Gamboa, resort y selva

QUINTO DÍA:  

Balcón

Ese viajecillo en el tiempo, tan repentino, se cortó cuando oí la voz de Mr. Boss.

  • -¿Piensas quedarte ahí? -Me preguntó.
  • -Yo creo que sí. -Le respondí.

Él no insistió con palabras, pero si con imágenes. 

  • -Mira, ellos tampoco saben nadar y ya ves como la pasan bien. -Agregó.
  • Si pues. -Dije escuetamente.

Me propuso hacerme unas fotos con la cámara de su Ipad. Accedí. Luego de unas indicaciones (que ponte allí, que más allá, que baja la mirada, entre otras) me retrató en la gran piscina del Gamboa. Luego, se fue a andar por el campo.

Después de un rato, quedábamos ya poca gente en la terraza, salgo y me acerco a Joseph. Él leía las noticias en su tableta. Decidimos regresar a la habitación. No recuerdo exactamente si Boss ya se encontraba allí o llegó luego. Me di un duchazo para quitarme el cloro de la alberca. Así se fue haciendo de noche.

Hora de la cena. Se decidió que pediríamos servicio a la habitación. Me encargué de hacerlo yo. No lo hice tal como me lo indicaron. Pedí un plato de adulto y otro para niño (por recomendación de mis dos compañeros de viaje y porque no suelo comer mucho). Cenamos en la mesita que estaba en el balcón. Terminamos y arreglamos las maletas antes de ir a la cama. Al otro día saldríamos ya para el interior del Panamá.

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Computadoras en Hotel Centroaméricano.

El regreso al hotel desde el parque Urraca esta vez estaría a mi cargo, pues sería yo el responsable de guiar a Joseph y a Mr. Boss -éste último dudando un poco de mi capacidad de retención de lugares, fugaz pero muy buena en ocasiones-. El tiempo de caminata fue menor, pero igual de cansado.

Llegamos, subimos a la habitación y cada quien tenía el tiempo para hacer lo que quisiera hasta la hora de la cena -ya que los planes por aquel día se habían acabado-.  

En ese momento tenía ganas de ver televisión y así reposar un rato echado en la cama, pero decidí bajar al cuarto donde estaban las computadores con acceso a la Internet del hospedaje. Mr. Boss había decidido siestar un rato, por su parte Joseph bajó también para revisar su correo electrónico y leer un poco las noticias online.  

El tiempo navegando en la red se pasó rápido y de esa manera llegó el momento de cenar. 

Jaén de Bramacoros III

Durante nuestra estadía, sobretodo por las tardes.noches, nos sentábamos en una banca de la Plaza de Armas de la ciudad a esperar que el tiempo pasase a través de las palabras que aparecían en cada una de nuestras conversaciones.

Las dos noches, antes de ir a dormir, que estuvimos ahí ocurrieron casi muy parecidas. En una lo mejor fue que mientras esperábamos a que nos trajeran nuestra cena, pasó una procesión de no más de veinte personas con la imagen de una Virgen; en la siguiente pasaría una procesión de alumnos con artorchas en mano -parecía era el aniversario del colegio más popular de la zona porque inclusive estaban alzando un pequeño escenario muy cerca del palacio municipal-.

Continuará…


La comida familiar, una costumbre en decadencia

“Dado que la cena ha sido una experiencia comunal en casi todas las sociedades (…), el hecho de que esta práctica haya disminuido visiblemente (…) en el curso de una sola generación es una prueba notable de la rapidez con que ha cambiado nuestra vinculación social”, asegura Robert Putnam en el libro Sola en la bolera. ¿Qué factores han contribuido a este fenómeno? En primer lugar, el alto costo de la vida ha obligado a ambos esposos a trabajar más horas. Las madres o padres solteros, cuya situación económica suele ser más precaria, disponen incluso de menos tiempo. En segundo lugar, el trajín de la vida moderna fomenta la comida rápida y el hábito de comer a toda prisa. No sólo los adultos, sino también los niños tienen demasiados compromisos, como la práctica de deportes y otras actividades extraescolares.

A esto se suma el hecho de que hay padres que prefieren volver a casa cuando los niños ya están durmiendo para evitar sus rabiertas a la hora de la comida. Otros llegan temprano, pero esperan que los niños coman y se vayan a la coma para sentarse a cenar tranquilamente con sus esposas.

Tales situaciones hacen que los miembros de familia coman a distintas horas. Las notas pegadas al refrigerador sustituyen a la conversación en la mesa. Cada cual llega, caliente una comida precocinada y se sienta frente al televisor, la computadora o la videconsola. Dado que estas tendencias sociales parecen irreversibles, ¿vale la pena nadar contra la corriente?

