Almuerzo servido

CRÓNICAInsalubridad en las calles

Almuerzo servido

Por: Ceaugmas y M.I.B.

La intersección de las calles Las Gardenias con Los Naranjos es uno de los tantos lugares de Piura donde los desagües colapsan, es aquí donde los vendedores ambulantes, quienes ofrecen todo tipo de alimentos al público, no toman en cuenta lo nocivo que es para la salud de sus comensales el ofrecer los menús al lado de las aguas servidas y cúmulos de basura


El reloj marca las doce del mediodía, el calor es insoportable, pero la sed lo es aún más. Una bebida fría no caería mal para refrescarse, piensa uno de los tantos pasajeros de la empresa de transportes Viceta que se dirige a Tambogrande. A pocos metros cerca del mercadillo Asociación de Comerciantes Concesionarios del Mercado Antonio Lee Rodríguez (Acomipomaler) que colinda con la avenida Sullana y la calle Los Naranjos, el sofocado viajero observa una juguería ´al paso´. A pesar del desagradable olor que emanan algunos charcos de aguas servidas, este se decide por un vaso de soya de la carretilla de Jorge Chocano.

Así como Chocano, que tiene 10 años trabajando en la zona, al otro lado de la calle se encuentra el puesto de comidas de Leonida Riofrío. Desde hace 2 años, ambos se quejan de que la EPS Grau y la Municipalidad de Piura no solucionan el problema de los desagües, en especial en este lugar. Asimismo, Leonida dice seguir las normas mínimas de sanidad para ofrecer a sus clientes un producto que no afecte su salud, aunque con una mirada rápida a su puesto se observe lo contrario.

Entre las normas de salubridad que debería seguir Leonida y todo aquel que tiene un puesto de comida según Orlando Lozada, el doctor del Ministerio de Salud, están: utilizar cubreboca; mantener las uñas cortas, limpias y libres de esmalte; usar protección que cubra totalmente el cabello; en caso de usar mandiles y/o guantes se deben desinfectar y lavar; se debe dotar de los implementos necesarios que garanticen que el agua que esté en contacto con el producto sea potable; debe disponerse de suficiente abastecimiento de agua, así como de instalaciones apropiadas para su almacenamiento y distribución, entre otras. Ella sabe de algunas, pero le cuesta “tiempo y algo de dinero acatarlas”.

Una carretilla con degastadas llantas, que simula ser un comedor y una cocina portátil a la vez. Leonida Riofrio, la dueña del puesto, no se avergüenza de ser ambulante. Mientras sirve la comida a sus comensales avisa a otros nuevos que el menú de hoy, y de otros días, ofrece dos opciones: arroz con tollo y menestra o pescado frito. Pero las personas no son las únicas que llegan hasta el puesto de comida. Un sin número de moscas asechan el lugar: algunas posadas en los manteles que cubren las fuentes de ceviche, otras revolotean en los platos de los clientes y un tanto más se divierten en los desperdicios que se han acumulado hasta el momento.

Al igual que las moscas, las cucarachas que se escapan alertadas por la inundación de sus hogares, escalan a través del jebe de las llantas y se pasean entre las ollas, los baldes con refrescos y los utensilios que forman parte del negocio de Leonida. Débiles telarañas surfean el vaivén del aire maloliente.

Los comensales lidian una batalla con cada bicho a la vez que se llevan una cucharada a la boca. Similar enfrentamiento tiene Riofirio al tratar de ocultar a los atrevidos insectos. No le importa matarlos con la mano.

Al lado del puesto de Riofrio se encuentran otros tres más, que por ser informales, no cuenta con un lavatorio para lavar los objetos que utilizan. Suelen tener dos baldes de agua turbia: en uno lavan y en el otro enjuagan. En el primero, unos cuantos trocitos de cebolla, otros de tomate y uno que otro grano de arroz flotan en la superficie del recipiente.  En el segundo, el  plato desaparece bajo las grises aguas. Antes de desbordarse el recipiente, la dueña del local lo arroja al buzón más próximo a su puesto. Las comideras no son las únicas, los jugueros y los vendedores de pescado también lo hacen.

 ¿Dónde estará la EPS Grau?- se preguntan la mayoría de comerciantes cada vez que las aguas putrefactas se hacen más evidentes y el aire, más insoportable.

E

s un poco más de las 12:30 y vamos hasta el local central de la EPS GRAU en busca de alguien que nos aclare el panorama. Hablamos con el jefe zonal de Piura, el ingeniero Luis Figallo Palacios,  quien no dudó en responsabilizar a terceros de ser los culpables de tal pestilente problema. “Frente al mercadillo los buzones de desagüe siempre se atoran porque los pescadores vierten las viseras de los pescados. No tienen una cultura ecológica”, acotó.

Figallo dijo que todos los desagües de la ciudad desembocan en el colector principal que está hecho de concreto. Este tiene más de 30 años y está sumamente deteriorado. Además,  recalcó que los trabajos hechos hasta el momento equivalen a un proyecto de 100 millones de dólares, dinero que no sale de las arcas de la compañía  de agua sino de los fondos con los que cuenta el plan ´Agua para Todos´ del Gobierno Central que se ejecuta desde hace un mes en Piura. Trabajos supervisados por el Gobierno Regional, que solucionarán el problema de los desagües y que el gerente de la EPS Grau calcula concluirán en tres meses.

S

on la una de la tarde y el caos invade el lugar. Buses interprovinciales, carros, mototaxis y personas apresuradas transitan por la zona.  Una joven en una moto lineal avanza lento para evitar que las aguas putrefactas mojen sus pies, pero no logra su objetivo. A pocos segundos un imprudente conductor de automóvil atraviesa el charco de desagüe y algunas gotas caen en los pies de la chica. Este es el panorama que se repite cada 15 días, según lo relata Roberto Benites, un vendedor de hielo.

Benites llega todos los días a las 7 de la mañana con su carretilla para acercarse a la cámara frigorífica que se encuentra estacionada frente a Acomipomaler. Compra cuatro bloques de hielo y se instala en la esquina del terminal terrestre de Emtrafesa.  Empieza su lucha contra el tiempo. El calor derrite gota a gota los bloques de hielo cooperando a que la laguna mal oliente se expanda.

Minutos después, los pequeños charcos forman una laguna, pero esta vez no es por el embalse de las aguas servidas, sino por la imprudencia de muchos de los comerciantes del lugar. Los rostros de los dueños de los distintos puestos no reflejan la preocupación por la disminución de su clientela. No es un día de pérdidas como cuando se escapan las aguas de los buzones que los obliga a movilizarse hasta el Parque del Niño Trabajador, ubicado en la avenida Sullana.

Los puestos de comida abarrotados, insectos y personas conviven a la hora del almuerzo, poco le importa a Benites porque a cada palabra que dice la sazona el sabor que llega a él en un taper. Lo mismo sucede con Reynaldo Rufino, vendedor de pescado del mercadillo, que degusta su comida sentado al lado de su colega Marco Casco, quien lava una galonera en unas pardas aguas y de olor poco agradable.

Casco, al espantar una mosca que osó posarse en su boca, refunfuñó y balbuceó su malestar. Luego, más calmado, respondió a la acusación que hizo el representante de EPS Piura, Luis Figallo, acerca de que ellos cooperaban a la congestión de los desagües. “Es mentira. Acomipomaler cuenta con una tubería que desemboca en el desagüe próximo; esta es protegida por una rejilla que retiene los elementos sólidos. Asimismo, los desechos que acumula cada comerciante son puestos en un punto cercano a la entrada, que después serán recogidos y llevados por un camión recolector de basura de la asociación del mercadillo”, nos narra Marco Casco. Sin embargo, aunque Rufino y Casco se esmeren por hacer prevalecer lo que afirman la realidad es otra.

