Gamboa, resort y selva

QUINTO DÍA:

Restaurante del Gamboa Hotel, Panamá.

En el Gamboa, tanto el desayuno, como el almuerzo -y supongo que también la cena- eran de estilo buffette, es decir que uno mismo elije lo que desea comer. Lo supongo porque solo desayunamos y almorzamos en el comedor del hotel, pues la cena la pedimos a la habitación.

El restaurante, muy reluciente por cierto, daba dos opciones de lugar para degustar los platillos: se podía decidir por comer en el interior o en la terraza (cuya vista regalaba, por ejemplo, un amanecer). El lugar tenía un portal que se podía abrir y conectaba a otra -ello cuando la primera sala se llenaba de comensales-. Las tres veces que fuimos comimos dentro.

Antes de salir a la excursión desayunamos. Habían diferentes tipos de pan, yogures de distintos sabores, zumos de distintas frutas y trozos de éstas (frutas) para preparar una ensalada. Además, de miel, huevos revueltos… Y al regresar, después de instalarnos en la recamara volvimos para almorzar. Ya para entonces Joseph se había encargado de hacer la reserva y entonces solo debimos esperar a que el anfitrión apareciera para que nos ubicara en alguna mesa, porque el local estaba bastante lleno.

En este momento no recuerdo lo que escogí para comer, pero sí me acuerdo que repetí dos veces. Y que me quedé con Joseph hasta terminar de almorzar. Nos levantamos de la mesa, salimos por la puerta que conectaba a la terraza y ningún mesero se nos había acercado para que firmáramos el consumo y se nos recargara a la cuenta.

Y nos dirigimos para el cuarto. Para llegar hasta el teníamos que atravesar el hall, la boutique y la tienda de recuerdos, un pasadizo, luego bajar por unas escaleras. Cada habitación tenía en la puerta de entrada un motivo selvático tallado, contaban con aire acondicionado, un baño bastante grande, un balcón refrescante y en él una hamaca. Dos camas gigantescas (tan grandes que no la ‘revolví’ como suelo hacerlo de tanto moverme). Y tan grande como las camas era el televisor.

Descansamos.

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Almuerzo servido

CRÓNICAInsalubridad en las calles

Almuerzo servido

Por: Ceaugmas y M.I.B.

La intersección de las calles Las Gardenias con Los Naranjos es uno de los tantos lugares de Piura donde los desagües colapsan, es aquí donde los vendedores ambulantes, quienes ofrecen todo tipo de alimentos al público, no toman en cuenta lo nocivo que es para la salud de sus comensales el ofrecer los menús al lado de las aguas servidas y cúmulos de basura


El reloj marca las doce del mediodía, el calor es insoportable, pero la sed lo es aún más. Una bebida fría no caería mal para refrescarse, piensa uno de los tantos pasajeros de la empresa de transportes Viceta que se dirige a Tambogrande. A pocos metros cerca del mercadillo Asociación de Comerciantes Concesionarios del Mercado Antonio Lee Rodríguez (Acomipomaler) que colinda con la avenida Sullana y la calle Los Naranjos, el sofocado viajero observa una juguería ´al paso´. A pesar del desagradable olor que emanan algunos charcos de aguas servidas, este se decide por un vaso de soya de la carretilla de Jorge Chocano.

Así como Chocano, que tiene 10 años trabajando en la zona, al otro lado de la calle se encuentra el puesto de comidas de Leonida Riofrío. Desde hace 2 años, ambos se quejan de que la EPS Grau y la Municipalidad de Piura no solucionan el problema de los desagües, en especial en este lugar. Asimismo, Leonida dice seguir las normas mínimas de sanidad para ofrecer a sus clientes un producto que no afecte su salud, aunque con una mirada rápida a su puesto se observe lo contrario.

