Antes de abordar

La mañana del siguiente día se pasó más rápido que un suspiro. Así que, una vez más, reviso toda la documentación que debía tener para presentar por migraciones. Todo bien. Todo en orden. A desayunar.

Las horas de aquella mañana se pasaron en el intentar realizar el check in de mi boleto a través de mi celular y en dar una caminata a inmediaciones del hospedaje junto a mi madre y mi hermano Reynato -quien después de varios años no había regresado a Lima-.

jorge chavez

Eran poco más de las 16 horas y ya me encontraba en el taxi que me llevaría hasta el aeropuerto Jorge Chávez. Conversando con mi madre recordé que no había impreso la reserva de ida y de vuelta del pasaje. Si, a última hora molestar a Joseph para que me la envíe por mensaje de WhatsApp.

No fue Joseph quien me la enviara, sino Mr. Boss. Al menos, si no la tenía impresa, ya la tenía entre los archivos del móvil para presentarla por si era necesario para demostrar que iba a retornar a Perú.

Casi una hora de trayecto desde Miraflores hasta el terminal aéreo en el Callao que, hasta ese momento, transcurrió sin novedad hasta que al ingrear un policía de tránsito le pide al conductor que se detenga. Unos 15 minutos más o menos duraría la intervención policial.

Al ingresar al área de viajes internacionales me animé a envolver la maleta. En minutos pasó de naranja a un verde intenso. Mi intención era poder reconocerla luego en la faja de equipajes a mi llegada a Madrid y, bueno, que no terminara tan dañada por el maltrato de los operadores de la aerolínea.

En poco tiempo ya tenía el boleto en mis manos. No tenía nada más que pasar a la zona de abordo para esperar mi vuelo. Pero decidí estar un poco más de tiempo con mi madre y Reynato y así anduvimos, recorriendo las tiendas del aeropuerto como queriendo que no llegase el momento de la despedida y esperar hasta abordar el avión. 

Anuncios

Te pido disculpas

¡Vaya! Seis meses han pasado desde la última vez que me senté frente a la pantalla de este computador, e ingresé a este mi blog a escribir unas líneas más en el diario de mi último viaje al extranjero: Panamá.

Hoy no escribiré un capítulo más de esa colección de recuerdos convertidos en letras, en esta oportunidad pediré disculpas, si una vez más, a mi incondicional Joseph, pues siento que de un tiempo a este he descuidado nuestra amistad y no le he dado la importancia que bien sabe él tiene para mi.

Recuerdo las veces en que era yo quien le pedía se quedara más tiempo conectado del que podía, y él queriendo o no lo hacía. Ahora siento yo que no le correspondo a esa atención que tuvo, y que aún tiene hacia mi, y estoy seguro que tendrá. Por eso quiero pedirte me disculpes amigo mio.

Hoy, sin duda, hablaremos un rato. Espero ser lo suficientemente atractivo y entretenido como para lograr que te digas a ti mismo que valió la pena esperar casi una semana para charlar nuevamente como aquiellos tiempos.

Joseph sabes lo mucho que te quiero y aprecio todo lo que has hecho por mi.

otras-flores

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

En realidad no se nos pasó el tiempo sin darnos cuenta, en verdad se nos hizo un tanto más lento. Quizá fue porque los tres teníamos una misma perspectiva (de que el Canal de Panamá era algo mucho más impresionante) pero resultó ser algo muy soso y poco extraordinario -aunque no voy a negar que como tema para reportaje es muy interesante y, bueno, también para los ingenieros… y es que el canal es una verdadera joya de la ingeniería naval-.

Estación de turistas del Canal de Panamá.

Lo más probable es que  le parezca a muchos un  “ignorante” al no haber disfrutado como debí hacerlo, pero es que terminé un tanto decepcionado, seguro porque mi imaginación voló más de lo que debió.

Luego de esperar a que Joseph saliera de los servicios higiénicos decidimos que nuestra visita había terminado. Esta vez bajamos por las escaleras. Mr. Boss como siempre llevando la delantera, mientras que Joseph y yo casi llevábamos paso de procesión, y es que a mi compañero le era un tanto doloroso descender los escalones por un problema con sus rodillas.

Tienda de recuerdos del Canal de Panamá.

4, 3, 2… y llegamos al primer piso. Antes de salir del todo entramos a la tienda de recuerdos. No era muy grande y habían adornos muy, pero muy bonitos (aunque un poco caros).

Salimos con apuro y buscamos a la muchacha encargada del bus rojo. Ya habíamos emprendido el descenso para la carretera principal, pero la chica nos detuvo y nos dijo que sería mejor que esperáramos ahí mismo. Yo busco un sitio donde sentarme, pues me encontraba algo cansado (ya me empezaban a doler las piernas). En poco tiempo estábamos ya en la Calzada de Amador…

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:  

Canal de Panamá.

