pasado todo el fin de semana juntos que me llenaba de orgullo y satisfacción al saber que mi amigo era de cierta forma feliz.

Satisfacción y orgullo porque tanto Ale Am como yo somos de las pocas personas que creemos en el amor; y tanto yo como el nos solemos enamorar de las personas menos indicadas. Y esto quedó más que confirmado en nuestra última charla.

Yo me enamoré de Genis y ahora no hay nadie quien pueda sacarlo de mi pensamiento y el pues al parecer se enamoró un poco más de lo debido de ese mexicanito -aunque el no lo haya querido así y se haya esforzado por no llegar a ese punto- ¿es que acaso alguien puede controlar al corazón? ni siquiera yo que me jacto muchísimas veces de ser razonable, pero que finalmente mi esencia de romanticón y mi enemiga sensibilidad siempre surgen y ganan espacio doble en mi.

Yo me he propuesto no fijarme en nadie más, aunque sea bastante difícil de creer esto que hoy escribo.

La otra vez Ale Am mientras charlaba con Ale Am me confesó que las cosas con el mexicanito ese no iban bien y que cada vez se veían menos -esto me lo escribió, pero les confieso que pude sentir su desilusión y pena por lo que le estaba sucediendo-…

  • No encontremos razones Ale Am -le dije… ese muchacho no sabe lo que está perdiendo -le recalque-
  • Quizá le dí mucha importancia -me comentó el-.
  • No es eso… nunca te arrepientas de dar el cariño a una persona que se cree se lo merece -respondí.
  • Pero tu estas logrando no enamorarte -escribió.
  • Hombre es que yo tengo la “ventaja” de que soy un tipo solitario y que en verdad no tiene muchas oportunidades de fijarse en alguien… además ten en cuenta que yo he sido tan lastimado que no deseo volver a pasar por eso en la vida… pero que finalmente no he cumplido ese objetivo, pues me enamoré o me ilusioné con Genis más de lo que era normal… no me tomes como ejemplo, yo no soy modelo de nada, a lo mucho de como un muchacho desperdicia su tiempo y juventud  en pensar tanto.

Lo que fue el martes 13

El día de ayer martes, que cayó día 13, quizá por eso es que amaneció gris y con el mi estado anímico -pero eso no es novedad por estos días- La cosa es que se mantuvo así durante las horas de la mañana, del mediodía y la tarde -aunque por ratos se asomaban timidamente los rayos solares, no fueron suficientes para calentar el tiempo.

Hace séis horas que ha empezado a llover: es una lluvia de gotas ligeras pero persistentes ¡Con lo que me gusta la lluvia! No hay mejor espectáculo que el ver callar a la ciudad ante el baño repentino que recibe desde el cielo. No algo más relajante que oir el encuentro de las millones de gotas con el suelo, con los tejados y con las hojas de los árboles. Y no hay algo mejor que el entrar en un éxtasis al percibir el aroma de la tierra a “tierra húmeda”. Por todo lo mencionado antes es que provoca en mi un disfrutar por cada minuto que transcurre junto a cada gota que se escapa de las nubes. ¡No dude en darme mi paseito por las calles húmedas cercanas a mi casas!.

No tengo idea de la hora en que dejó de llorar el cielo, pero sí sé en qué momento dejé de estar triste -y fue cuando me quedé dormido oyendo lejos las gotas descender.

Hoy el día siguió nublado por la mañana, hace algunos minutos ha salido el sol en todo su esplendor (son las 17: 30hrs) y como broche de oro para poner fin a un día lluvioso ha aparecido el arco iris -aunque desde donde está mi casa no se le puede observar, en la parte alta de la ciudad si que se debe ver ese fenómeno natural que asombrosamente hipnotiza al gusto humano-.

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Ayer por la tarde estuve conversando un rato con una compañera de clase de la Universidad en la que estudio. Se llama “Amalia”, ella es madre de un pequeño de cinco años, como tal nadie le gana en travesuras e inoportunidades, pero por ser niño es perdonable. Curiosamente y, felizmente, de manera equivocada siempre creí que yo le gustaba y temía desilusionarla al confesarle algo de mi que no siento miedo, ni verguenza, en responder si me lo preguntásen pero por ser discreto -más porque considero que no todo el mundo merece la pena que lo sepa- es que no ando pregonándolo por ahí.

Lo que le falta de belleza física lo tiene en belleza interior. No puede haber sido recompensada con gracia y rasgos faciales atractivos, pero si ha sido recompensada por el Ser Creador del universo en llevar dentro de sí la sinceridad, la discresión y la picardía que lleva todo piurano.

Lo cierto es que con Amalia he conversado muy esporadicamente (sobretodo en persona) pero esas veces han sido muy extensas -podría decir que la consideraría “amiga”- . Por eso me atreví a preguntarle si tenía algún concepto de mi. A lo que me respondió que si -lo que dudé… bastante!… para ser sincero-.

-“Eres un chico introvertido en ocasiones. Inteligente y directo, pues dices las cosas cuando algo no te gusta…. Pero además no sólo lo dices sino que lo demuestras con gestos o “actitudes”… Y algo que no me gusta de ti es que huyes” – me dijo-

-¿Huyo? -le pregunté-

Sí… cuando el momento o alguna pregunta no te agrada pues dices que te vas a comprar a la cafetería o que necesitas recoger un libro a la biblio… en otras palabras buscas alguna excusa para irte…”

Mariposa ilusionada

¿Alguna vez te has preguntado el porqué me sucede esto a mi o por qué yo? podemos formularnos la misma pregunta de varias maneras, pero la respuesta siempre es la misma: que somos nosotros mismos los que provocamos que ese algo nos suceda. Siendo concientes o no pero siempre actuamos por actuar en las muy variadas circunstancias en que solemos estar, sin pensar tanto por las consecuencias, y es que, como dicen por alli, “si no aprovechas la oportunidad, probablemente te estes reprimiendo a vivir una de las mejores experiencias, y lo que es peor no sabrás si pudo ser buena o mala”.