Estos tres párrafos los he extraído del suplemento Despertad, repartido por los Testigos de Jehová. Esto no quiere decir que yo pertenezca a dicha corriente religiosa. Creo no pertenecer a ninguna en especial, yo sólo creo en Dios y trato de guardar sus mandatos divinos.

¡En fín! la religión por la que más me inclino no es el tema central de éste escrito. El tema es la revaloración por las costumbres que muchas veces no optienen de nosotros la merecida atención.

El último miércoles viajó mi mamá con mi hermano menor para Piura. Allá se encuentra mi hermana con su familia viviendo. Mi papá en estos días, para variar, le toca trabajar. Mi hermano, para evitar “conflictos” conmigo respecto a lo que se cocinara en el día para almorzar o cenar se fue con su familia a casa de su suegra. Así que sólo me he quedado con mi padre, aunque él llega a mitad de la noche -pasadas las 20 horas-.

Hoy, por recomendación de Joseph, decidí preparar comida “nueva” para la cena. Mi intención era cenar junto a mi papá, y así charlar un poco más de lo acostumbrado. Así fue que después de haberme reconciliado con mi mejor amigo, me destiné a tomar una breve siesta, pues tenía que renovar fuerzas para preparar algo ligero, pero ligero, ya que en verano como que se quitan las ganas de comer -por lo menos a mi me sucede jeje-.

Después de pasar cuarenta y cinco minutos más o menos cocinando, arreglé la mesa para que todo estuviese en orden y me puse a ver televisión un rato hasta que llegase mi papá. Luego de algunos minutos llegó a casa, sin ganas de comer; se metió a la ducha, se puso a ver las noticias en su habitación y, luego de un rato, dormido se quedó.

Bueno, quizá no ha sido un buen día como para buscar una charla mediofamiliar. Me tocó cenar solo. No es por nada pero lo que preparé estuvo exquisitamente delicioso.

Cuánto dolió despedir el año 2009

Un fin de año para mi es un día de lo más normal. No me alieno como la mayoría de las personas que faltando semanas ya andan buscando un plan para recibir el año nuevo, donde sea y como sea. Este fin de año no ha sido la excepción, como es costumbre para mi, cené con mis padres y hermano menor -los otros dos se fueron a pasar a casa de familiares de sus respectivas parejas-.

Lo único bueno que me ha dejado el 2009 es la satisfacción en mis atrasados estudios, en lo demás todo ha sido de gris a negro. Pero qué año para más feo, menos mal y no regresará jamás.

Bueno, volviendo al tema de fin de año. Particularmente a ningundo de las cuatro personas que estábamos cenando aquella noche nos dolió despedir aquel año demorón. Antes de cenar, y aun estando mi hermano y su familia en casa, salimos a caminar por algunas calles talareñas; nos provocó comer helados; ya los “San Paulinos” esperaban fuera de sus casas su próximo candente sacrificio.

Regresamos a casa faltando cuarenta y cinco minutos para las cero horas. Encendimos la televisión para ver los reportajes de aquellas ciudades que ya se encontraban en el 2010. Luego salimos a lo que aun queda del jardín que alguna vez tuvo la casa a esperar que llegasen las cero horas y encender a lo que supuestamente era nuestro “San Paulino”, sorprendentemente hecho por mi papá -tenía cuerpo de humano y cabeza de un pitufo-.

Después de incinerar al “proyecto de muñeco” confeccionado por arte y mano de mi padre, entramos a la casa, nos sentamos y cenamos. Luego de comer nos pusimos a charlar un rato. De pronto, oimos que de la casa de mi abuela provino un fortísimo golpazo de puerta. Sin querer nos enteramos aquella noche que nos dejaría “boquiabiertas”, pues nos sorprendió demasiado.

Era inevitable dejar de oir los gritos de la otra casa. Era mi primo que discutia con su mujer. Los gritos sólo eran de él, ella tan sólo atinaba a decirle vete de aquí. Caso omiso fueron las peticiones de la muchacha, mi primo se enervaba más. Cuando menos lo esperábamos esos grtios cesaron, oímos un estruendoso ¡ay!.

Nunca sabremos en que zona del cuerpo le golpeó la chica a mi primo. Lo hizo llorar como a un bebé. Después del hecho la casa se quedó en el más agradable silencio.

El actuar con violencia no tiene excusa alguna . Queda comprobado que los hombres también somo víctimas de violencia por parte de las mujeres. Pero somos concientes que él se lo merecía por ser tan atorrante. A él si que le dolió despedir el año 2009.

Coincidencias

Hola a todos.

Mi ánimo en estos dos últimos días no es como tanto les gustaría a muchos que estuviese. Infinidad de veces me he puesto ha pensar sobre el presente que estoy viviendo, y creánme que no es muy alentador lo que llego a concluir al final del autoanálisis.