Entre las normas de salubridad que debería seguir Leonida y todo aquel que tiene un puesto de comida según Orlando Lozada, el doctor del Ministerio de Salud, están: utilizar cubreboca; mantener las uñas cortas, limpias y libres de esmalte; usar protección que cubra totalmente el cabello; en caso de usar mandiles y/o guantes se deben desinfectar y lavar; se debe dotar de los implementos necesarios que garanticen que el agua que esté en contacto con el producto sea potable; debe disponerse de suficiente abastecimiento de agua, así como de instalaciones apropiadas para su almacenamiento y distribución, entre otras. Ella sabe de algunas, pero le cuesta “tiempo y algo de dinero acatarlas”.

Una carretilla con degastadas llantas, que simula ser un comedor y una cocina portátil a la vez. Leonida Riofrio, la dueña del puesto, no se avergüenza de ser ambulante. Mientras sirve la comida a sus comensales avisa a otros nuevos que el menú de hoy, y de otros días, ofrece dos opciones: arroz con tollo y menestra o pescado frito. Pero las personas no son las únicas que llegan hasta el puesto de comida. Un sin número de moscas asechan el lugar: algunas posadas en los manteles que cubren las fuentes de ceviche, otras revolotean en los platos de los clientes y un tanto más se divierten en los desperdicios que se han acumulado hasta el momento.

Al igual que las moscas, las cucarachas que se escapan alertadas por la inundación de sus hogares, escalan a través del jebe de las llantas y se pasean entre las ollas, los baldes con refrescos y los utensilios que forman parte del negocio de Leonida. Débiles telarañas surfean el vaivén del aire maloliente.

Los comensales lidian una batalla con cada bicho a la vez que se llevan una cucharada a la boca. Similar enfrentamiento tiene Riofirio al tratar de ocultar a los atrevidos insectos. No le importa matarlos con la mano.

Al lado del puesto de Riofrio se encuentran otros tres más, que por ser informales, no cuenta con un lavatorio para lavar los objetos que utilizan. Suelen tener dos baldes de agua turbia: en uno lavan y en el otro enjuagan. En el primero, unos cuantos trocitos de cebolla, otros de tomate y uno que otro grano de arroz flotan en la superficie del recipiente.  En el segundo, el  plato desaparece bajo las grises aguas. Antes de desbordarse el recipiente, la dueña del local lo arroja al buzón más próximo a su puesto. Las comideras no son las únicas, los jugueros y los vendedores de pescado también lo hacen.

 ¿Dónde estará la EPS Grau?- se preguntan la mayoría de comerciantes cada vez que las aguas putrefactas se hacen más evidentes y el aire, más insoportable.

E

s un poco más de las 12:30 y vamos hasta el local central de la EPS GRAU en busca de alguien que nos aclare el panorama. Hablamos con el jefe zonal de Piura, el ingeniero Luis Figallo Palacios,  quien no dudó en responsabilizar a terceros de ser los culpables de tal pestilente problema. “Frente al mercadillo los buzones de desagüe siempre se atoran porque los pescadores vierten las viseras de los pescados. No tienen una cultura ecológica”, acotó.

Figallo dijo que todos los desagües de la ciudad desembocan en el colector principal que está hecho de concreto. Este tiene más de 30 años y está sumamente deteriorado. Además,  recalcó que los trabajos hechos hasta el momento equivalen a un proyecto de 100 millones de dólares, dinero que no sale de las arcas de la compañía  de agua sino de los fondos con los que cuenta el plan ´Agua para Todos´ del Gobierno Central que se ejecuta desde hace un mes en Piura. Trabajos supervisados por el Gobierno Regional, que solucionarán el problema de los desagües y que el gerente de la EPS Grau calcula concluirán en tres meses.

S

on la una de la tarde y el caos invade el lugar. Buses interprovinciales, carros, mototaxis y personas apresuradas transitan por la zona.  Una joven en una moto lineal avanza lento para evitar que las aguas putrefactas mojen sus pies, pero no logra su objetivo. A pocos segundos un imprudente conductor de automóvil atraviesa el charco de desagüe y algunas gotas caen en los pies de la chica. Este es el panorama que se repite cada 15 días, según lo relata Roberto Benites, un vendedor de hielo.

