Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Calzada Amador – Ciudad de Panamá

 No me enteré hasta después de un rato, ya en el hotel, que Joseph si que la pasó bien en la visita que habíamos hecho al Canal de Panamá. Y pensándolo bien, no estuvo tan mal. Fue la segunda vez que visité un atractivo mundial y qué mejor compañía que mis dos amigos.

Pero del Canal no pasamos directo al hotel. Que antes estuvimos en la Calzada de Amador. Un apacible lugar en donde se puede realizar un paseo en lancha y recorrer de esa manera el mar del Panamá, almorzar a la intemperie y comprar algún recuerdo del país en el Centro Comercial del lugar (que por cierto está libre de impuesto). Aquel día pasamos casi toda la mañana y parte de la tarde en la Calzada.

Restaurante en Calzada de Amador – Ciudad de Panamá

Menos mal que el bus no tardó demasiado en llegar y en poco tiempo ya estábamos dando un paseo, primero, por las tiendas. La primera y a la única que entramos estaba muy cerca a la puerta que daba acceso a una terraza, con mesas y sillas -quizá de algún restaurante-, que colindaba con el mar. Estuvimos cierto rato ahí, pues realizamos algunas compras y después salimos, pero volvimos a entrar porque el sol literalmente nos ‘achicharraba’.

Luego de ver las vitrinas de las demás tiendas decidimos que era el momento de almorzar. Bueno, que ya el hambre se hacía notar y las fuerzas nos abandonaban. Caminamos un tanto hasta llegar a una especie de taberna en donde comimos. Antes de llegar pasamos por una templo y por un estacionamiento de yates y pequeños barcos. El nombre del comedor no recuerdo cual era, pero si recuerdo que las mesas estaban puestas sobre un muelle (quizá antes usado por pobladores del lugar) y todo el rato tuvimos la compañía de algunas aves marinas.

Los tres coincidimos en el platillo que iba a comer, pues cada uno pidió pescado. En lo que si no hubo coincidencia fue en las bebidas, que tanto Mr. Boss como Joseph pidieron para sí una cerveza y yo, pues yo un jugo de maracuyá.

Fue así que, entre comida y conversa se pasó el tiempo, llegó el momento de regresar ya para el hotel. Pues el paseo de ese segundo día nos había agotado un tanto y era momento de descansar. Además que ya se habían ‘agotado’ los lugares más interesantes que ofrecía el tour del bus rojo.

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Ciudad de Panamá: Parques, avenidas y mar

PRIMER DÍA:

Corredor Norte

El atasco en el peaje del Corredor tenía forma de embudo. Cuatro filas de carros se habían formado. Automóviles de distintas formas, tamaños y colores se enfrentaban entre sí por llegar hasta la garita y librarse de esa manera de embotellamiento.  El calor se hacía tan visible como nuestras (la de los pasajeros) ganas de querer pasar rápido el momento. 

paso lento llegamos hasta la ventanilla. El chófer pagó la tarifa y de ahí hasta la estación de Miraflores no tardamos nada (hasta ese momento no me enteraba que esa estación guardaba relación directa con el Canal de Panamá y… no me enteraría hasta el día siguiente). El vehículo se detuvo frente a una especie de paradero que estaba ‘conectado’ a un sinfín de escalinatas  que conducían hasta las boleterías del lugar.

El ómnibus dio una vuelta de media luna y volvió a detenerse casi a mitad de las escaleras. Subieron algunos pasajeros. Siguió la ruta hasta llegar hasta un lugar conocido como la Calzada de Amador, tres islas unidas entre sí y con la costa de Ciudad de Panamá con la tierra que se extrajo en la construcción del canal.

Avanzamos por un camino opticamente estrecho y largo. El bus se detuvo frente a un centro comercial. Tampoco bajamos porque el tiempo no era nuestro aliado en ese instante. Subieron más pasajeros.  Por un lado mar, por el otro también, enmedio la carretera y a un lado de ésta un camino de acera y palmeras que muy gustosamente se puede recorrer cuando cae el sol. Seguimos hasta llegar a otro centro comercial que lleva por nombre Multicentro, que era la última parada del autobús   

Calzada de Amador

En el Multicentro dimos algunas vueltas, bueno, que en realidad buscábamos un lugar donde podíamos beber algo y comer algún postre . Fue así que avanzamos poco más allá de las escaleras eléctricas del primer nivel y encontramos un módulo ubicado en medio del pasillo con algunas mesitas y sillas que simulaban ser de madera, pero que en realidad eran metálicas. Nos acercamos al mostrador de bocaditos, cada quien eligió lo que le provocaba comer y nos sentamos.

Mr. Boss se encargó de hacer el pedido en la caja del mini restaurante. Joseph y yo permanecimos sentados. Joseph acudió al llamado de Mr. Boss. Yo seguí sentado. Al rato se aproximan ambos para decir que lo que queríamos no había en ese momento. Subimos hasta el segundo nivel y encontramos un sitio en donde pudimos saciar nuestras ganas de comer y beber algo.

Regresamos al hotel casi de noche. Subimos a la habitación. Esperamos a que fueran las 20 horas para cenar. Bajamos poco antes de esa hora y cenamos. Volvimos a subir. Nos aseamos y ¡a dormir! Bueno, ellos dos porque yo me quedé un rato viendo televisión.