Hace tres horas el sofocado pasajero que bebió un vaso con soya del puesto de Jorge Chocano, tomó el bus y ya habrá llegado a su destino. El tiempo transcurre y el caos de la zona disminuyó, son las 3 de la tarde, Leonida y sus compañeras recién pueden sentarse a comer lo que no se vendió. Ya todo está recogido. Muchos de los vendedores ambulantes que laboran en la intersección de Las Gardenias y Los Naranjos se marchan con la esperanza a que mañana no se escape el desagüe; pero el enemigo mal oliente se mantiene en el lugar.

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Entre plomos y plumeros

He oido decir muchas veces que la vida es injusta.He sido testigo de las miles de forma que puede adoptar la queja de una persona. Alguna vez oí decir a un “padrecito” que no todas las personas tenemos opciones en la vida y que, en ocasiones, el desnivel social ayuda a que todos los sectores no carezcan de atención: “Si no hubiera gente que necesita y que está dispuesta a ensuciarse para comer, no existirían los gasfiteros o albañiles…” (palabras del sacerdote).

Particularmente, considero que la vida no es la injusta. Los injustos somos nosotros. Sí, todos aquellos individuos que se consideran humanos -y no por ser “humanos” nos excusa de ser víctimas de actuar de cuando en vez con algunos matices de maldad-.

Dios nos hizo humanos porque nos otorgó sentimientos y la capacidad de servirle por siempre.

Por lo dicho antes, somos seres que podemos y deberíamos actuar para bien -eso sería lo ideal y adecuado-. Pero la realidad es otra. No todas las personas nos guiamos por ese don que Dios nos obsequió.

En la universidad existen ambientes, entre aulas, oficinas y los jardines ¡Todo muy limpiecito!Es muy agradable estudiar en un lugar asi. Un sitio en que todo aparentemente se encuentra en su orden, en donde las ventanas brillan sin rayadura alguna, en donde el suelo de los pasillos rechinan de limpios…

Toda esa aparente armonía y limpieza no sería posible si no trabajan en ello los muy reconocidos, y a veces fastidiosos, “plomitos”. Pero ellos no son los únicos, también están las señoras (un grupo de mujeres dedicadas a tiempo completo a laborar en el aseo).

Todos ellos son personas humildes que por 100 soles a la semana cursan largos trayectos desde sus casas a la universidad, pues varios provienen de zonas marginales, lugares en los cuales se puede respirar la pobreza  y observar lo injusta que es la vida.

Alguna vez un ex plomito me contó que los contratan con un sueldo vergonzoso; que el cargo es de mantenimiento, pero se encargan de podar el césped, de cuidar las ovejas, de mantener el orden dentro del campus universitario, entre otras. Hoy trabaja como seguridad en una conocida agencia de buses interprovinciales de la Sánchez Cerro.Y afirma contar con beneficios que no le reconocía la universidad; además, de un sueldo más humano y tiene tiempo para realizar otras actividades.

También está el caso de una de las tantas señoras que se encargan de la limpieza. Ésta dama del plumero fue operada hace poco -en ese tiempo había transcurrido un mes de su operación-. La encontré cerca del mediodía, aseaba la ermita, me preguntó por la hora, luego, pregunta tras pregunta llegamos al tema del trabajo. “Ay! jovencito, la mitad del sueldo se me va en los pasajes… trabajo porque la situación me lo exige…”

No sé como acabar éste escrito. Siempre me suele ocurrir lo mismo. Tampoco sé si alguna autoridad de la universidad a la que pertenezco llegue a leer este post; en caso sea así les digo que la vida no es la injusta, los injustos son los curas que contratan a hombres y mujeres para hacer mucho por poco.

3era noticia publicada de mi autoría

Política – Planes más viables

Empiezan talleres para asesorar a las agrupaciones políticas sobre sus programas de gobierno

Piura – 13/05/2010

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y la ONG Instituto Republicano Internacional (IRI) iniciaron hoy, en el hotel ‘Los Portales’, talleres dedicados a informar sobre las candidaturas regionales. Los encuentros, que serán hasta el sábado 15, se enmarcan en el proyecto ‘Voto Informado’. Sandra Sandoval Caramutti, coordinadora regional del programa, sostuvo que ésta fue una iniciativa del organismo electoral que se puso en práctica el 2006 para las elecciones generales, y que hoy se desarrolla en las 26 regiones del país.
El objetivo de ambos organismos es lograr que los 11 partidos y movimientos políticos que firmaron el Pacto Ético, el 27 de abril, presenten a las provincias de la región planes de gobierno viables. “Se les apoyará brindándoles la información necesaria para diseñar planes de asistencia humana, es decir, pensando en las personas”, aseguró Sandoval.
Hasta el momento, el JNE y la Unicef han organizado estos talleres en las regiones de Apurímac, Arequipa, Ancash, Cajamarca, Puno, San Martín, La Libertad y Cusco. En Piura y Junín, la ONG IRI brinda información con un enfoque de desarrollo humano a los partidos y movimientos regionales.
El proyecto ha cumplido con cierto éxito la primera etapa, denominada ‘Investiga’, que empezó con la firma del Pacto Ético. “Hemos solicitado toda la información necesaria de los tres representantes de cada organismo político que participarán en los próximos talleres”, acotó Sandoval.
Con los talleres se inició la etapa ‘Ejercita’, en la que los partidos y movimientos regionales aprenderán cuáles son los objetivos y beneficios que conlleva el elaborar un plan de gobierno adecuado y más humano.
Sandoval Caramutti habló sobre la posible participación, en los días del taller, de los representantes del Partido Aprista Peruano (APRA) y del movimiento Alianza para el Progreso, con los que se reunió el pasado lunes y martes, respectivamente.

El significado de ser talareño

Ser talareño es mucho más que haber nacido en aquella tierra caliente refrescada por una brisa permanente. Ser talareño es muchísimo más que considerarse como tal por llevar en su DNI ese dato. Ser talareño es sentirse orgulloso e identificarse con la tierra que nos ha visto nacer, y si no, por aquel lugar que nos ha adoptado como ciudadano suyo.

Yo tengo la dicha de haber nacido aquí y de ser producto de dos talareños más -mis padres-. Yo tengo la felicidad de aun seguir viviendo aquí, a pesar de la problemática que pueda existir en esta tierra amada. Yo puedo decir a viva voz que talareño soy y a mucha honra señores.

Sé que las cosas han cambiado en Talara: que ya no es posible respirar un aire limpio -debido a la refineria-, que nuestros representantes políticos dejan mucho que desear, que ya no es posible dejar las puertas abiertas como antaño, que ha crecido mucho la ciudad y, por ende, muchos hemos sido alguna vez victimas de las malas costumbres de aquellos foráneos y que es hora de despedirnos de aquella idea que Talara es la capital del oro negro.

Talara ha dejado de ser capital del oro negro, pero ha ganado un buen nombre por sus playas, comida y habitantes. No dejemos que nadie ensucie el nombre de nuestra provincia y que denigre el verdadero significado de ser talareño… Por eso pido a cualquier talareño que se encuentre lejos ponga bien en alto el nombre de nuestra adorada Talara.

Talara volverá a ser el motor de riqueza del Perú, su nombre retumbará cualquier oido nacional o extranjero y todo el mundo se enterará que en la zona noroeste peruano existe un cálido lugar llamado Talara… y el Torino volverá a ser campeón de la copa nacional.

Señores, aunque bastante tarde, quiero dar un abrazo a toda persona que haya encontrado el significado original de ser talareño y no quiero desaprovechar la oportunidad de desearle un feliz cumpleaño número cincuenta y cuatro a la tierra que aun me acoge.

Aniversario de Talara

fuegos_artificialesSon exactamente las cero horas. Me encuentro sentado frente a la portátil escribiendoles algo, frente a mi está en ventanal que da visión para lo que antes era un gran jardín -hoy reducido a pequeños cuadrados verdes de pasto y eso es-. Ventana que me permite ver reventarse los fuegos artificiales en el negro cielo que cubre la ciudad en esta noche de casi otoño.