Benites llega todos los días a las 7 de la mañana con su carretilla para acercarse a la cámara frigorífica que se encuentra estacionada frente a Acomipomaler. Compra cuatro bloques de hielo y se instala en la esquina del terminal terrestre de Emtrafesa.  Empieza su lucha contra el tiempo. El calor derrite gota a gota los bloques de hielo cooperando a que la laguna mal oliente se expanda.

Minutos después, los pequeños charcos forman una laguna, pero esta vez no es por el embalse de las aguas servidas, sino por la imprudencia de muchos de los comerciantes del lugar. Los rostros de los dueños de los distintos puestos no reflejan la preocupación por la disminución de su clientela. No es un día de pérdidas como cuando se escapan las aguas de los buzones que los obliga a movilizarse hasta el Parque del Niño Trabajador, ubicado en la avenida Sullana.

Los puestos de comida abarrotados, insectos y personas conviven a la hora del almuerzo, poco le importa a Benites porque a cada palabra que dice la sazona el sabor que llega a él en un taper. Lo mismo sucede con Reynaldo Rufino, vendedor de pescado del mercadillo, que degusta su comida sentado al lado de su colega Marco Casco, quien lava una galonera en unas pardas aguas y de olor poco agradable.

Casco, al espantar una mosca que osó posarse en su boca, refunfuñó y balbuceó su malestar. Luego, más calmado, respondió a la acusación que hizo el representante de EPS Piura, Luis Figallo, acerca de que ellos cooperaban a la congestión de los desagües. “Es mentira. Acomipomaler cuenta con una tubería que desemboca en el desagüe próximo; esta es protegida por una rejilla que retiene los elementos sólidos. Asimismo, los desechos que acumula cada comerciante son puestos en un punto cercano a la entrada, que después serán recogidos y llevados por un camión recolector de basura de la asociación del mercadillo”, nos narra Marco Casco. Sin embargo, aunque Rufino y Casco se esmeren por hacer prevalecer lo que afirman la realidad es otra.

Hace tres horas el sofocado pasajero que bebió un vaso con soya del puesto de Jorge Chocano, tomó el bus y ya habrá llegado a su destino. El tiempo transcurre y el caos de la zona disminuyó, son las 3 de la tarde, Leonida y sus compañeras recién pueden sentarse a comer lo que no se vendió. Ya todo está recogido. Muchos de los vendedores ambulantes que laboran en la intersección de Las Gardenias y Los Naranjos se marchan con la esperanza a que mañana no se escape el desagüe; pero el enemigo mal oliente se mantiene en el lugar.

En trujillo ya

Llegamos antes del mediodía a Trujillo. Algunas calles estaban bloqueadas por trabajos de reconstrucción a las calles aledañas al centro de la ciudad. Una sensación de frío, mucho más congelante y medio húmedo, invadía mi interior.

A la propuesta de Mr. Boss -de acompañarles hasta la próxima parada- le di un no como respuesta, aunque por dentro deseaba acompañarles hasta Lima, pero una vez más fuí egoísta y pensé en mí. Deseaba y prefería mil veces ser yo el despedido a despedirles a esos dos compañeros de vacaciones que la vida me regaló con la fachada de amigos, amigos verdaderos -a pesar de que conocí primero a Joseph, creo que congenié de alguna manera con Boss, bueno, eso espero y que no sea sólo una especulación mía-. La despedida acechaba cuan hiena hambrienta de momentos carnosos de sentimientos y de acitudes.

Mr. aparcó la camioneta casi frente a la entrada del hotel. Joseph y yo bajamos y llevamos algunos equipajes hasta la recepción. Nos anotamos en el libro de hospedados -muy curioso me pidieron el pasaporte en vez del DNI-. Me enteré en ese momento que la habitación sería triple; ambos habían pensado que pasaría la noche con ellos.

