Silencios

La misma ciudad, Lima; el mismo lugar, el aeropuerto; las mismas personas, mi madre y yo; distintas horas: primero, treinta minutos antes de las 17, después, cuarenta minutos después de la medianoche; y diferentes sentimientos: mi madre feliz de verme, yo feliz de verla pero triste por haber dejado atrás los mejores días de mi vida (a la edad que tengo)… Era mi retorno a Perú y el mismo abrazo, pero esta vez con algunas palabras de su parte: “hijo, te extrañé”, y yo sin decir nada. 

Sí. El bendito silencio que se arranca de mi cuando estoy triste o al menos cuando tengo un licuado de sentimientos que no es fácil de explicar con palabras. Estaba yo ahí, inerte y sin poder decir nada por temor a derretirme en llanto (pues estaba más sensible que nunca),

El mismo silencio que empezó a aparecer los últimos días del fin de viaje junto a Joseph y a Mr. Boss. El mismo silencio que me llevó a dormir sin darme cuenta, incluso mucho antes de lo que tenían por costumbre dormirse mis amigos (amigos de verdad y no solo de palabra). Y el mismo silencio que se hacía notar en el preciso momento en que más quería decir cuánto había podido añorar a mi madre y los demás miembros de mi familia.

Silencio que se rompió cuando le dije a mi madre que me había dado mucha pena despedirme de Mr. Boss y de Joseph, y se volvió tan firme cuando ella me preguntó si ellos también se habían apenado cuando me despedí de ellos, pero se volverá a romper con el inicio del diario de mi primer viaje a Panamá.

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Mi dulce Camelia

En los próximas días se cumplirán cuatro de aquel día en que la vi por primera vez. Verla allí, tan tierna y tan frágil, tenía muchas ganas de tomarla entre mis brazos y decirle al oído que era la niña que yo tanto había esperado (y es que ya tenía cinco meses antes a un chiquillo).

Pese a esas ganas locas de sacarle de la cuna en la clínica, decidí no hacerlo porque me daba cosa tomarla  de una manera equivocada y lo menos que deseaba era causarle algún daño… Y así pasaron los días y los meses, hasta ahora en que me atrevo a decir que desde ese primer día se había ganado ya todo mi afecto y cariño.

De piel rosa y cabellos oscuros dormía y dormía como si nunca hubiese querido salir de ese cálido lugarcito en que se encontraba horas antes. La miraba y re miraba y no me lo creía.

Ella no es mi hija pero la quiero como tal, y si de algo le puedo servir, no pensaré más de dos veces en acudir a su llamado. Pero bueno, que ella con el tiempo ha ido sorprendiéndonos a todos en casa. A cada visita que nos hace ilumina con su candidez cada rincón de la casa, y pese a sus gritos, que junto a los otros dos niños se unen en coro antiarmónico no dejan de romper con la oscuridad del silencio que suele darse cuando en la cada hay tantos adultos.

Ayer, estrujó este viejo corazón y me hizo lloriquear cuando de la nada se apareció en mi habitación y me dijo con su vocecita y como si quisiera que nadie más que yo le oyera que no le hiciera caso a Pablo, mi hermano menor, cuando éste me dijo cosas bastantes feas y que le importó poco que la niña le oyera decir tanta calabazada junta:

-“No le hagas caso a Pablo… que está loquito… y él es el… (repitió inocentemente la grosería que éste me había dicho)”.

Ay Camelia, mi dulce niña… estoy más que seguro que no me he equivocado en quererte tanto.

 

A mi abuela

Te dije un millón de veces lo mucho que te quería, te dije un millón más lo mucho que estaba agradecido con la vida por darme a alguien como tu, y un millón extra de veces te decía que como tu no había nadie más en el Perú.

Nunca fuiste de un gran tamaño de estatura, sin embargo, tenías un gran corazón para con los demás, incluso si llegaron a hacerte daño. Nunca fuiste a una universidad, pero la llamada universidad de la vida te enseñó a gran galope lo mucho que tu sabías y que a diario compartías conmigo o con cualquier otra persona que hubiera compartido al menos un segundo contigo en una de esas conversaciones que tu las hacías interminables. Nunca oí de tus labios una maldición, pero si un carajo, porque al carajo se iban todo aquel que se atreviese a contradecirte.

