¿Suerte?

Antes de salir de casa e irme a la estación de buses que van para la ciudad de Piura, mi madre me dijo: “Si te atreves a cruzar esa puerta espero tengas a dónde llegar porque no quiero que vayas a la habitación que con mi plata pago y no te despidas de mi”.

Con esas palabras ella creía que yo me iba a arrepentir de la decisión que ya había tomado de irme. Algo que no sucedió, pues yo cuento con un “juego” de llaves del lugar que alquilamos en Piura que utilizaba Ed cada vez que llegaba a la ciudad. Esto último no lo sabe nadie de mi familia. Y esas llaves he utilizado para tener un lugar donde refugiarme en este viaje de escape.

No dudo que algún amigo o amiga me hubiera ofrecido un espacio en su casa pero a mi no me gusta fastidiar a nadie. No he avisado a ningún conocido de mi repentino viaje –bueno, nunca lo hago jeje- porque no quiero hablar con nadie, lo único que deseo es comer algo y regresarme a la habitación para descansar del trayecto de dos horas.

Hace unas horas estuve por el centro de la ciudad. Lo primero que hice fue llamar a casa sin recibir respuesta de nadie –no he llamado desde mi teléfono celular porque estaba seguro que no me contestarían, pero me he dado cuenta que nadie quiere hablarme por ahora-. No llame a mi compañero de clase porque recordé que ha viajado para Lima por las vacaciones. Salí del local de teléfonos públicos y me dirigí hacia el único centro comercial que hay en Piura pues allí venden unos helados de crema que no son los mejores que haya probado pero tienen un sabor agradable, luego de acabar el helado me compré una hamburguesa para engañar el hambre que me carcomía por dentro.

Al Salir de “Plaza del sol”, y sin ganas de ir a casa aun, decido caminar. De pronto siento que alguien me coge el hombro, volteo a ver quien era la persona que se había atrevido a traerme nuevamente a la tierra, era Oscar –mi mejor amigo en persona-.

-¿Y tu qué haces por acá? –me pregunta tan sorprendido como yo estaba. Le miento: pues nada, acabo de salir del cine. –te creo porque sé que acostumbras ir siempre solo al cine –con una sonrisa medio sarcástica. “Elemental mi querido Watson” –le respondo con fastidio. Luego me pregunta si tenía algo que hacer y me invita a ir a su casa para conversar e invitarme algo para cenar.

Llegamos en menos de veinte minutos a su casa, allí se encontraba su mamá y su hermana menor. Muy amable la señora le dice a la chica que ponga otro lugar en la mesa y le aclara que el plato del invitado –quien era yo- no este totalmente repleto de comida –la señora sabe que yo no soy de comer bastante-. Después de la cena Martha avisa que saldrá con su esposo a una reunión familiar y me dijo que si me parecía me quedase esa noche a dormir allí.

Nos quedamos Oscar, la hermana y yo.  “Maffy” pone una película que hacía mucho no veía por la televisión –ese film es “El especialista” o “El profesional”, sinceramente no recuerdo como es el titulo- la misma que vi con las mismas ganas e interés que tuve cuando la vi por vez primera, y es que es una de mis favoritas películas. Para cuando terminó la película Oscar propone una competencia virtual en su play station, yo la verdad que dudé un poco, ya que he perdido práctica en el manejo de ese juego y no iba a ser del todo justo ese torneo. El haber dejado por mucho tiempo de jugar con el play station se hizo notar, pues fui el primer eliminado de aquel juego; después de haber sido eliminado sin compasión alguna les pido prestada su PC para conectarme a internet –y así avisarle a Joseph, a Ale Am y a Genius que no me verían conectado por estos días.

Sólo abrí mi correo electrónico, porque si me conectaba a alguno de mis dos mensajeros no me pararía de la silla en mucho tiempo. Así que le escribo a Joseph, luego a Ale Am y para cuando me asigno a escribirle a Genius la hermana de mi amigo se acerca con intenciones de hacerme la conversa, así que me vi obligado a cerrar la bandeja de entrada de mi cuenta de correo.

relojmatematicoLas horas pasaron de manera increible y ya eran las tres de la mañana y yo debía regresar para mi habitación. Me despido de cada uno con una invitación para que regrese mañana a almorzar. Ahorita son cerca de las cuatro y aun no tengo sueño, por eso es que estoy escribiéndoles.

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Lo que fue el martes 13

El día de ayer martes, que cayó día 13, quizá por eso es que amaneció gris y con el mi estado anímico -pero eso no es novedad por estos días- La cosa es que se mantuvo así durante las horas de la mañana, del mediodía y la tarde -aunque por ratos se asomaban timidamente los rayos solares, no fueron suficientes para calentar el tiempo.

Hace séis horas que ha empezado a llover: es una lluvia de gotas ligeras pero persistentes ¡Con lo que me gusta la lluvia! No hay mejor espectáculo que el ver callar a la ciudad ante el baño repentino que recibe desde el cielo. No algo más relajante que oir el encuentro de las millones de gotas con el suelo, con los tejados y con las hojas de los árboles. Y no hay algo mejor que el entrar en un éxtasis al percibir el aroma de la tierra a “tierra húmeda”. Por todo lo mencionado antes es que provoca en mi un disfrutar por cada minuto que transcurre junto a cada gota que se escapa de las nubes. ¡No dude en darme mi paseito por las calles húmedas cercanas a mi casas!.

No tengo idea de la hora en que dejó de llorar el cielo, pero sí sé en qué momento dejé de estar triste -y fue cuando me quedé dormido oyendo lejos las gotas descender.

Hoy el día siguió nublado por la mañana, hace algunos minutos ha salido el sol en todo su esplendor (son las 17: 30hrs) y como broche de oro para poner fin a un día lluvioso ha aparecido el arco iris -aunque desde donde está mi casa no se le puede observar, en la parte alta de la ciudad si que se debe ver ese fenómeno natural que asombrosamente hipnotiza al gusto humano-.

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Ayer por la tarde estuve conversando un rato con una compañera de clase de la Universidad en la que estudio. Se llama “Amalia”, ella es madre de un pequeño de cinco años, como tal nadie le gana en travesuras e inoportunidades, pero por ser niño es perdonable. Curiosamente y, felizmente, de manera equivocada siempre creí que yo le gustaba y temía desilusionarla al confesarle algo de mi que no siento miedo, ni verguenza, en responder si me lo preguntásen pero por ser discreto -más porque considero que no todo el mundo merece la pena que lo sepa- es que no ando pregonándolo por ahí.

Lo que le falta de belleza física lo tiene en belleza interior. No puede haber sido recompensada con gracia y rasgos faciales atractivos, pero si ha sido recompensada por el Ser Creador del universo en llevar dentro de sí la sinceridad, la discresión y la picardía que lleva todo piurano.

Lo cierto es que con Amalia he conversado muy esporadicamente (sobretodo en persona) pero esas veces han sido muy extensas -podría decir que la consideraría “amiga”- . Por eso me atreví a preguntarle si tenía algún concepto de mi. A lo que me respondió que si -lo que dudé… bastante!… para ser sincero-.

-“Eres un chico introvertido en ocasiones. Inteligente y directo, pues dices las cosas cuando algo no te gusta…. Pero además no sólo lo dices sino que lo demuestras con gestos o “actitudes”… Y algo que no me gusta de ti es que huyes” – me dijo-

-¿Huyo? -le pregunté-

Sí… cuando el momento o alguna pregunta no te agrada pues dices que te vas a comprar a la cafetería o que necesitas recoger un libro a la biblio… en otras palabras buscas alguna excusa para irte…”