Se acercó Boss y mencionó la ubicación de la cochera. Me tocaba ir por lo último: una plantita que me había acompañado desde que dejamos Moyobamba, mi Ipod y no sé qué más fue. Caminé hasta el lugar; metido estaba en ello y de pronto se aproxima Mr. a ver algo que sinceramente no recuerdo -aunque debo reconocer que se me cruzó la idea de que fue a verificar que yo no dejase las llaves dentro del auto-. Tomé las cosas y nos regresamos hasta el hotel.

Ya en la habitación el “loco closet” de Joseph había sacado algunas cosas y metido las maletas en el lugar que el hábilmente había seleccionado para cada una. Mi maleta quedó fuera, pues no era necesario que yo sacase alguna cosa.

Salimos a buscar un sitio donde almorzar. Anduvimos por algunas calles cuyo nombre recuerdo nada o poco. Elegimos un sitio con alguna decoración que simulaba ser campestre. Un restaurant dividido en dos -vaya a saber la razón de aquello-. De lenta atención para atender los pedidos de los comensales y repartición de las peticiones. Vaya rollo ese. Mientras almorzabamos salió el sol -algo inesperado en esos meses de invierno. Yo pedí un plato de cabrito deshuesado, Joseph y Boss el mismo plato más la cerveza.

La tarde caía de a pocos. Regresamos caminando hasta el hotel. Ya tenía la hora y el número de asiento en el que me tocaría viajar en la zona VIP de una conocida agencia de buses que brindan el servicio de traslado de Trujillo a Talara. Y era casi inevitable que pensara en lo que sucedería a las 10 de la noche de ese día.

Almuerzo patrio

El próximo 28 del mes el Perú cumplirá un año más de haber dejado de ser colonia española a tan sólo un grito libertario que daria José de San Martín -de eso serán 188 años-.

Lo mejor de estas fechas es que la mayoria de personas salimos de vacaciones, algunas por quince días y otras por un mes. Y así muchos nos podemos reencontrar con familiares que vemos poco o casi nada durante el periodo de trabajo o estuidios.

Todos los años, la empresa donde labora mi papá, organiza un almuerzo de confraternidad por motivo de celebrar un aniversario más de la compañía y, por festejo patrio. Este año no pudo asistir mi papá junto a mi mamá, y me tocó a mi ser el “reemplazo” y ser así el acompañante de mi madre a ese almuerzo.

Grupo musical "Candela" amenizó la reunión de aquel día

Grupo musical "Candela" amenizó la reunión de aquel día

La mañana se pasó volando, sin darme cuenta ya estaba próximo el mediodía y debía empezar a vestirme de acuerdo a la ocasión. Mi madre no se encontraba en casa, pues se había ido a la peluqueria para que le hagan un “retoque” -pero regresó con un cambio de imagen-. Aprovecho el tiempo de su ausencia para afeitarme y comer algo y evitar que mis intestinos empezaran a tocar cuan orquesta desafinada por no tener trabajo digestivo -además que aun no había desayunado-.

almurzo PetroTechTambién me dio tiempo de elegir el atuendo que llevaría: tomé una camisa rosa,un jean y unos zapatos mocasines que compré en mi último viaje a la frontera con el Ecuador.

Salimos de casa, el sol resplandecía e intentaba dar calor con sus invernales débiles rayos, corría una brisa fria y humeda… y echamos de menos al carro que tuvimos hasta hace algunos años. Si, se repitió uno de aquellos momentos en que nos solemos autopreguntar ¿por qué lo vendimos? Lo vendimos porque la ciudad en la que vivimos es demasiado pequeña y se puede ir a cualquier lugar andando.

Eran ya un poco más de las 13 horas, y la mayoría de choferes supongo se encontrarían almorzando en sus casas, es por eso que nos tocó esperar cerca de quince minutos a que llegase un auto y nos llevase hasta “Negritos” -distrito talareño, ubicado a veinte minutos de la ciudad, en donde se llevaría a cabo el almuerzo-. Fue un automóvil color blanco que se encargó de llevarnos a mi mamá y a mi.