Hoy 16 de marzo es el cumpleaños de Talara. Han pasado ya 53 años en que se promulgó por ley que dejaría de ser un campamento para convertirse en una ciudad.

Talara es relativamente joven y en tiempos de antaño fue productora del más del 50% del petróleo producido en el país. Por tal razón se dió el fenómeno de migración… todos querían vivir en Talara.

Este año las autoridades han cometido una “burrada” en haber cambiado la ubicación de la feria talareña. Para empezar el sitio no está preparado para andar y es mucho más pequeño que el verdadero local que acogía a esos talareños que gustan de ir a la feria talareña.

Personalmente no me agrada asistir a lugares tan populares, siento fobia de tan sólo imaginarme un tumulto de gentes aglomeradas. Tal vez son ideas mías, muy tontas por cierto, pero soy asi. Pero si me agrada oir los comentarios de las personas que si van a sitios como esos. Y la verdad que no son muy buenos lo que he oido respecto a la feria talarreña

A los talareños

Talara – Granada – Andalucía – España.

ESCRITO UN 8 DE SEPTIEMBRE.


locationvalle_de_lecrinTalareños. Ya arrecia el frio. Ya la rinconada está cubierta de nieve. El viento de la sierra derriba con fuerza las hojas de los árboles y hace que las pellizas y los abrigos salgan de los armarios. Las naranjas colorean y el aire se enriquece con un apacible olor a chimenea y pestiños. Y lo más importante de todo, Isauro, mi amigo Isauro, empieza a dar vueltas por las calles de Talará. Todo esto anuncia algo maravilloso: ¡¡COMIENZAN LAS FIESTAS DE TALARA!! Fiestas que yo hoy tengo el honor de pregonar y que el que debería hacerlo por méritos propios es Isauro, el talareño más talareño que conozco.

Si algo caracteriza las fiestas de este nuestro pueblo es el frío. Ese frío intenso que se cuela por las orejas cuando todos los talareños y amigos de otros pueblos vamos por la noche en procesión detrás de nuestra Inmaculada y nuestro Santo Cristo del Zapato. Eso pasa porque Talará es un pueblo castizo. Fiel a sus orígenes y a sus tradiciones. Mientras otros muchos pueblos cambiaron sus fiestas al verano nosotros seguimos aquí en invierno, porque el día ocho de diciembre es el día de nuestra fiesta. El día de la Purísima y según cuentan los mayores del lugar, La Purísima quiso que continuaran en estas gélidas fechas porque una vez las cambiaron al verano y hay quien asegura que nevó. Por eso el día ocho de diciembre es el día más grande de Talará. Porque Talará es grande, muy grande, aunque cuando yo era chico sólo tuviera dos calles. Estaba la carretera y la otra calle. Calle la mitad de larga que la carretera a la que a la pobre nadie llamaba por su nombre: Calle Puentezuelas. Nunca me pregunté por qué todos la llamábamos la otra calle, hasta que con los años descubrí que en mi pueblo sólo había dos calles, porque las otras: calles de chite y Mondujar casi no eran calles por lo pequeñas que eran. Y los barrios de las Eras y de la Cañota, estaban lejos, bastante lejos. Eso era Talará, la Carretera y La otra calle. Calle que debería reivindicar su nombre popular como nombre oficial.


Tengo que confesar que a mí siempre me preocupó el origen de este nombre. Talará sonaba raro. Un poco a cachondeo. Un día cayó en mis manos el libro de D. Luis de Mármol Carvajal, Rebelión y castigo de los moriscos. Libro difícil de leer donde los haya. En el libro, este señor, cuenta en primera persona, porque participó en ella, la guerra de 1568 en la que los moriscos de la Alpujarra y del Valle de Lecrín se sublevaron por los reiterados incumplimientos de las capitulaciones por parte de los reyes de España. En este libro se describe con profundo detalle los lugares de los distintos escenarios de la guerra. Cual no fue mi sorpresa cuando en el capítulo XXXI pasa a describir el valle de Lecrín. Hace más de cuatrocientos años ya existían los mismos pueblos que hoy y con sus mismos nombres. Sólo uno había cambiado el nombre. Harat Halarabat. Para los cristianos que llegamos a estas tierras debía ser difícil pronunciarlo y lo hicimos más sencillo: TALARA.


talaraEstoy orgulloso de este pueblo y de este nombre. Hace tiempo, buscando cosas en internet, descubrí, ¡OOh sorpresa! Que hay una provincia en Perú con nuestro mismo nombre. La provincia de Talará. Provincia extensa y rica en petróleo, con playas al Pacífico, pero desconocedora de sus raíces. Hay que decirles a estos peruanos, porque creo que no lo saben, que el nombre de su provincia y de su ciudad significa Barrio Arabe. Y no sólo existe esta región con este nombre, existe también la ermita de Castilleja de Talhará. Bien es cierto que con h intercalada, pero Talará al fin y al cabo. Esta ermita es un monumento religioso fechada en el siglo XIV, que se encuentra en la localidad de Benacazón en la provincia de Sevilla, situada en el despoblado Castilleja de Talhara.

Como vemos nuestro nombre es importante. Un nombre que alguien con mucho orgullo llevó al otro lado del Atlántico para instaurarlo en tierras americanas y una ciudad, Talará del Perú, que cuenta como una de sus más importantes parroquias la de la Purísima. ¿Será casualidad?
Esta Purísima y este Santo Cristo del Zapato tan propios nuestros y tan queridos por los Talareños.


Pero no sólo los talareños queremos a la Purísima, también la Purísima quiere a los talareños y que a mí me conste más de un milagro ha obrado en su ayuda. Yo viví uno de esos milagros. Siendo yo un crío, muy crío, asistía como monaguillo al cura párroco de aquel tiempo, creo que se llamaba D. Antonio. Por entonces los fuegos artificiales se tiraban en la plaza. La virgen en la plaza, el cura y los monaguillos delante (yo incluso con el calderillo del agua bendita y vestido con mi sotana) los fuegos subiendo al cielo y la plaza a reventar de gente. En esto que un camión sin frenos aparece lanzado por la curva del ventorrillo Garví. El conductor al percibir que no había por donde pasar en la plaza se arrimó al lado derecho de la carretera empotrando el camión contra las casas y lo que podía haber sido una matanza, de este monaguillo incluido, sólo terminó en un susto. Aquel día todos pensamos que la virgen nos había librado y todos sin excepción dimos gracias a la Purísima.