La frase anterior la he oido una infinidad de veces, sobretodo, de personas que suelen o,  mejor dicho, se consideran “prácticos”. Como si los individuos fuéramos un vaso descartable o como un foco que sólo es tomado en cuenta mientras nos pueda alumbrar en nuestras lecturas nocturnas, vamos por el mundo “utilizando” y probando si funciona bien o mal. Y, cómo siempre la culpa la tiene la situación o la soledad. ¿Y dónde quedan los sentimientos? ¿dónde dejamos la razón que se nos fue asignada? ¿por qué no reconocemos nuestros errores, pero principalmente, por qué no somos concientes de nuestras limitaciones?.

El día uno de este año, quise irme para Piura. Aunque me gusta estar en casa -me considero hogareño- y siempre ando buscando quehacer para distraerme y no dormirme en mis laureles. Aquel día metí un poco de ropa a la mochila, cogi un poco de dinero y me fui al terminal de buses que se dirigen para la capital de la región; pues apenas está a dos horas de donde vivo y el paisaje que se observa en el trayecto es muy diverso y atractivo para mi gusto.

Estando ahí, ya sentado, en el bus los recuerdos de una persona que en su momento me hizo muy feliz (con el no existían los horarios, cuando el se ponía hacerme muecas para arrancarme una sonrisa). Señores yo no sé que el hacía pero siempre se las ingeniaba para que yo me sintiese como en las nubes -y claro yo también hacia todo para que el se sintiese a gusto a mi lado-. Esos recuerdos fueron mi compañero de asiento en ese viaje, es más en un determinado momento llegué a creer que estaba el a mi lado. Mientras tenía los ojos cerrados podía verle, podía olerle y podía hablar con su silencio, pero cuando los abria notaba que eso no era más que el resultado de que aun le puedo extrañar -aunque ya con menor intensidad-.

Llegué a mi habitación y no sé por que pero creía que al abrir la puerta le iba a encontrar, otra consecuencia de mi imaginación; ya que al abrir esa puerta no encontré más que un cuarto con olor a cerrado, mi cama siempre templada y muy fria, las ventanas opacas, el suelo con polvo y los objetos (incluso mis cuadernos y libros) estaban grises. No encontré más que la soledad en su máxima expresión. La verdad que, aparte de estar fuera de onda por el ataque repentino y tramposo de los recuerdos ya dormidos de aquel amor,  estaba muy rendido del viaje que no me animé a dar una limpieza, y con sólo cambiar las sábanas de mi lecho y las fundas de las almohadas me eché mirando al techo, hasta quedarme dormido.

Al despertar, me dije desde tonto hasta los estatus más altos de apelativos que en cuyos conceptos encierran a la debilidad representada en letras. ¡No puede ser posible! el recuerdo de Ed nuevamente en mi… es este corazón mio el que aun se resiste a renunciar del todo a lo que fue una de mis mejores relaciones -por no decir la única-, pues mi razón ya asimiló mi ruptura definitiva con un buen hombre. He aqui la respuesta a dos preguntas que dejé colgadas anteriormente.

Filosofando señores. Los sentimientos siempre están presentes en cada acto humano. Son ellos, sean positivos o negativos, los que deberían girar en torno a la razón, pero muchas veces -por no decir casi siempre- son estos los que toman la delantera y nos hacen cometer actos que solemos considerar espontáneos. Por ejemplo, Dionisio está tan feliz que desearía compartir esa alegría con alguién, pero este se encuentra en su trabajo y debe guardar la compostura, pero esa felicidad de alguna manera se desbordará de el y se notará en cada acción que este haga: en un abrazo, en un saludo cordial, etc. (actos espontáneos).

Siempre hay que dejar que nuestras acciones hablen por nosotros mismos- me lo dijo un sacerdote de mi Universidad. Pero analizando minuciosamente esa frase he descubierto que puede ser un arma de doble filo y que en sí no dice ni significa nada de nada. Considero que no hay mejor manera de tener las cosas claras que a través del diálogo, a menos yo que suelo ser bastante despistado  -algo contradictorio a mi esencia detallista-.

Acabo de recordar algo que me dijo Joseph: “tu manejas a los demás como personajes de tus novelas… olvidas que también tenemos sentimientos…” -en realidad me lo dijo en una discusión- pero eso no importa. La cuestión es que me sirve de ejemplo para poder explicarles el porqué la frase del cura me parece arma de doble filo. Primero, el “mostrarme” como alguien intelectual le ha hecho pensar que a mi me gusta manejar a las personas, algo que de cierto tiene el máximo nivel del ficticismo que contiene “Metamorfosis” de Kafka. Y, en segundo, respecto al olvido de mi parte de los sentimientos de los demás, pues no hay nada más claro en mi que pensar siempre más en los demás que en mi mismo; yo ando por la vida con el único objetivo de no hacer daño a nadie y menos lastimar los sentimientos; lo cierto y, también, lo que ando asimilando es que a nadie le ha importado lo que yo he podido sentir.

Bueno, ya es un poco tarde para seguir filosofando y yo debo descansar por hoy mi cerebro jeje… intentaré seguir el hilo de este escrito.