El viaje se hizo nada y llegamos, el clima era distinto: el cielo llevaba un traje de fuerte color azul celeste, con un estampado escaso de nubes y como broche un sol más caluroso que el sol de Talara, el mismo que era arrullado por un insistente viento que terminó desarmando lo que sería la cubierta de los toldos.

Lugar de encuentro: Portón #4        Esta vez fue en el jardín, al cual lo habian vestido, en tonos blanco y rojo, con toldos árabes que habían sido victimas del viento que soplaba con gran fuerza en ese momento. Mesas alrededor de la pista de baile llevaban manteles blancos, sobre ellas un mediano tapete rojo y enmedio un agradable y vistoso arreglo floral. Las sillas, al igual que las mesas, estaban de blanco, algunas con un enorme lazo rojo y otras con llevaban lazo dorado que simulaba un cinturón. La atención inigualable, a cargo de chicos y chicas que, vestidos impecablemente, nos alcanzaban todo lo que quisiéramos comer o beber. Los invitados muy bien vestidos formaban una media luna frente a lo que sería el escenario que albergaría, primero, a un grupo criollo y después a la conocidisima orquesta “Candela” de Iquitos.

De entrada nos dieron a degustar un fresco platillo muy peruano llamado Ceviche, hecho a base de pez espada. Para brindar un Pisco Sour, el cual me lo tomé sin ni siquiera respirar jeje. Luego de un rato vino el plato de fondo, muy a mi pesar, fue arroz con pollo -por cierto sólo me comí el arroz-. Bebí gaseosa hasta decir basta, claro que también hubo cerveza, pero no bebí ni un sólo vaso… pues no me gusta.

En verdad pasé un rato bueno de cuatro horas. La orquesta no estuvo mal, la atención adecuada, la comida exquisita… pero mejor sería si el dinero que se gastaron en hacer toda esa ceremonia se lo hubieran dado a cada uno de los trabajadores que forman la gran familia de PT.

Arroyito musical -Colombia.

mundo-latinoamericaMi historial viajero a países latinoamericanos no pasa más que de tres naciones: mi Perú, Ecuador y Argentina.

peru001Para empezar mi querido Perú, cada que puedo y tengo tiempo me doy un viajecito por algun lugar del extenso territorio nacional; orgulloso de haber nacido en esta tierra de incas e historia, de la más variada vegetación y animales exóticos, de su gente tan amable y afectiva como pocos. A Ecuador voy por motivos familiares, ya que el origen, por parte materna, de mi papá es de alli; aunque no obeliscogrande1ecuadorhe pasado ni un mes siquiera por esas tierras cálidas, de playas de aguas calientes y arenas blancas -en su mayoría-, siento un cariño lejano por esa Nación. Y, la Argentina, alli pasé séis meses de mi vida; así, como Uruguay o Paraguay, es un pedacito de Europa.

Pero, algo que no he podido explicar es el por qué siento una atracción hacia Colombia. Y es uno de los destinos América del Sur que anhelo algún día llegar. Lo que más me gusta, hasta el momento, es su música. Dejando de lado a los comerciales Juanes o Shakira, la música colombiana tiene sentimiento; tiene mucho para regalarnos a las personas que solemos gustar de aquellas melodías colombianas. Particularmente, es el vallenato uno de mis géneros musicales predilectos, el que más escucho.

colombia_1Hay días en que me paso toda una tarde viendo imágenes de Bogotá, o de Cali, o de la Guajira, o de Cartagena, o de cualquiera otra ciudad o pueblo colocho. Otras veces, pongo a cargar videos grabados por turistas o por los mismos pobladores.

Alguna vez me llegué a imaginar echado en una hamaca al lado del boricua envueltos  por un manto negro con brillos estelares y un inmenso botón blanco que aparentaba ser una corona de plata. Pero esa fantasía romanticona quedó en eso, en una fantasía PCP (peruano-colombiana-puertorriqueña) en mi mente. Incluso quedamos de acuerdo en que Colombia sería nuestro destino de nuestra “luna de miel”… ¡recuerdos y más recuerdos!.