La verdad es que aquellos eran otros tiempos. Tiempos tranquilos. Tiempos pobres, pero apacibles. El mundo iba más despacio. Apenas había coches y los que había iban muy lentos. No hace mucho mi cuñada Mari me leía una carta que le escribí desde Francia en la que le decía: me he subido en un coche que corre más de 120Km. Talará era Tranquila, como los tiempos. En aquella época la escuela estaba donde hoy tenemos el ayuntamiento y los niños jugábamos al futbol en la carretera, la única que había. Si se le ocurría aparecer a algún coche alguien gritaba: ¡que viene un coche!, retirábamos las piedras que servían de portería, el coche pasaba y nosotros seguíamos jugando. Recuerdo los personajes entrañables de entonces. Estaban allí. El tío de los helados, al que yo siempre pedía dos de dos reales hasta que me demostró, diciéndome tonto, que su contenido era menos que uno de peseta. El hombre de los garbanzos tostados, del que yo siempre pensaba que estaba mal de la cabeza, porque le dabas un tazón de garbanzos crudos y él te daba uno de tostados. No lo entendía. El de las tortas y bollos que traía unas cuñas de chocolate fantásticas y que nunca más he vuelto a probar tan buenas. Eran personajes del paisaje, pero luego estaban los personajes del pueblo. Personajes de toda la vida. Los primeros maestros que conocí: D. Jesús y Dª Aurora con los que muchos aprendimos los primeros números y las primeras letras. Personas queridas y que los días de la primera comunión preparaban las escuelas (había dos: la de los niños y la de las niñas) como nadie para que los niños vestidos de blanco como el armiño, pudieran celebrar su comunión comiendo un chocolate con bollos de aceite. Recordad como terminaba el traje después de esa chocolatada. Recuerdo a D. Enrique, el boticario, al que cuando llegó la televisión, todas las noches se le metía en el salón de su casa un zalabal de críos. ¡Qué paciencia tuvo, Dios mío!. Recuerdo a Pepe Sanchez, sobre todo por su nombre. ¿Quién no aprendió a nadar en la alberca de Pepe Sanchez?. Recuerdo a Pepico el del cine, que el hombre, cuando ya la película llevaba un rato, nos dejaba pasar a todos los críos que esperábamos en la puerta.
Eran tiempos pobres, pero precisamente por esa pobreza la fiesta se vivía con una gran intensidad. Las fiestas, cuando se podía, se preparaban con esmero. Se hacían las magdalenas, los pestiños y los roscos. Y el mejor gallo del corral tenía las horas contadas. Aunque no siempre se podía. Como cuenta mi tío Miguel algún año se tuvieron que suspender las fiestas y cuando los parientes, que vivían en la ciudad, llegaron para celebrar la fiesta, el abuelo les espetó: Donde vais, si no hay función. ¿Venís a comeros la inclusa santa y a echar al viejo de la cama? Afortunadamente los tiempos han cambiado. Nos hemos hecho ricos y la necesidad ya no obliga. Han cambiado muchas cosas, pero hay una que permanece y que es típica de estas tierras. Las fiestas no son cosa del Ayuntamiento. Las fiestas las prepara el pueblo. Son los mayordomos, agrupados por barrios, los que con su entrega y dedicación hacen posible año tras año que estas fiestas se celebren. Hubo un tiempo en que las fiestas estuvieron a punto de desaparecer. No había candidatos a mayordomos. Entonces, D. José, el párroco de Talará, decidió que cada año fuera un barrio distinto el que preparara las fiestas. Decisión acertada. Dicen que la competencia estimula el quehacer bien hecho y eso pasó con las fiestas. Cada barrio y cada calle competía con la del año anterior para ver quien lo hacía mejor. De esta forma, esta institución de los mayordomos funciona a la perfección.
Gracias mayordomos por vuestra entrega y dedicación. A los de este año y a los de todos los años. Entre todos hacéis posible que estas fiestas tan queridas continúen. Gracias por vuestra imaginación para conseguir el dinero que hace falta. Gracias por las horas que dedicáis a pedir. A preparar las rifas. A la venta de lotería. Gracias por esas chuletadas y esas gigantes paellas. Gracias por las cucañas y por las carreras de cintas. Gracias por las mayorettes, tan muertas de frío siempre. Por la música que nos despierta con sus pasos dobles y sus marchas matutinas. Gracias por la cantidad de cohetes que estallan en el cielo de Talará. Gracias mayordomos.
Y gracias a vosotros, mayordomos de este año, por pensar en mí para pregonar estas fiestas. Sin duda os digo, que ha sido una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida. Porque la más grande que he tenido es ser hijo de quien soy: Paco y Amalia. Las personas que más quiero junto con mis hijos.


Autoridades, mayordomos, TALAREÑOS: a disfrutad de las fiestas.
Viva La purísima.


http://www.mispueblos.es/andalucia/granada/talara/noticias/

El dejo piurano

Al igual que lo publicado abajo éste también es un escrito hecho por el profesor Arrizabalaga.

Una de las acepciones que el Diccionario ofrece del sustantivo “dejo” define lo siguiente: “acento peculiar del habla de determinada región”. El español en Piura presenta un “dejo” característico, que permite reconocer fácilmente a los hablantes piuranos por su forma de hablar diferente al de otras regiones del Perú, fundamentalmente por la entonación, que a veces se ha explicado, sin fundamentos probados, como una influencia andaluza, como influencia del habla de México y Centroamérica o como sustrato de las lenguas tallanes.

Carlos Robles Rázuri decía que fue “tal vez la influencia andaluza la que le ha dado el acento cantarino, armonioso” al habla local. Sigue la opinión que mostrara Víctor Eguiguren, quien en 1894 afirmara que era común comparar la forma de hablar de los “sechuras o sechuranos”, por “cierta gracia en el decir”, con la de los andaluces. Reynaldo Moya Espinosa cree, por el contrario que la originalidad de la “dulce entonación” de los piuranos, que motiva en otros lugares tantas bromas, constituye un “sello de la piuranidad” conserva la traza de las antiguas lenguas locales, tan diferentes del quechua y las demás lenguas andinas: “el sec no murió del todo, ya que su entonación fonética se trasladó al castellano”.

Juan Alvarado Chuyes tiene una teoría que merece un comentario más extenso: “Esa entonación cantarina que nos identifica al hablar, dice Alvarado, nos vino a los piuranos desde el mero México. Y así es como tenemos un dejo peculiar en el país. El mismo que, lejos de la patria, hace que se nos confunda con los propios mexicanos.” La razón es que la primera población de Piura se vó muy aumentada con los aventureros españoles, indios guatemaltecos y mexicanos así como buen número de esclavos negros que acompañaron a Pedro de Alvarado, hipótesis que supone que “nos quedó con ellos el dejo”. Si bien estos hechos son ciertos, más parece que la presencia de un vínculo con México y ciertas semejanzas, se deben más particularmente a la relación comercial que unió el puerto de Paita con Veracruz durante los trescientos años de la dominación española.[1]

EL CANTANDITO DEL DEJO

Indudablemente la entonación es el aspecto más inaprensible de las lenguas, a pesar de que el lenguaje es básicamente vocal. La escritura es un artificio subsidiario, no imprescindible, y relativamente reciente en la historia de la cultura humana, pero es más fácil de analizar. Hablamos empleando sonidos diversos que reflejan en una lengua un número asombrosamente limitado de fonemas, en castellano 22, 23, o 24 según los dialectos. Articulamos sonidos que necesariamente tienen alguna duración, intensidad, timbre y tono. No hay sonido que carezca de tono, aunque a los sonidos que presentan tonos inarmónicos los llamamos “ruido”.

Un amigo taxista oriundo de Huancayo pero afincado en Piura desde hace 9 años, me comentaba: “En Piura tienen su dejo, hablan cantando”. Yo le pregunté entonces: ¿En Huancayo también cantan? “También -respondió-, cada lugar tiene sus modos de hablar, sus costumbres, sus fiestas…”

Con la claridad con la que se expresaba mi taxista querría yo explicar dos o tres cuestiones acerca del acento piurano, esto que todos conocemos y, sobre todo los foráneos, intentamos describir con adjetivos diversos: El hablar piurano es musical, melodioso, cálido, pausado, cantarín, cadencioso… Adjetivos que no son sino aproximaciones limitadas a un hecho difícilmente analizable, aunque perfectamente empírico. Veamos cómo dos escritores peruanos nos informan del dejo piurano.

Mario Vargas Llosa, casi al inicio de La casa verde presenta a un personaje enigmático que recién llega a Piura de la siguiente manera:

“Se llamaba Anselmo y decía ser peruano, pero nadie logró reconocer la procedencia de su acento: no tenía el habla dubitativa y afeminada de los limeños, ni la cantante entonación de los chiclayanos; no pronunciaba las palabras con la viciosa perfección de la gente de Trujillo, ni debía ser serrano, pues no chasqueaba la lengua en las erres y las eses. Su dejo era distinto, muy musical y un poco lánguido…”[2]

Vemos que de forma muy inteligente aprovecha Vargas Llosa el rasgo de la entonación para crear un misterio en torno a Anselmo: nadie en Piura reconoce su acento, por lo que no puede adivinarse su procedencia de ningún modo. Interesantísimos resultan los comentarios, nada científicos pero atinados, acerca del acento de limeños, chiclayanos, de la gente de Trujillo y del serrano, que serían precisamente los que los personajes del relato distinguirían en su entorno ordinario.

