Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Computadoras en Hotel Centroaméricano.

El regreso al hotel desde el parque Urraca esta vez estaría a mi cargo, pues sería yo el responsable de guiar a Joseph y a Mr. Boss -éste último dudando un poco de mi capacidad de retención de lugares, fugaz pero muy buena en ocasiones-. El tiempo de caminata fue menor, pero igual de cansado.

Llegamos, subimos a la habitación y cada quien tenía el tiempo para hacer lo que quisiera hasta la hora de la cena -ya que los planes por aquel día se habían acabado-.  

En ese momento tenía ganas de ver televisión y así reposar un rato echado en la cama, pero decidí bajar al cuarto donde estaban las computadores con acceso a la Internet del hospedaje. Mr. Boss había decidido siestar un rato, por su parte Joseph bajó también para revisar su correo electrónico y leer un poco las noticias online.  

El tiempo navegando en la red se pasó rápido y de esa manera llegó el momento de cenar. 

Fue mas o menos así

Fue mas o menos así cómo trascurrió la tarde en la ciudad de Trujillo…

No recuerdo el lugar en dónde nos encontrábamos, pero decidí subir hasta la habitación para llamar a casa y avisar que ese mismo día viajaría y que llegaría muy temprano de la mañana siguiente. No expresé directamente el deseo de que alguién de mi familia me fuera a “recoger” al terminal del bus, esperaba que la persona quien me respondió lo preguntase, no ocurrió así, decidí no decir nada a Joseph o a Mr. Boss.

No sé porqué llamé a mi casa desde el baño. Salí y encendí el televisor. Buscaba que esas imágenes incandescentes que emitiera cualquier programa tonto se tragarán mis pensamientos. Estos se habían multiplicado ya.

Después del zapping obligado decidí dejar en un canal de videos musicales. Tocan la puerta y eran ellos. Prefería no verles directamente a la cara a ninguno de ellos. Joseph de alguna manera me había conocido y se daría cuenta en que estado me encontraba yo.

Y no me equivoqué.

Hora de la siesta. Me recosté un rato en la cama que era mía en aquel momento. Al lado mio la mochila y el morral repletos, a punto de reventar. Sin darme cuenta me quedé dormido y fue así que me desperté cubierto de una de las toallas de baño que alguno de mis dos colegas de viaje habia puesto sobre mi.

Es característico en mi el tratar de controlar mis sentimientos. El tratar de disimular la pena que se acrecentaba dentro mio se había convertido en mi objetivo. Quería evitar cualquier momento triste. Tanto fue eso que Joseph me dijo que parecía un europeo: frio y sin expresión alguna.

Me resisti a dar un espectáculo de lágrimas para evitar el bochorno en alguno de mis dos amigos. Sobretodo en Boss, del  que seguramente “odia” esos momentos cursis. Además, no quería hacer el ridículo.

La tristeza estaba a flor de piel y cualquier  señal de despedida me derrumbaría. Fue ese momento de nostalgía que me hizo escribir una dedicatoria a cada uno de mis dos amigos:

  • A Mr. Boss, “No hay mejor cultivo que la amistad, cultiva siempre ese sentimiento tuyo”.
  • A Joseph, ” Hoy más que nunca me he dado cuenta que eres mi mejor amigo”.

-Sinceramente no recuerdo con exactitud lo que les escribí, sólo sé que lo hice con el mejor sentimiento de cariño, y es considero que mejor me expreso a través de las letras, aunque estén mal escritas muchas veces.

Joseph lo leyó primero. Boss lo haría al salir de la ducha. “Sin duda eres un escritor” -fue lo que comentó este último.

Si, no me equivoqué al pensar que Joseph me había conocido aún más de lo que ya me conocía de alguna manera a través de las variadas charlas que habíamos tenido por algo más de tres años.

Fue asi que se dió cuenta y acertó en el comentario que le hiciera en algún rato a Boss: que yo me metía nuevamente al mundo cibernético para que de cierta forma volviera a mi vida habitual. Y es que en el día descendí más de una vez hasta el salón de las computadoras del hotel para meterme al internet y pasar el rato viendo cualquier cosa que me permitiera evitar pensar en la despedida.

Así se pasaron los minutos. Estaba tan “metido” en la pantalla, en cada imagen del video de la canción “Cuando me enamoro” de Enrique Iglesias. que no me percaté que ya Boss y Joseph se encontraban detrás.

-La idea era salir a andar por la ciudad hasta llegar a una “cafetería” -en realidad era una panadería con unas cuantas sillas y mesas- para merendar.

La tarde había caído ya sobre Trujillo. Las horas pasaban sin piedad. El final se acercaba aun más.