Puede que Colombia sea la primera opción en caso me decida algún día emigrar a otro país. No me importa si es que no es el lugar más seguro para vivir en estos tiempos (por las guerrillas); pero lo mismo ocurrió hace algunos años en Perú y, aunque no fuimos directamente afectados (mi familia), nunca se nos ocurrió salir rumbo a otro país. Los tiempos cambian y mejorarán para la población de Colombia – de eso estoy seguro. A parte de la música, su gente o los ricos platillos que se deben preparar alli. Si quiero desarrollar mi carrera de periosdista me gustaría reportear lo que pueda suceder en el “campo de batalla mental” que se está dando en los últimos años en ese país vecino.

Regresando al tema de la música colombiana. El primer cantautor que me gusta es Carlos Vives, luego esta Cabas, y en estos días, me agrada las composiciones y música de Juan Fernando Fonseca, tan sólo conocido como “Fonseca” -de niño siempre le han llamado por ese nombre-. Nacido en Bogotá. Desde pequeño ha sido apoyado por sus padres en su afán por ser cantante.

Bueno, tampoco es que quiera ser el historiador que indague en la vida de Fonseca, que cumplirá en Mayo 29 treinta años de edad. Hasta la actualidad me gustan sólo dos canciones de el: “Enrédame” y “Arroyito”.

A seguir la letra de “Arroyito”: “Amaneció y me encontré con que emprendiste un largo viaje, mi corazón se te escapó del equipaje y se quedo fue pa´ llenarme de recuerdos. Amanecio y el gallo viejo que cantaba en la ventana, hoy no canto, pues tu no abriste la mañana, y hasta el viento se devolvió porque no estabas. Eres el arroyito que baña mi cabaña, eres el negativo de la foto de mi alma, eres agua bendita que crece en mi cultivo, eres ese rayito que me calienta el nido. Atardeció y el corazón abre su album en el silencio, un acordeón le va imprmiendo los recuerdos, y hace también una canción para que vuelvas. Atardeció y ya se va la claridad de mi cabaña, no siento luz en los rincones de mi alma, pues ya no tengo todo lo que llevas dentro… Yo sólo quiero ser el dueño de tu amor, yo sólo quiero ser el dueño de tu risa, para encontrarte y devolverte el corazón y me acompañes por el resto de la vida…”

a6115311_1Si deseas oir la canción clickea en el enlace de abajo

\”Arroyito\”

Navidad es Navidad

Navidad es Navidad señores!!!

Aunque hoy haya amanecido con una indigestión “de la patada”, no puedo quitar mérito a mi mamá, que verdaderamente ha dado lo mejor de ella en cocinar lo que seria la  cena de la nochebuena. Yo que no soy de mucho comer, ayer me “abrí” a los nuevos sabores y a ese platillo imnovador descargado de un recetario virtual de la internet, y me comí todo, absolutamente todo (incluidas las verduras).

Bueno, dejando la comida a un lado y cambiando de tema; hoy estoy algo contento y extrañado también, porque, si bien no se necesita de una determinada fecha para saber y darnos cuenta a quienes realmente le podemos importar, Navidad es una fiesta que, aunque nuestro mapa de creencias no la considere dentro de sí, es casi imposible tratar de “huir” de ella y es inevitable no cultivar la ilusión de siquiera recibir un saludo afectuoso de aquellas personas que consideramos “importantes” y que no sean familiares o amigos.

soledadYo tengo una costumbre anual y en especial en esta fecha, de enviar postales virtuales a las personas que me interesan y quiero sinceramente -no hago ello con la intención de esperar un saludo o una postal de agradecimiento, no es así señores-. Y este año no ha sido la excepción, me pasé más o menos dos ó tres horas en elegir una postal agradable y que vaya de acuerdo a la persona destinada. Es así que le he enviado postales a mis familiares -entre primos, tíos y hermanos- y a otras personas que considero más que amigos -y es que señores yo no pierdo el tiempo en “amigos” quizá por eso es que no tengo muchos amigos-.

