¡No es una comparación!

dos_hombresAyer dieciocho cumplieron años dos personas muy queridas por mi, ellos son Genius y Joseph. A los dos le felicité por igual, pues a ambos les envié una ciberpostal de felicitación. A Joseph le tengo algunas cosas por enviarle pero por falta de tiempo no he ido al centro de la ciudad; a Genius le tengo mi corazón pero parece no quererlo. A Joseph le agradó le felicitara y lo tuvo muy pendiente, para Genius sólo se acordó de su cumpleaños radio Cártias… en fin!

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La nostalgia de ayer

De un tiempo a este, escribo los post´s más tristes de mi vida. Les aseguro que no son los primeros y lo más probable es que no sean los últimos -porque: por más que yo intente y desee quedarme en casa -sitio en el que me siento mucho más seguro que cualquier otro sitio- para no ser presa de la desilusión, de lo pesado y todo lo que conlleva el vivir; es imposible el alejarme del todo de una realidad que está en un constante cambio, y de engaños, por culpa del practicismo y la “filosofía de lo descartable”.

Nunca pasó por mi mente el perder tantas ilusiones en mi vida, no sé si es más grande mi dolor que el de cualquier otra persona (por eso es que sólo escribo de mi sentir). No sé si fuí yo, pero igual pasó y en cuestión de segundos veía caer ilusión por ilusión. Probablemente todo se debe a que me siento solo internamente; me siento solo si, sin ilusión de vida lo más probable, pero con muchas ganas de ayudar a las personas y hacer siquiera que éstas sean felices -no importa si para ello debo renunciar a esa persona-.

Ocurrió con Mauro, cuando creía estar enamorado de el. La historia se repitió cuando se acabó mi relación con Ed -con la única diferencia de que con Ed pude “abrir” mi sentimiento y por vez primera me di cuenta que podía volar al lado de alguien que me entregara el mismo amor que yo le entregaba-. Estoy segurísimo que ya no extraño a Ed y, aunque no seamos amigos ni mantengamos comunicación ya, espero que se encuentre tan bien como le vi la última vez que estuvimos charlando.

No es fácil el reacosumbrarse a uno mismo. En mis ratos de pensar trato de encontrar la respuesta a mis miles de interrrogantes, y siempre llego a la misma conclusión: hay preguntas que no tienen respuestas.

No me considero loco, pero si en muchas ocasiones he sentido que no pertenezco a este mundo; quizá mi lugar esté en el de los perdedores o en el de los “raros”. Digo esto porque nunca han faltado las personas que me lo han dicho: “sabes eres raro”, “me das asco y quedarás solo como un perro”, “estas desperdiciando tu juventud…” -son las frases que recuerdo en este momento-.

En mi escrito anterior afirmo que me identifico con los pececillos de mi acuario (por el silencio expresivo que se puede dar). Sí, me quedo callado, pero no por cobardía; todo lo contrario por lo “valiente” que puedo llegar a ser cuando me doy cuenta que estoy “de mas” en una realidad que no es la mia, o cuando noto que no suelo ser interesante para alguien, o por el simple hecho de no querer fastidiar a nadie.

Me quedé callado y preferí no responder al último mensaje de Mauro, pues creía que así pondría fin al circulo vicioso que se había formado dentro de mi. Me quedé callado cuando Ed me decía que vendría por mi, pues yo creí que eso no se llevaría a cabo. Me quedé mudo con mi “nueva amistad” con Pedro, creí que despertaría celos en su pareja -y no me equivoqué- y ahora mi “amistad” con el sigue en el congelador de la memoria. Me estoy quedando callado con Genius, porque creo que con el no hay posibilidad alguna de llegar a algo y tal vez ni lleguemos a estar frente a frente. Me estoy callando con mi moribunda amistad con Joseph, porque creo que no sirve de nada que yo le cuente mis cosas sabiendo que para el la relación amical no es la misma y es necesario poner “control”.

Como les dije no me quedo callado por cobardia sino porque trato de ser prudente y lo más maduro que yo pueda actuar. Aunque para muchos individuos el ser asi no les agrade o les agrade poco. A veces pienso si los gustos también se han globalizado o si a las personas le gusta lo liberal y que han olvidado los sentimientos (muchas veces se vive por meros impulsos). Hay muchas cosas que se pueden globalizar, no estoy en contra de tal fenómeno… con tal de no “globalizarme” yo, y pasar de mano en mano y que mi cuerpo sea conocido por muchos… la verdad esa idea me asusta.

Todo esta melancolía quizá se aparte de mi, no lo sé… pero en este instante quiero dejar de escribir y apagar la portátil y echarme en el mueble de mis temores y anhelos… aquel mueble color marrón que tanto me ha acogido y hasta el momento lo seguirá haciendo.

Charlando con el pasado

Aunque esto sucedió ayer, aun les puedo decir que estoy más que soprendido. Pues ocurrió de manera inesperada (ya que si hubiera sabido que iba a suceder no hubiese quedado como me encuentro en este momento).

No ha sido cuestión de un sueño, tampoco de una sesión de hipnósis con algún psicólogo, mucho menos de una experiencia transcendental. Se trata, nada más ni nada menos, de una charla que tuve con una persona que conocí hace cuatro años atrás y que fue el primero en despertar mi corazón a una realidad que creía, hasta entonces, era lo mejor que me había sucedido.