Recuerdo las miles de noches que que te acompañé hasta la puerta de tu casa, recuerdo las infinitas bendiciones que te solía pedir en aquellas despedidas nocturnas y recuerdo tu rostro que a pesar de la oscuridad brillaba con la única luz que solías irradiar con tu presencia, y es que para mi eras la estrella que solía iluminar mi andar. 

Recuerdos que fueron momentos, los mejores momentos de mi vida.

Hoy ya no estoy a tu lado, hoy cada mañana que despierto miro hacia tu ventana y no veo mas que sombras, sombras que no me permiten ver. Y es que necesito verte, necesito de tu aliento, de tus palabras, de tus abrazos, y por que no, de tu café en esas tacitas despostilladas que, según tu, no alteraban el verdadero sabor de esa bebida caliente que me enseñaste a beber a escondidas.

Hoy lloro por ti madre mía, hoy no sé como llevar mi vida. Estarás enterada que aún no acabo mi carrera en la universidad, sabrás tu que mi sentimiento de soledad se acrecentó cuando te vi agonizar sobre tu cama y después verte cubierta en una camilla de la clínica local… Quiero verte, quiero ser nuevamente tu hijo y quiero, quiero, te quiero a ti!

Prometí no volver a llorar desde que te fuiste sin ni siquiera despedirte, pero al escribir estas palabras no puedo evitarlo. No puedo evitar volver a sentir lo mismo que sentí aquella tarde en que te quedaste en tu nuevo hogar.

Soy débil y tu lo sabías. Como sabías también lo mucho que nos haces falta… Si, porque pese a que este año serán 3, no me puedo acostumbrar a tu ausencia y menos a resignarme.

¿Enamorado?

Sé que no es la primera vez que escribo algo referente a mis sentimientos. Supongo no será la última vez. Espero esta vez no equivocarme como en anteriores ocasiones, pese a que dicen que las cosas se aprenden a base de aquellas que no salieron tan bien como se desea.

La habitación en la que me encuentro está tan vacía como el sentimiento de ausencia que hoy por hoy tengo. El silencio grita dentro de mí que es hora de aclarar lo que siento hacia ese muchacho que hace poco más de un año conocí en una sala del chat que alguna vez tuvo el Yahoo para los usuarios.

Fue una tarde cuando lo conocí. Mi buen amigo Joseph no se había conectado y decidí sumergirme en aquel sistema de conversación a distancia. No recuerdo que nick tenía puesto en ese momento,tampoco recuerdo exactamente lo que platicamos, pero si estoy seguro que la conversación se prolongó hasta las 20 horas -mi tiempo-.

Durante ese tiempo hablamos de todo y de nada a la vez. No intercambiamos fotografías pero si correos electrónicos. Ninguno de los dos se atrevía a dar por terminada la sesión y el momento que nos tocó compartir para tener las primeras pinceladas el uno del otro.

Me atrevo a decir que ambos, después de cerrar cada quien la ventana de conversación, quedamos con la sensación de querer saber más del otro. Al menos puedo afirmar que de mi parte si. No sé pero desde aquella vez siento curiosidad por saber de él, con los meses siento la necesidad de enterarme qué hace o qué deja de hacer, y después de un año tengo las ganas de verle en persona y saber cómo es su piel, a qué huele y de saber qué podría suceder después de ese encuentro.

Tal vez esos deseos o necesidades que siento para con él son producto de mi soledad o de mi ligera mente que con tan poco se echa a volar cuan hoja en el otoño de la vida. También pienso que no me encuentro preparado todavía para empezar una nueva relación porque tengo heridas que aún no se han cerrado (ello a pesar de que ya no siento nada por mi anterior pareja), heridas tales como las que me dejaron alguna vez cuando fui rechazado y engañado -quizá inconscientemente- hace cuatro años atrás o más.

No puedo afirmar que estoy de nuevo enamorado o que Ariel sea el chico con el que formaré una familia y pasaré mis días hasta que realmente alguien tan fuerte como el ángel de la muerte nos pueda separar o  que él vendrá algún día o yo vaya a verle.

Si todo saliera como deseo y que Dios, pese a que tiene pedidos mucho más importantes que el mio, me lo permite, a principios del próximo año estaría yo aterrizando por tierras españolas. Tendré la oportunidad, aparte de volver a ver a mi Joseph añorado, de decidir si ver o no a Ariel. Por lo pronto él ha dicho que para esas fechas suele huir de aquel frío casi ártico que hace por esos meses y que es probable que viaje para su país; también es cierto que me ha dicho que haga todo lo que sea posible para viajar y que pasará por mi aunque sea para compartir una o dos horas. Y más claro, aunque cueste creerlo, mi viaje hacia ese lugar no es precisamente el poder conocerle en persona.