Efectivamente, como mi amigo taxista, todos podemos apercibirnos de la existencia de nuestro propio acento cuando la llegada de un extraño que habla distinto nos permite contrastarlo con el otro. Los demás hablan distinto que nosotros. El dejo es una especie de “marca” o “señal” de identidad.

Aquí se manifiesta que el lenguaje es un hecho social, cultural. Y como todo hecho social, tiende un equilibrio inestable entre el “espíritu de campanario” y la fuerza del intercambio, entre el particularismo y la comunicación. Aquel es centrípeto: busca señalar la identidad propia y diferenciarla de la de los otros. La fuerza del intercambio es centrífuga y solidaria: busca confundirse en una identidad mayor compartida por muchos, en proporción a la cercanía y a la intensidad de la comunicación.

LA ENTONACIÓN IDENTIFICA

La distancia de Piura respecto a Abancay es lo que hace que Gerardo, el hijo del comandante, el niñito piurano recién llegado que Ántero presenta a Ernesto, el protagonista de Los ríos profundos, se destaca no solamente porque “el costeño caminaba con más donaire” o porque miraba “vivazmente” a las muchachas, sino porque hablaba “al modo de los costeños, pronunciando las palabras con rapidez increíble” y además “cantaba algo al hablar”. Con él tendrá luego Ernesto una pelea con puntapié incluido, aunque eso es harina de otro costal. Lo importante es que el forastero es fácilmente identificado por los demás niños:

“Un costeño, en lo denso de los pueblos andinos, donde todos hablamos quechua, es singular, siempre; es diferente de todos.”

El dejo compartido identifica a los hablantes de una región particular y es su rasgo diferenciador con respecto a los hablantes de las demás regiones. Dentro de una lengua hay características comunes en la entonación que la identifican con respecto a las demás lenguas. A su vez dentro de una lengua como el castellano hay diferencias en la entonación de unas regiones a otras, así como del habla rústica al habla urbana, y en los diversos niveles socioculturales del habla de un lugar, como de los distintos tipos de discurso que un mismo hablante sabe realizar.

Anselmo proviene de otro lugar por lo que tiene distinto dejo. Pero pronto se acostumbra a Piura: “Pronto aprendió las fórmulas del lenguaje local y su tonada caliente, perezosa”, dice Vargas Llosa. Son calificaciones completamente subjetivas, por supuesto. La entonación no es “caliente” ni “fría”, como tampoco “perezosa” o al contrario, “trabajadora”. Así lo expresa como limeño Vargas Llosa, confundiendo quizás el habla con el carácter de los hablantes o con el clima de la región.

Lo cierto es que la entonación de un habla regional viene marcada por un ritmo y una velocidad, y un conjunto de combinaciones tonales más o menos fijas. Todas son musicales, todas tienen ritmo, todas “cantan”, porque todos cantamos al hablar. En castellano parece que la velocidad normal de la voz articula entre 8 y 12 fonemas al segundo. En general, cada ocho o diez sílabas busca una pausa, obligada naturalmente por la necesidad de tomar el aire necesario y de interpretar mentalmente la frase escuchada o la que se va a pronunciar seguidamente. La entonación unifica cada enunciado y sirve para distinguir la modalidad de las oraciones. Si decimos: Hace mucho calor estamos dando una afirmación. En cambio si decimos: ¿Hace mucho calor? expresamos una interrogación, y al decir: ¡Hace mucho calor! una exclamación.

La voz masculina es proporcionalmente más grave que la voz femenina, por el distinto tamaño de las cuerdas vocales, más largas en los hombres que en las mujeres y los niños. Las voces agudas se asocian con estados de nerviosismo y de alegría, mientras que las voces graves parecen tristes o deprimidas.

Si bien estos principios son generales o universales en las lenguas (dados por las condiciones fisiológicas de la voz humana), cada lengua tiene secuencias de tonos “normales” y dentro de una lengua el habla de cada región se acomoda a unos moldes particulares, y lo cierto es que el dejo piurano es, como dice Martha Hildebrandt, verdaderamente divergente y singular. Así los piuranos siguen distinguiendo perfectamente al foráneo o extranjero nada más que este “forano” pronuncie unas pocas palabras. Solamente por la entonación.

PIURA EN EL LENGUAJE PERUANO

Pedro Benvenutto Murrieta hizo el primer estudio del castellano en el ámbito nacional en 1936. Establece una primera división dialectal, más por intuición general que como resultado de una comprobación minuciosa, ya que constata “la ausencia de trabajos sistemáticos” y los “escasos datos” con que cuenta.[3] Ubica a Piura dentro del dialecto litoral norteño señalando algunos rasgos fonéticos, aunque al describir su división atiende básicamente a la entonación, mostrándose un poco impresionista. Así, dice que la pronunciación en el litoral centro y sur es “igual a la de Castilla en España” pero “su evolución se parece mucho a la andaluza”. Del mismo modo no es muy exacto ni preciso cuando dice: “El litoral norte, dice, se diferencia muy particularmente en la entonación”. Los rasgos en que identifica el hablar piurano son los siguientes:

1. La epéntesis de y en piqueyo, riyó, seyas… “se observa con mayor intensidad en el litoral norte; en Lima se presenta raras veces”.

2. “El seseo constituye uno de los rasgos más característicos de la pronunciación peruana. No es, sin embargo, uniforme en todas las regiones. En la costa se articula la s como en Andalucía. (…) En la sierra predomina la variedad castellana purísima, la s silbante”.

3. “El yeísmo de la costa tiene dos modalidades. En el norte (Tumbes, Piura, Lambayeque y Libertad), se relaja la y hasta el extremo de que el vulgo la suprime enteramente en el medio de las palabras, pronunciando gaína, caudío, gamarría, botea, a pesar de que en voces como maliceyo, repiqueteyo, piqueyo, donde es pegadiza, la articula con cierta africación”[4].


PIURA ES UNA REGIÓN AFORTUNADA

Cuenta con la primera y única descripción detallada hecha de un dialecto local peruano. Fue elaborada por Martha Hildebrandt en 1949 con el título: El español de Piura y le valió como tesis para optar al título de doctor en letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos[5]. Sin pretender un “estudio exhaustivo”, hace observaciones muy interesantes de la fonética, caracterizada por arcaísmos y vulgarismos como: agora, escuro, jarto, jumar, cirgüela, por la diptongación de hiatos: maistro, rial, pérdida de la palatal gaína y epéntesis palatal: criyatura, feyo, aspiración de -s implosiva ante velar: mohca, y velarización de -n final.

En su tesis, Martha Hildebrandt observaba muy atinadamente que, frente al aislamiento que vive Piura con respecto a Lima, existía un gran intercambio comercial con Ecuador, del que “se interfiere un intercambio cultural intenso”. Una ruta comercial, muy transitada sobre todo en tiempos del virreinato, unía el puerto de Paita y la ciudad de Piura con las ciudades de Loja y Cuenca, en la sierra sur del Ecuador. Piura fue, históricamente, parte del obispado deQuito hasta la creación, a mediados del siglo XVII, del obispado de Trujillo.