Y a eso se le une el decidir si debo o no alejarme para siempre de la vida de Genius, y también, la asimilación de la idea de que mi abuela ya no está en este mundo. .. ¡es para volverse loco!

El día de hoy me desperté temprano, es mas ni siquiera he podido dormir. Me destinaba ya a descansar un poco  más de las 3 de la mañana, llegué hasta mi cama y me eché mirando hacia el techo en plena oscuridad.

Una, dos, tres… cuatrocientos… novencientas ovejas  y ningún síntoma de sueño. Ví amanecer desde la ventana de mi habitación y el canto de las aves, que daban inicio al nuevo día, me invitaban a salir a caminar en plena mañanita.

En tiempos anteriores hubiera invitado a Lucas a dar una caminata madrugada, pero como el ya no está conmigo por más que me matara llamándolo el nunca vendría. Pero bueno estaba decidido a salir y nada ni nadie me detendría en llevar a cabo tal decisión. Así que me puse una ropa ligera -para no sudar tanto- me cepillé los dientes, tomé prestado el Ipod de mi hermano menor y salí, sin rumbo, pero salí.

1185028416_fDesde que me separaron de mi Lucas Bambino no había vuelto a salir de casa tan temprano por la mañana, y menos quería salir por la entrada principal de la casa -huyendo de la ventana de la habitación de mi abuela. sobretodo, de verla directamente-. En aquel momento sólo estaba despierta mi mamá, a la cual le digo que iba a dar una vuelta, sin mostrar interés alguno sólo atina a pedirme que pase por la panadería y comprara pan para el desayuno.

Como la casa está muy cerca al mercado central de la ciudad evito cuantas veces pueda pasar por alli cerca porque no soporto el sonido antiarmonioso que emite ese lugar tan público y necesario a veces. Salí por la parte delantera de la casa -por lo que antes era un jardín agradable- y tomé la dirección contraria a la del mercado. Caminé y caminé.

Mientras caminaba recordé la vez en que Ed llegó, también una mañana, a mi casa -sin haberme avisado-.

Transcurría el mes de agosto del año 2006 -mes de mi cumpleaños-. Ya habían pasado algunos días en que Ed no se conectaba y ni siquiera me llamaba como lo solía hacer. Yo le había llamado en algunas ocasiones a su casa pero nunca me respondía y siempre acababa hablando con una de sus hermanas. Ella era Mily, una mujer sinónimo de alegría -característica propia de los puertorriqueños- casada y trabajadora.

Realmente esa “desaparición” repentina me estaba preocupando. Ya creía que le había pasado algo malo, pero mi madre solía decirme que “las malas noticias siempren llegan rápido”. Pasé dos o tres días sin saber nada de Ed.

Mi cumpleaños cayó día Domingo en aquel año. Y ese día sonó el teléfono de madrugada -por cierto en esos días no me habían dejado responder el telefóno de casa- no le dí mayor importancia a esa llamada y seguí durmiendo.

En casa saben que a mi no me gusta celebrar cada vez que cumplo años, pero si me agrada recibir saludos o regalos. Así que muy pocas veces mi madre me ha preguntado que me gustaría comer ese día, pero en aquella ocasión lo hizo y noté que tenían pensado hacer un almuerzo. Y como a mi me fascina comer pastas, pues fue eso lo que le pedí para que me cocinara. Pero también me pidió que arreglara un maletín con algo de ropa dentro para viajar.

Esta petición me puso en alerta, ya que en días anteriores no se había planeado algun viaje en familia o me había pedido que le acompañase a algun lugar fuera de la ciudad. Jamás me hubiera imaginado que días antes había mantenido diálogo con Ed a mis espaldas. Y lo peor de todo que había acordado con el su llegada sorpresa para el día de mi cumpleaños sin ni siquiera tener la amabilidad, por ser familia, de haberme contado que Ed iba a llegar y que esos días de preocupación no fuesen como los que pasé en ese entonces.

despertarDormí hasta que sentí una mano bastante fría que me tomaba la mia -señores casi llego al techo del susto que me dió- Pero eso del techo no ocurrió y sólo tuve que sacarme la almohada de mi rostro para saber quien había osado en interrumpir mi sagrado sueño. Estaba medio fastidiado pero ese fastidio se esfumó al ver el rostro cansado pero sonriente de quien fue mi novio, esos ojos brillosos y esos labios rosaditos humedos me volvían loco en ese tiempo. Como era dable no nos pudimos dar un beso por respeto a mi familia así que sólo me levanté de mi cama, me fuí a la ducha y desayuné con el amor que fué de mi vida. No sólo desayunamos juntos, sino también almorzamos y me fuí para Piura con el porque al otro día tenía clases muy temprano. Pasamos una semana muy buena y agradable.