No creo estar enamorado de Ariel. Estoy seguro de ello. Pero si quiero compartir más de un momento a su lado…

Fue mas o menos así

Fue mas o menos así cómo trascurrió la tarde en la ciudad de Trujillo…

No recuerdo el lugar en dónde nos encontrábamos, pero decidí subir hasta la habitación para llamar a casa y avisar que ese mismo día viajaría y que llegaría muy temprano de la mañana siguiente. No expresé directamente el deseo de que alguién de mi familia me fuera a “recoger” al terminal del bus, esperaba que la persona quien me respondió lo preguntase, no ocurrió así, decidí no decir nada a Joseph o a Mr. Boss.

No sé porqué llamé a mi casa desde el baño. Salí y encendí el televisor. Buscaba que esas imágenes incandescentes que emitiera cualquier programa tonto se tragarán mis pensamientos. Estos se habían multiplicado ya.

Después del zapping obligado decidí dejar en un canal de videos musicales. Tocan la puerta y eran ellos. Prefería no verles directamente a la cara a ninguno de ellos. Joseph de alguna manera me había conocido y se daría cuenta en que estado me encontraba yo.

Y no me equivoqué.

Hora de la siesta. Me recosté un rato en la cama que era mía en aquel momento. Al lado mio la mochila y el morral repletos, a punto de reventar. Sin darme cuenta me quedé dormido y fue así que me desperté cubierto de una de las toallas de baño que alguno de mis dos colegas de viaje habia puesto sobre mi.

Es característico en mi el tratar de controlar mis sentimientos. El tratar de disimular la pena que se acrecentaba dentro mio se había convertido en mi objetivo. Quería evitar cualquier momento triste. Tanto fue eso que Joseph me dijo que parecía un europeo: frio y sin expresión alguna.

Me resisti a dar un espectáculo de lágrimas para evitar el bochorno en alguno de mis dos amigos. Sobretodo en Boss, del  que seguramente “odia” esos momentos cursis. Además, no quería hacer el ridículo.

La tristeza estaba a flor de piel y cualquier  señal de despedida me derrumbaría. Fue ese momento de nostalgía que me hizo escribir una dedicatoria a cada uno de mis dos amigos:

  • A Mr. Boss, “No hay mejor cultivo que la amistad, cultiva siempre ese sentimiento tuyo”.
  • A Joseph, ” Hoy más que nunca me he dado cuenta que eres mi mejor amigo”.

-Sinceramente no recuerdo con exactitud lo que les escribí, sólo sé que lo hice con el mejor sentimiento de cariño, y es considero que mejor me expreso a través de las letras, aunque estén mal escritas muchas veces.

Joseph lo leyó primero. Boss lo haría al salir de la ducha. “Sin duda eres un escritor” -fue lo que comentó este último.

Si, no me equivoqué al pensar que Joseph me había conocido aún más de lo que ya me conocía de alguna manera a través de las variadas charlas que habíamos tenido por algo más de tres años.

Fue asi que se dió cuenta y acertó en el comentario que le hiciera en algún rato a Boss: que yo me metía nuevamente al mundo cibernético para que de cierta forma volviera a mi vida habitual. Y es que en el día descendí más de una vez hasta el salón de las computadoras del hotel para meterme al internet y pasar el rato viendo cualquier cosa que me permitiera evitar pensar en la despedida.

Así se pasaron los minutos. Estaba tan “metido” en la pantalla, en cada imagen del video de la canción “Cuando me enamoro” de Enrique Iglesias. que no me percaté que ya Boss y Joseph se encontraban detrás.

-La idea era salir a andar por la ciudad hasta llegar a una “cafetería” -en realidad era una panadería con unas cuantas sillas y mesas- para merendar.

La tarde había caído ya sobre Trujillo. Las horas pasaban sin piedad. El final se acercaba aun más.

Un amigo piurano

Estas son las diferencias entre un amigo y el tener un amigo piurano.

Un amigo es alguien que nunca te pide comida.Un amigo piurano es la razón por la que organizas una comida.

Un amigo te pregunta cómo estas.Un amigo piurano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.

Un amigo llama a tus padres señor o señora. Un amigo piurano llama a tus padres “tío” o “tía”.