También Peter Boyd Bowman señalaba en 1953 “la continuidad fonética entre las costas de Perú, Colombia y el Ecuador (…) frente a la de sus provincias andinas”. Estimaba el hispanista norteamericano que “las fronteras actuales del Ecuador con los países colindantes no corresponden ni a fronteras naturales, ni a fronteras lingüístico culturales (se habla el mismo español de ambos lados), ni a fronteras políticas antiguas (incaicas y coloniales). Por fin, en un estudio reciente, el norteamericano John Lipski vuelve a considerar la costa norte del Perú como variedad diferenciada de castellano, de nuevo basándose en rasgos fonéticos (pérdida de palatal sonora, así como de oclusivas sonoras intervocálicas: cuchío, botea, en vez de “cuchillo”, “botella”, etc).[6]


LA PRONUNCIACIÓN DEL CASTELLANO EN PIURA

Se caracteriza por una serie de rasgos, que se pueden percibir con más intidez en el habla popular de las calles de las ciudades de Piura y con mayor intensidad todavía en el extenso campo de los valles del Piura y el Chira. En la serranía de Huancabamba y Ayabaca se dan rasgos propios del español andino con algunas diferencias que procuraremos señalar aunque éste sea sólo un panorama general. Nos apoyaremos en la literatura regional particularmente en la narrativa de Enrique López Albújar y Carlos Espinoza León, además de los estudios etnográficos de monseñor Miguel Justino Ramírez y en los repertorios y diccionarios de piuranismos de Robles Rázuri, Puig, Arámbulo Palacios y Carlos Arellano Agurto, además del repertorio sechurano recogido por César Arrunátegui Novoa.[7]

Esteban Puig considera que las “contracciones por supresión de letras” o “las deformaciones” que ocurren en el habla piurana “se producen por hablar apresuradamente o por la “flojera” con que se pronuncia arrastrando perezosamente las sílabas”, constituyendo junto con la creación de giros, frases e intrerjecciones uno de los aspectos más interesantes del folclor piurano. Edmundo Arámbulo destaca “lo indiscutible y escepcional” que es “la graciosa, vivaz y cantarina forma de hablar de los piuranos”. Sin duda que estos estudiosos y otros muchos que se han intersado por las peculiaridades de esta región norteña aportan una valiosísima información a la ciencia lingüística, incluso sin tener una formación rigurosamente científica en la materia. Intentaremos brindar aquí un análisis algo más riguroso en el que no pueden faltar algunos términos técnicos quizá confusos para la mayoría, pero necesarios para indicar con precisión la naturaleza del fenómeno detectado. Sirvan aquí al menos para tener una primera descripción detallada del dialecto.


CONSONANTISMO

En la costa norte predomina el seseo de tipo predorsal (se articula con el predorso de la lengua), aunque se ha detectado una variante dentalizada en posición intervocálica. Tiende a aspirarse en posición implosiva, generalmente ante consonante velar: ehkondido, buhkando, pihco…, aunque es una pronunciación sentida como reciente, má propia de los jóvenes de clases acomodadas por imitación al habla limeña difundida principalmente a través de las novelas televisivas. El habla popular debilita la implosiva casi siempre en las partículas pue’, enton’ (por “pues”, “entonces”). En la sierra la sibilante es más aguda porque se suele pronunciar acercando la punta de la lengua a las encías de manera apical en lugar de predorsal. Por ello es más tensa y no suele perderse en ningún caso, como ocurre, en general, en todas las tierras altas de América.

En general el consonantismo de las provincias andinas es más tenso y realiza con total perfección la pronunciación de las sonoras intervocálicas: cada, sabido, acabado, bodega…

Toda la provincia es “yeísta”, aunque el habla rústica de la sierra conserva escasamente la lateral palatal, sobre todo los hablantes mayores de cuarenta años. Se producen muchas disgrafías por este motivo, incluso en autores cultos, como el propio Arámbulo Palacios, que escribe cabaya (35). En la costa es general la pérdida de la palatal en contacto con la vocal i: cucharía, mantequía, servieta, granadía, rodía, gaína.[8] Encuentro en un relato infantil “hornias de carbón”. Edmundo Arámbulo consigna la pérdida de la palatal del diminutivo en el término: cagarrutia de golondrina (38). El fenómeno da lugar a ultracorrecciones como sandilla[9]. En Sechura se conserva un arcaísmo en el nombre de la chirimía (antiguo instrumento musical), que todos dicen y escriben aquí chirimiya para referirse a un grupo de músicos tradicionales. Y en Sechura también se nombra a un personaje de una danza típica de Nochebuena la Mariquía (Arrunátegui, 48).

Este rasgo fonético, ya obsevado por Pedro Henríquez Ureña en 1921 (probablemente por las noticias que le proporcionara Riva Agüero, vincula efectivamente la costa piurana con México y parte de Centroamérica, por lo que no dejan de tenera razón, aunque sea en parte, los que defienden un vínculo lingüístico entre Piura y México: es el puente de tablas del antiguo comercio portuario entre Paita y Veracruz el que trae y lleva, con las mercancías, las palabras con sus características pronunciaciones (también formas gramaticales como sus mercedes, ya en desuso en este dialecto, pero aún usual en extensas zonas de Colombia).

En general, la consonante velar es poco tensa y puede aspirarse: bahamos, tehas, abaho. La consonante /f/ puede pronunciarse bilabial [φ]. El habla rústica la velariza ante /u/: juerte, ajuera, jueron, junciona. También se puede velarizar la bilabial: “no golverá a tocarme” (López Albújar, 83). Todas las sonoras intervocálicas se pronuncian con poca tensión, y sobre todo –d– puede perderse: toitito, terminao, parao, abogao. Es sentido como vulgar: pelau, robau. Son de uso extendido en el campo expresiones como majau o tuitas en lugar de “majado” y “toditas”. La -d final se pierde siempre, lo que provoca disgrafías: verdá, vitalidá, así como otras que he podido registrar en ejercicios de los estudiantes hábitad, búsquedad, espíritud…

En la costa se han detectado algunos casos de rotacismo: arquilar, arfiler. Son esporádicos los cambios acentuales: háyamos, carácteres, kilógramo, méndigo. Los grupos cultos vacilan: cáusula (pero también: actógrafo). En Ayabaca detectamos inseptos.

Hay restos de h- aspirada, convertida en jota, que en el caso del peruanismo jato (originalmente ‘cabaña’, ‘casucha’, que ha producido algunos derivados: jatear, quedarse jato, jateada) se han generalizado al incorporarse al habla urbana, a través del habla juvenil. Se dan muestras de una antigua conservación de la velar procedente de la h aspirada andaluza no sólo en el americanismo de origen marino jalar, sino también en términos de uso rústico o vulgar: jediondo, juido, jijuna (“hijo de una”) y juyir, registrados en Arámbulo Palacios (págs. 146, 147 y 148), así como el americanismo enjorguetar (derivado de “horca”), que aquí recibe la acepción de “colgar a las personas algún objeto o encargar un niño para que los trasnporten” (99). Y tal vez en jerguir ‘vara que termina en forma de horgueta en la que se amarra el copo de lana o algodón’, y en jiguana ‘culebra voladora de vientre amarillo’ (127) que registra el padre Esteban Puig.

En la sierra piurana se asibila –rr–, sobre todo intervocálica: arriero, carro. Las consonantes mantienen su timbre aquí y en cambio es común la pérdida de la vocal postónica: dients, entons’s, gras’s, estam’s, nosotr’s.