El recuerdo de esa experiencia se dió en mi por todo lo que está pasándome (con la diferencia de que es con Genius, no somos novios y dudo que venga a verme)…

Caminé y no recuerdo por donde. He llegado a casa hace nueve horas desde que sali -son exactamente las 17 horas y 18 minutos- No compré el pan por olvido y ni bien llegué de ese paseo pensador me eché a dormir y me he despertado a las 14:30 horas.

¿Suerte?

Antes de salir de casa e irme a la estación de buses que van para la ciudad de Piura, mi madre me dijo: “Si te atreves a cruzar esa puerta espero tengas a dónde llegar porque no quiero que vayas a la habitación que con mi plata pago y no te despidas de mi”.

Con esas palabras ella creía que yo me iba a arrepentir de la decisión que ya había tomado de irme. Algo que no sucedió, pues yo cuento con un “juego” de llaves del lugar que alquilamos en Piura que utilizaba Ed cada vez que llegaba a la ciudad. Esto último no lo sabe nadie de mi familia. Y esas llaves he utilizado para tener un lugar donde refugiarme en este viaje de escape.

No dudo que algún amigo o amiga me hubiera ofrecido un espacio en su casa pero a mi no me gusta fastidiar a nadie. No he avisado a ningún conocido de mi repentino viaje –bueno, nunca lo hago jeje- porque no quiero hablar con nadie, lo único que deseo es comer algo y regresarme a la habitación para descansar del trayecto de dos horas.

Hace unas horas estuve por el centro de la ciudad. Lo primero que hice fue llamar a casa sin recibir respuesta de nadie –no he llamado desde mi teléfono celular porque estaba seguro que no me contestarían, pero me he dado cuenta que nadie quiere hablarme por ahora-. No llame a mi compañero de clase porque recordé que ha viajado para Lima por las vacaciones. Salí del local de teléfonos públicos y me dirigí hacia el único centro comercial que hay en Piura pues allí venden unos helados de crema que no son los mejores que haya probado pero tienen un sabor agradable, luego de acabar el helado me compré una hamburguesa para engañar el hambre que me carcomía por dentro.

Al Salir de “Plaza del sol”, y sin ganas de ir a casa aun, decido caminar. De pronto siento que alguien me coge el hombro, volteo a ver quien era la persona que se había atrevido a traerme nuevamente a la tierra, era Oscar –mi mejor amigo en persona-.

-¿Y tu qué haces por acá? –me pregunta tan sorprendido como yo estaba. Le miento: pues nada, acabo de salir del cine. –te creo porque sé que acostumbras ir siempre solo al cine –con una sonrisa medio sarcástica. “Elemental mi querido Watson” –le respondo con fastidio. Luego me pregunta si tenía algo que hacer y me invita a ir a su casa para conversar e invitarme algo para cenar.

Llegamos en menos de veinte minutos a su casa, allí se encontraba su mamá y su hermana menor. Muy amable la señora le dice a la chica que ponga otro lugar en la mesa y le aclara que el plato del invitado –quien era yo- no este totalmente repleto de comida –la señora sabe que yo no soy de comer bastante-. Después de la cena Martha avisa que saldrá con su esposo a una reunión familiar y me dijo que si me parecía me quedase esa noche a dormir allí.

Nos quedamos Oscar, la hermana y yo.  “Maffy” pone una película que hacía mucho no veía por la televisión –ese film es “El especialista” o “El profesional”, sinceramente no recuerdo como es el titulo- la misma que vi con las mismas ganas e interés que tuve cuando la vi por vez primera, y es que es una de mis favoritas películas. Para cuando terminó la película Oscar propone una competencia virtual en su play station, yo la verdad que dudé un poco, ya que he perdido práctica en el manejo de ese juego y no iba a ser del todo justo ese torneo. El haber dejado por mucho tiempo de jugar con el play station se hizo notar, pues fui el primer eliminado de aquel juego; después de haber sido eliminado sin compasión alguna les pido prestada su PC para conectarme a internet –y así avisarle a Joseph, a Ale Am y a Genius que no me verían conectado por estos días.

Sólo abrí mi correo electrónico, porque si me conectaba a alguno de mis dos mensajeros no me pararía de la silla en mucho tiempo. Así que le escribo a Joseph, luego a Ale Am y para cuando me asigno a escribirle a Genius la hermana de mi amigo se acerca con intenciones de hacerme la conversa, así que me vi obligado a cerrar la bandeja de entrada de mi cuenta de correo.

relojmatematicoLas horas pasaron de manera increible y ya eran las tres de la mañana y yo debía regresar para mi habitación. Me despido de cada uno con una invitación para que regrese mañana a almorzar. Ahorita son cerca de las cuatro y aun no tengo sueño, por eso es que estoy escribiéndoles.