Un amigo puede que nunca te haya visto llorar. Un amigo piurano ha llorado contigo, por cualquier cosa.

Un amigo te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital. Un amigo piurano se queda a dormir en una silla, siempre está a tu lado.

Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días. Un amigo piurano te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo.

Un amigo te ofrece el sofá para que duermas. Un amigo piurano te brinda su cama, se acuesta en el suelo y no te deja dormir en toda la noche conversando contigo.

Un amigo sabe unas cuantas cosas acerca de ti. Un amigo piurano podría escribir un libro con las cosas que le has contado de ti.

Un amigo te lleva una aspirina cuando estás resfriado. Un amigo piurano te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela. Y puede que hasta te haga ‘el avión’ con la cuchara, para que te tomes la sopa.

Un amigo toca a tu puerta para que le abras. Un amigo piurano abre la puerta, entra y después te dice: ¡Llegué! siempre contigo para lo que necesites.

Un amigo te pide que le hagas un café. Un amigo piurano pasa a la cocina, te sirve el café  y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.

Un amigo puede serlo por un tiempo. Un amigo piurano es para toda la vida. por eso te encuentra donde estés, para juntos recordar buenos momentos.

Un amigo piurano  te dice que te extraña y que lo tengas presente en las cosas importantes de tu vida.

Las niñas de mis ojos

cantante-ninaSon dos las niñas de mis ojos: Natalia y Camila. La segunda es hermana de mi hermano, de la que hablaré próximaente.

Trataré de ser lo más objetivo posible al hablarles de una encantadora niña, de la que tengo suerte me quiere tanto como yo a ella. Esa niña es Natalia, que por ser hija de mi primo no es considerada sobrina, sino prima de segundo grado; y a la que suelo llamar cariñosamente “mi pipita”. Tengo muchísimo que hablar de esta angelito, tanto que no sé por donde empezar.

Empezaré con decirles que el pasado Martes 14 suena el teléfono de casa por la mañana. Era mi primo Martino que llamaba para saludar y decirnos que Natalia estaba muy entusiasmada y presurosa por viajar a Talara para pasar algunos días de sus vacaciones en mi casa. Yo feliz con esa noticia y no dudé en ofrecerme para irla a traer. Fue así que al siguiente día, muy temprano en la mañana, me despierto, me visto y salgo para el terminal de buses para tomar el autobús que me llevaría hasta Piura.

Después de un trayecto de dos horas por fin llegué a la capital de la región y como el departamento que renta actualmente mi primo en aquella ciudad queda muy cerca al paradero de buses me fui caminando hasta llegar. Toco la puerta y abre la puerta la esposa de Martino -ya desde abajo se oían los gritos de alegría de Natalia y su hermanito- me ven y corren a abrazarme.

Me quedé con los dos niños casi toda la mañana, pues su mamá se encontraba en una reunión de trabajo. Luego, los acompañé al médico para que examninaran al hermanito de Natalia. Así se pasaron las horas hasta que llegó la noche, y con ella mi primo a la casa después de su jornada laboral, y yo con Natalia al terminal de buses para regresar a Talara.

Era  la primera vez que viajaba yo con tanta responsabilidad -no es fácil llevar de un sitio a otro a una niña-. Pero todo salió bien y por eso Natalia se pudo quedar cuatro días como huésped en mi casa.

Ayer domingo llegó su papá con la intención de llevarsela con el, pues dice que su hermanito la extraña -pero se olvidó mencionar que el también le echa de menos-. Y no es por poco pero Natalia es una niña que se roba el cariño de quien tiene la oportunidad de conocerla, y sobretodo, de oirla hablar.

Es inteligente y muy conversadora. Disfruta con peinar y maquillar a quien se lo pida -y claro le de lo necesario para que ella lo lleve a cabo-. Siempre, ya sea antes de comer o antes de irse a dormir, ora a Dios en agradecimiento y le pide por cada uno de su familia. Es encantandora como ella misma, inquieta cuando está alegre y obediente cuando le conviene -como cuando hay de por medio un dulce premio-.

Disfruta con cantar,pintar y de vez en cuando bailar. Le encantan los dibujos animados y por tal gusto se puede pasar horas sobre horas frente al televisor espectandolos. Es de muy poco comer, pero si de bastante sed.

Y, bueno, llegó el momento de dejar de escribir por hoy… debo descansar porque ya es un tsnto tarde para mi.