Veo pasar las horas por la inmensa ventana de mi sala, cabalgando el fuerte aire que corre fuera de casa y yo aun no le doy una forma concreta a este escrito. Es que en estos días la inspiración ha estado huyendo de mi y mantengo mi mente en blanco, señores estoy cayendo en un cuadro grave del calabacismo peruano ¡no puede ser!.

Puedo sobrevivir en la vida sin tener a alguien a mi lado, puedo vivir sin tener sexo por muchos años, puedo vivir sin respirar del aliento del ser que algun día tuvo mi corazón entre sus manos, puedo sobrevivir sin probar bocado en dos días, puedo vivir sin tener una visión perfecta, puedo sobrevivir sin tener amigos… pero jamás podría yo vivir sin la inspiración que me obsequia la creatividad y las leves ganas de vivir lo que es mi vida.

bt_quejaSeñores no es una queja y menos una lamentación pero en estos días me he estado preguntando a mí mismo ¿qué sentido le estoy dando a mi vida?. Y es que, después de haber asimilado que la relación con quien en un determinado momento fue todo para mi (“virrey boricua”) he quedado sin brújula en la vida. La verdad de todo es que no encuentro aun mi camino -sólo tengo definido el acabar lo más pronto mis estudios para ponerme a laborar-.

El sentimiento de haber sido vencido por las dudas, los celos y la distancia ha marcado una profunda herida en mi, no sólo en mi corazón sino también en mi mente -mi razón atraviesa por un oscurentarismo medieval que como es lógico se convertirá con el tiempo en una luminosidad creadora-. Si, es ese sentimiento el que me impide despejar mi mente y actuar de alguna manera  a la defensiva; y es el mismo quien me hace ilusionar con personas que simplemente me han regalado un tiempo en sus vidas sin ninguna otra intención que la distracción en una charla amena e inteligente.

Pero si con la única persona con quien me he llegado a ilusionar ha sido Genius ¿cómo es que puedo afirmar que son muchas las personas con quien me he ilusionado? ¿es acaso una contradicción de lo más sinverguenza? pues no señores no es una contradicción ni nada que se le parezca, estoy hablando con un grado más de la ya utilizada sinceridad por mi. Con Genius me he ilusionado más de lo que me imaginaba, es mas puedo asegurar que estoy enamorado de el, pero desde ayer he decidido que lo mejor será es dejar de cultivar ese sentimiento y dirigirlo hacia mi persona. Ayer descubrí que el ha cambiado en algunos aspectos que en verdad no me imaginaba lo haria, como el hablar con más de una persona a la vez -lo que confirma mi sospecha de la cual les hablaba la otra vez, o la poca atención que me ha dado en estas últimas charlas. Tampoco es que le vaya a obligar a que vuelva a ser el mismo conmigo.

Algo más el -Genius- hizo dos pocas agraciadas bromas. La primera de ellas es que esperaba que para cuando el llegue a Perú yon ya tuviese un novio -realmente esto me hace pensar que no me llegó a conocer si quiera un tantito de mi ¡en fin!- y la otra broma fue que utilizando el nombre del perro de Josehp menciono que el perrito no llevaba el nombre de Gus por mi… Juzguenlo ustedes porque eso a mi me dolió, poco pero me ofendió.

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Como les decia Navidad es Navidad señores, ya que toda pena, todo dolor, toda nostalgia y todo lo que nos puede afectar de mala manera a algunos de nostros queda “borrada” por la alegría que acarrea esta fiesta de fin de año. Y miren que lo digo yo, yo que no me gusta dejarme llevar por nada ni nadie, pero en Navidad todo puede pasar, incluso el que yo me deje arrastrar por ese hipócrita sentir de que todo va bien.