VOCALISMO

El vocalismo del habla piurana se caracteriza por diptongar los hiatos, (es decir, cerrar la vocal /e/ un grado para convertirla en /i/) hecho que afecta de modo general a los frecuentativos en –ear (que se convierte en –iar) y a combinaciones similares: golpiar, pasiar, bloquiar, voltiar, peliar, huaquiar, gasiosa, coloriado, petrolio, pión, tias parao. Por ultracorrección podemos encontrar las incorrecciones: vacea, vacear, en vez de vacía, vaciar, sí como negocear en lugar de negociar. Edmundo Arámbulo registra las formas asoliar (20), campiar (40), curiosiar (61), chispia y chispiar por chispea y chispear (77), fresquiar (110), lambiojospior (222), regodiar como ‘hacer las cosas de mala gana, sin mayor interés’ (243), sombriar (261), aunque sin diptongo registra “penquear” (217). Esteban Puig anota ojiar (161).[10] En la sierra este fenómeno no está tan extendido, pero hemos escuchado: vandiar el río, en vez de “vadear”, aunque el verbo significa, en la costa, más bien moverse de un lado a otro (de una banda a otra). Afecta a creaciones léxicas como sestiar como ‘descansar’, paltiar por “paltear” con el sentido de ‘confundirse’. Una expresión popular es ¡y diay! (“y de ahí”), con el sentido de “¡y qué!”. Con menos frecuencia se puede diptongar el hiato /oa/: tualla en lugar de toalla. Igualmente peor se convierte en pior. Arámbulo registra el término cuantuá, (diptongación con aféresis) de “cuánto hace que“, usual en expresiones como “Desde cuantuá te estoy esperando” (p. 57). Los participios sólo se llegan a diptongar en el habla rústica: “prepárate unos picaus pa mi manta” (Ramírez, 39). Pero al parecer en el bajo Piura y particularmente en Sechura la reducción del participio se desarrolló hasta el extremo, sin la presión de ninguna norma culta, pues César Arrunátegui consigna comechau, colorau, condenau (34), desentrañau ‘ingrato’ (43), pisau (87), sampau (95), sobrau (97) y otros, además de las diptongaciones de puacá (89), siaydo por se ha ido (95), etc. y aporta un ejemplo sechurano esclarecedor: (153),

Quia pasau que siacaydo tu calamina (19)

El término lambiojos (en lugar de lameojos, nombre de un minúsculo insecto que acostumbra a acercarse volando a los ojos de las personas y animales) muestra además la conservación esporádica del grupo –mb-. Existe también el regionalismo lambido aplicado a la persona confianzuda y atrevida, registrado por todos los lexicógrafos. Ocasionalmente se da, al contrario, la simplificación del grupo en tamién.

El hiato se suprime en el habla rústica mediante epéntesis: tareya, correya, seyamos, veya, mareya. Esteban Puig registra la pronunciación en modismos del habla popular: afijéyese en el suelo, por “asiéntese en el suelo” (27), más que seya (146), pa que no seya porfiado (237), pa que no reveseyen, con el significado de “para que no digan chismes” (237), además de la expresión interjectiva arreia (39), que aparece con frecuencia en la literatura regionalista. Precisamente Carlos Espinoza León en su novela Foilán Alama el bandolero (Ediciones Maza, Piura, 1997), registra despreseyan por “desprecian” y tareya por “tarea” (158-162). Edmundo Arámbulo registra también apeyarse por “apearse” (16). Arámbulo registra que el modismo “mas que sea” se suele pronunciar “más que sella” (176). La frase: “está revesea que revesea” suele pronunciarse “está reveseya que reveseya“. La expresión es además un piuranismo: “el reveseo y la chismografía, dice Robles Rázuri, son una sola y misma cosa (Diario El Tiempo, 17/09/82).[11] Justino Ramírez registra deyes, en lugar de des, aunque parece una forma muy poco usual: “pa que me deyes los ángeles a mi cholito” (98). Es una forma antigua que en Sechura aparece en una composición verbal curiosa, consignada por Arrunátegui: mitadeyelo o mitadeyeme, por pártelo, párteme, con el sentido de ‘dividir algo en dos mitades’ (78).

Aunque no parece un fenómeno muy extendido, se detecta el cierra de la vocal final en algunos términos, como oliadu, (de oleado), en referencia al que ha recibido el bautismo o la extremaunción (Puig, 162).


CAMBIOS ESPORÁDICOS

Es frecuente la aféresis en las formas del verbo estar: ‘stoy, ‘tamos, ‘ta que dice. También ónde, en lugar de dónde. En la sierra escuchamos hijado por “ahijado”. Al contrario, se han detectado prótesis en afusilar, ajuntar, arraigambre, dentrar… En Sechura rempujar, por empujar (93), aunque Arellano registra como propio de todo Piura el nombre de un coleóptero pelotero llamado rempujo, que justamente va empujando hacia su nido bolitas de escremento (21).

Es normal la apócope de para en expresiones como “pa’ que no reveseyen“, etc. así como otros cambios esporádicos comunes al habla rústica de todo el mundo hispánico: enriedo (Puig, 99), enjuria, (99) disvariar (91). Es común la asimilación de engrampador. Errores ocasionales que he registrado don rebundancia o redondancia (por confusión pór “abundar” o “redondo”), “los antendió con honores” (por cruce con “entender”), o razocíneo (por “raciocinio”). No tomaremos aquí en cuenta fenómenos que afectan a la morfología del verbo, aunque abundan formas como semos, dean, haiga (también veiga o seiga), explicables por cambios analógicos… Baste decir que está muy extendida la confusión de la segunda persona del pretérito perfecto: tuvistes, comistes, en lugar de tuviste, comiste, etc. Y que en la primera persona del plural es común el cambio de m por n por la semejanza de la flexión verbal con el pronombre: estábanos, cantábanos, en lugar de estábamos, cantábamos, etc. Estos errores se tienden a corregir en el habla urbana y en las personas educadas.

Se dan otros fenómenos esporádicos. Parece metátesis el regionalismo nicles (de “níquel”, aplicado a la moneda de menor valor tal vez por influencia del inglés americano hablado por los empleados de la International Petroleum Company en Zorritos y TALARA hasta los años 60). Lo registra Edmundo Arámbulo (190). Hay una reducción del diptongo y disimilación de la postónica en contimás (procedente de cuanto más), marcador intensivo “que indica desprecio” según Arámbulo (54).

ARCAÍSMOS

Debido al prolongado asilamiento en que se mantuvo Piura durante siglos, ha conservado muchos arcaísmos fonéticos, característicos del habla rural y antes rechazados, pero ahora recuerdos entrañables de un hablar antiguo y noble. Así tenemos formas como agora (por ahora), naides (por nadie), velay (sinalefa de vela ahí, por mira ahí), y el mismo haiga. Formas arcaicas de la conjugación como vide, o ha vido (por vi, o ha visto), truje (por traje), y otros. Son comunes a otros muchos dialectos hispánicos, particularmente al habla de Ecuador y Colombia, así como a los dialectos de Centroamérica. Deben considerarse en relación a arcaísmos léxicos y gramaticales como dejuro o endenantes, también usuales en la región.


EL DEJO EN LA LITERATURA REGIONAL

La literatura regional está plagada de formas peculiares muchas veces hasta el exceso, pues el ánimo de registrar lo popular y de marcar en el relato el habla regional incita a la concentración en breves diálogos de todas las características del dialecto. Por ejemplo, en la novela Taita Yoveraqué de Francisco Vegas Seminario[12], se acumulan ideyas, morciégalos (9), piores (10) miajita, esperencia (11), acetaría, dotor (21), cariada, bromeye (24), cambéyese, pior (25), neciar, ventiau (32), picaus, ideya (34), cambeyan, cambiau (37), los gamonales ya jieden, prencipio (38), prefeto, ación, juerzas, fello (39), aceto, rial, dijuntos, iscriciones, tamien (43), enriedan (51), ventiau (54), dentren (55), pleitiar (67), mojino (74), anotició (103), lambe rabo (175), y muchos más. Una sola página proporciona tal información dialectal que hoy, luego de cincuenta años, nos deja quizás un regusto de insinceridad, aunque cada uno de esos rasgos pueda encontrarse separadamente sin dificultad en el habla popular cataquense:

“Pues lo pastié y lo pastié hasta que cayó en mis manos vivito y coliando. (…) Pero dentre, don Hermelindo, dentre, que aquí quema el sol, y necesito tamién meter en el cepo, de pies y manos, a este ladrón melonero. (…) Usted puede torcer la justicia con papeleyo, pero no con consejitos.” (128)

Este deseo de transcribir el habla popular en la literatura se ha mantenido en escritores posteriores, como Carlos Espinoza Léon (Chulucanas), Genaro Maza (Sullana), Jorge Moscol Urbina (Piura) y muchos otros. Víctor Borrero, por ejemplo, hace hablar así al protagonista de su relato “Tomapampa e Jambur”:

“Hace rato tás bosteza que te bosteza, vete a reposar a la hamaca si quieres, que a mí lo único que me apensiona no es la citación de la que te hablé como después de todo el juez es mi nieto y por juerza tiene ques tar de mi parte sino la cara que pondrán los padres de la china.”[13]

Es necesario hacer mayores estudios, pero sirva esta primera panorámica como punto de partida para futuras investigaciones. El español purano es un habla dialectal bien caracterizada y es patente la conciencia metalingüística existente no sólo en el relato de Vargas Llosa, sino principalmente en los propios hablantes piuranos acerca de las peculiaridades de su propio dialecto, e incluso me atrevo a decir que tal conciencia, si bien menos precisa, existe también en los hablantes de otras regiones del Perú, que identifican el hablar piurano como uno de los característicamente diferentes al estándar limeño el “dejo inimitable del terruño”, como decía Eudocio Carrera Vergara, “de esa tierra brava, ardiente y feraz que, a pesar del pobre riego de qu edisfruta, saber dar recado sabroso y abundante para una buena olla, a la par que hijos valerosos a la patria” [14].

NOTAS:

[1] Ver Carlos Robles Rázuri, “La lengua de los piuranos”, artículo publicado en el diario El Tiempo de Piura el 2 de julio de 1982; Víctor Eguiguren, “Estudio sobre la riqueza territorial de la provincia de Piura”, Boletín de la sociedad geográfica de Lima. 4, 1894, 143-176. Cito pág. 170. Reynaldo Moya Espinosa, Breve historia de Piura. Sullana, Ed. El Correo, 1982; y Juan Alvarado Chuyes “El mero dejo”, en Temas piuranísimos, vol. II. Piura, Universidad Nacional de Piura, 1990, págs. 31-33). Ver también nuestro trabajo sobre burros campeches.
[2] Mario Vargas Llosa, La casa verde. Ed. Argos Vergara, Barcelona, 1979, pp. 53-54. José María Enguita también ha puesto de relieve el interés dialectológico de estos comentarios, en “Americanismos léxicos y textos literarios”, Torre 3, 7-8, 1998: 381-397. José María Arguedas, Los ríos profundos (1958). Lima, Peisa, 2001, pág. 204. No es la primera vez que Vargas Llosa presta atención al dejo de sus personajes. En Conversación en La Catedral (1969), se describe a un librero diciendo que “tenía un ligero acento español, unos ojitos locuaces, una barba triangular muy blanca” (Madrid, Santillana, 1988, p. 176). Está claro que su forma de hablar lo caracteriza más aún que la forma de sus ojos o lo llamativo de su barba.
[3] Pedro Benvenutto Murrieta, El lenguaje peruano. Lima, Imprenta Sanmartí, 1936, pág. 113. Rivarola opina que “no ofreció en verdad ninguna justificación valedera” a su zonificación. “Su propuesta -añade Rivarola- obedecía a una intuición parcialmente acertada, pero carecía de sustentación”. En “El español de Perú. Balance y perspectiva de la investigación”, Lexis, 10, 1986, págs. 25-52. Cita en pág. 31. El mismo Murrieta era sincero al deplorar: “Pobrísimo es el material con que se cuenta para estudiar la fonética de nuestro castellano.” El lenguaje peruano…, pág. 107.
[4] El lenguaje peruano…, págs. 118-119 y 122. Su idea de “africación” parece no corresponder con el concepto consagrado en los estudios de fonética articulatoria.
[5] En el léxico recoge algunos arcaísmos: “alferecía”, “aliño”, “dejuro”, “velay”, destacando el verbo “majar”, que en el resto del país fue sustituido por el quechismo “chancar”; algunos vocablos de probable origen tallán: “jañape”, “pacaso”, “angolo”, junto con neologismos derivados del fondo patrimonial: “manudo” (ladrón), “faltoso” (tonto), “clarito” (chicha trasparente) “encalavernarse” (perderse en el desierto). En sus escasas observaciones morfosintácticas habla de rezagos, aunque muy débiles, de voseo en las clases sociales más bajas: “tu sos”, “pa vos”, presencia de diminutivo –ico/a (que tampoco se escucha en la actualidad), y vulgarismos o arcaísmos propios de la conjugación en el habla rústica de todo el mundo hispánico: “haiga”, “seiga”, “veiga”, “vide”, “truje” (en vez de haya, sea, vea, vi, traje). Cincuenta años después de que Martha Hildebrandt hiciera este estudio, muchos de estos fenómenos se han retirado al habla rústica o se han perdido. Un resumen de esta tesis se publicó con el título: “El español en Piura. Ensayo de dialectología peruana”, en la revista Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 43, 1949, pp.256-272.
[6] Cfr. “Sobre la pronunciación del español en el Ecuador”. Nueva Revista de Filología Hispánica, 7, 1953, 221-233. También John Lipski, El español de América. Madrid, Cátedra, 1997.
[7] Enrique López Albújar, Matalaché (1928), Lima, Peisa, 1996; Carlos Espinoza León, Foilán Alama, el bandolero (1974), Piura, Maza editores, 1997; Miguel Justino Ramírez, Lo que el cholo cano me dijo. Folclore morropano, Chiclayo, 1950. Carlos Robles Rázuri escribió una colección de artículos en el diario El Tiempo de Piura bajo el título general La lengua de los piuranos en los años 1982-1984. Esteban Puig, Breve diccionario folclórico piurano. Piura, Universidad de Piura, 1995, p. 16; Edmundo Arámbulo, Diccionario de piuranismos. Piura, Municipalidad Provincial de Piura, 1995, en la página 3 de la introducción. También César Arrunátegui Novoa, Diccionario costumbrista sechurano, Sechura, 1996; y Carlos Arellano Agurto, Piuranidades. Dichos y costumbres de Piura. Piura, Sietevientos, 1996.
[8] En el letrero del menú de un restaurante pude leer: “asado, filete de res, criadías…”
[9] En un examen universitario, un alumno escribía: “tenemos órganos activos: lengua, úvula, labios, y órganos pasivos: dientes, encillas, paladar…” En un domicilio encontré esta anotación: “dejar bien cerradas las ventanas y las celosillas“.
[10] Anoto entre paréntesis el número de página de cada referencia.
[11] También Edmundo Arámbulo registra (con disgrafía manifiesta) reveceyo “acto de revecear o hablar mal de otras personas” (245). En el habla urbana la expresión equivalente es “rajar de otras personas” (241).
[12] Lima, Juan Mejía Baca y P.L Villanueva editores, 1956. José Estrada Morales estimaba que la novela “es una estampa viva de la realidad piurana” y “ni que decir del habla, las contracciones, la música de los términos, dichos sabrosos y expresiones con ají y pimienta” (a pesar de que el novelista ¡confunde poto y mate!), por lo que es una fuente de información valiosa “estudiándola en profundidad”. Ver Manuel Vegas Seminario, acercamiento a las orillas de su fuente. Piura, Imprenta Huiman, 1999, pp. 31 y 91.
[13] Víctor Borrero, Cuentos tallanes, Piura, Aral Editores y Diario El Tiempo, 1007, p. 8.
[14] Eudocio Carrera Vergara, “Una chichería piurana en Lima”, en Lima criolla de 1900, Lima, Sanmartí, 1954, págs. 231-238.