“Mauro” es su nombre y fisícamente es, como diría Pedro: “un peruano típico”; de rostro redondo, cabellos negros y lacios, ojos almendrados, de una estatura que no pasa el 1.70 mts. de contextura gruesa pero sin caer en lo grotesco, y de piel canela. Así era el. Ahora está un poco gordo, con mucho menos cabellos (tal vez sea por eso se recorta el cabello muy chico, casi rapado), sigue del mismo tamaño y con ese color de ojos azabaches (lo más resaltante por cierto)… aunque sólo lo he visto en fotografía, me parece que está más maduro y si me cruzaria con el por alguna calle no le reconocería.

Fue con el que aprendí a volar y a pasar las ráfagas huracanadas que puede traer consigo el amar a alguien. Con el besé por primera vez a un hombre. Con el entregué, por vez primera, mi cuerpo a una rutina de la que me estaba yo absteniendo a vivir. Con el creí que podía yo tener algo de atractivo para alguna persona de mi mismo sexo. Y con el viví mi primer amor.

En alguna oportunidad quizá me anime a contarles como fue y donde le conocí, pero hoy empezaré desde una mañana en la que el me llama a mi celular y me dice que tiene que regresar a Lima porque había recibido una mejor propuesta de trabajo y que volvería en cuanto pudiese y cuantas veces quiera el para vernos. Algo que no sucedió así, porque se desapareció del mapa en mucho tiempo hasta que, después de haber transcurrido ese tiempo, una mañana de verano enciendo la computadora que está aun en mi habitación, entro a mi correo electrónico y noto que había escrito. Entre disculpas y perdones me decía que se encontraba en la Argentina y que ahora en adelante iba a establecerse en ese país que le vió nacer en pleno invierno del ´73. Me sentí “tranquilo” al saber que no le había pasado nada malo, pero no podía adormecer dentro de mi la idea de que en ningun momento pensó en mi y de cómo es que yo me sentía frente a la idea de que justo en el momento en que me había decidido a vivir las veces que sean posibles el amor en su esplendor.

Decidí no responder a ese mensaje, pues ese “detalle” que tuvo mejor hubiera caido si lo hubiese tenido días atras, para detener el circulo que rodaba sólo dentro de mi.

Yo tengo por costumbre no eliminar a nadie de mis listas de contactos de los mensajeros a los que suelo entrar, sea el de Hotmail o el de Yahoo. Hasta el día de ayer es que me di cuenta que Mauro tampoco me había “eliminado” de su lista (pero si muy cobardemente me habia puesto sin admisión, tal vez con el tonto propósito de evadir las preguntas que yo muy justamente le iba a formular).

Me encontraba como de costumbre viendo algunos capítulos de la versión española de una novela que en el 2000 tuvo mucho éxito en latinoamerica. En eso el video se congela y en la esquina inferior derecha aparece un cadrado con un ¡Hola! en letras mayúsculas (como queriendo llamar mi atención). Espero que se “descongele” la máquina y voy directo a ese mensaje, grande fue mi sopresa al darme cuenta que era Mauro quien me saludaba después de cerca de cuatro años ya.

Desde que se fue Mauro de la ciudad han pasado ya cerca de cuatro años y es ahora en que yo puedo decir tranquilamente, pero sin considerarme victorioso, que he logrado que los recuerdos que coleccioné estando a su lado duerman dentro de mi, no se donde pero que no me afecta en absoluto nada de lo que me pueda decir el actualmente.

Inevitablemente a mi se me acabaron los temas comodines para no tocar el tema del pasado, pero llegó el momento en que teniamos que tratar si o si el tema de lo que habíamos tenido ambos. Yo hubiese preferido no hacerlo porque no le encuentro un sentido razonable el hablar sobre temas que ya pasaron, y menos aun entre los protagonistas de la historia. Y mucho menos le encuentro el sentido a la petición que el me ha hecho: el de ser amigos, dejando de lado con quien esté cada uno.

Inexplicablemente y como un reflejo tonto busque entre mis archivos de audio la canción “Je l’aime á mourir” de Francis Cabrel. Canción que alguna vez me cantó por el mensajero (yo había viajado para la ciudad donde viven mis padres) y que me derritió y lloré; porque todo lo que provenía de el, cualquier gesto, o palabra, o hecho me emocionaba con tal efecto que me enmudecía y sólo atinaba a lagrimear.

Entre las cosas que me dijo fue: primero, que lo perdonase y que esperaba que no le guardase rencor alguno porque eso no le iba a gustar en nada. A lo que respondí que me da mucha lastima que no me llegase a conocer como soy en realidad ya que en siempre procura dejar los rencores para otras personas menos para mi. Finalmente, me pidió mi número de celular pero que se lo enviase en un mensaje de texto para estar más comunicados y que no me pierda porque el quiere ser mi amigo.

He sido sincero y hace unos minutos se ha vuelto a conectar y me ha dicho nuevamente que seamos amigos. Y yo he sido tan sicero como siempre y le he dicho que no creo en la amistad y que no le presto la atención que se merece a un amigo o amiga. Es algo idiota el pensar de esa manera pero muy a pesar de muchos es mi manera de pensar, aunque tampoco se trata de que sea un antisocial o misantropo, soy yo y nadie más. El muy a su estilo me respondió con: bueno Augustos yo te ofrezco mi amistad si tu quieres recibirla o no es tu decisión… pero si me necesitas para algo aquí estaré… ¡con lo que me gusta fastidiar a los demás! En realidad dudo que yo me acerque a el por algun motivo u otro, pero como dicen por alli “no decir de esta agua no he de beber”.

Ahh me olvidaba también me ha dicho que está más que seguro que llegará a Piura en este mes y que le gustaria que nos reunamos a cenar o a beber cualquier cafe.