Subimos unas gradas más para llegar a las boleterias. Mr. Boss se encargó de comprar las entradas. Cinco Balboas (o Dólares) fue el costo. Nos volvimos a juntar, pues no tuvo que esperar mucho ya que no había mucha gente comprando.

En fila pasamos primero por un arco detector de metales, luego, la revisión de las mochilas -hasta ese instante todo había pasado muy rápido.

¿Qué camino tomar? No era tan difícil de obtener la respuesta, pues solo bastaba seguir a las personas. Fue así que entramos a la estación. Menuda impresión tuve al ver tanta gente que entraba y salía del local por las dos puertas de vidrio que daban a una especie de salón -de esa manera descubrí cuánta gente puede visitar a diario el Canal de Panamá.

La sala, de dimensiones gigantescas  presentaba en sus paredes distintas imágenes tales como la estructura del canal, mapas, aves y las señales de seguridad en caso de alguna urgencia. En el ‘fondo’ dos juegos de muebles para que los turistas descansen. Al lado derecho salones de exposiciones; al izquierdo estaba la pequeña cinema y los ascensores (y junto a estos las escaleras y los baños). También, muy cerca al portal, se encontraba la tienda de los recuerdos.

Caminamos directo a los elevadores. Al cuarto piso. El mismo que era el balcón “preferencial” para observar el funcionamiento del canal (cómo es que pasa una embarcación de un nivel a otro de mar). Y en el proceso de las esclusas se nos pasó el tiempo casi sin darnos cuenta.

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Aunque la hora pactada para despertar y prepararnos para el paseo del jueves era las 7 de la mañana. Mr.Boss se despertó una hora antes. Le seguimos Joseph y yo, respectivamente. Entre que nos duchamos y alistamos para bajar a desayunar nos dieron poco más de las 8.  

Esa mañana los tres cambiamos de opción para comer. Yo pedí huevos fritos en vez de los hervidos, dos pedazos de tocino y el resto era igual; el mismo pedido lo hizo Joseph (y es que no quería esperar el tiempo que le tocó por los panqueques); Por su parte, Mr. Boss desayunó lo mismo que yo pedí la mañana anterior. Y para variar tampoco terminé de comer todo.

Luego del desayuno, subimos a la habitación, nos aseamos y tomamos las cosas que utilizaríamos en la excursión. Cámaras, gorras, botella con agua, entre otras cosas, era más que suficiente para pasarla bien… porque ese día prometía mucho.

El calor, quizá era el mismo que el miércoles, pero poco a poco nos afectaba menos. Así, con el sofoco, caminamos hasta el Parque Urraca -lugar donde esperaríamos al bus rojo que nos llevó hasta nuestro destino: el Canal de Panamá.

No recuerdo cuánto tiempo esperamos a que llegara el vehículo. Pero si recuerdo que en ese momento decidí quedarme en la parte inferior (primer nivel), aparentemente también lo tenía decidido así Joseph pero ni bien arrancó el ómnibus subió para ir con Mr. Boss (ambos fueron al ‘aire libre’, mientras que abajo funcionaba el aire acondicionado).

Interior de bus

Interior de bus

Durante el trayecto, luego de oír una conversa informativa entre un turista – que tenía pinta de italiano- y el chófer -de contextura gruesa y de piel oscura- sobre cómo llegar hasta la zona de Colón, me puse los audífonos para entretenerme con música. Vaya, había tanta música como pasajeros en ese momento, es decir la necesaria como para amenizar la narración de un locutor que dictaba datos sobre los lugares por los que pasábamos y del lugar de su próxima parada.

El primer paradero en el que se detuvo fue en el Centro Comercial Albrook, en la estación Koala. En ese lugar bajó el turista preguntón, quien durante todo el viaje estuvo al lado del conductor de bus. Así mismo subió un tanto de gente más para el segundo nivel. Yo seguí abajo, casi frente a frente de una pareja de señores que iban muy entretenidos en su charla. Tomé algunas fotografías de lo que llamaba mi atención.

La segunda parada del bus sería, sin prisas,  la estación de Miraflores. Digo sin prisas porque aquella mañana no nos encontramos con tremendo atasco en el peaje del Corredor de la tarde anterior.

Entrada de la estación Miraflores -Canal de Panamá.

Ciudad de Panamá: Parques, avenidas y mar

PRIMER DÍA:

Corredor Norte

El atasco en el peaje del Corredor tenía forma de embudo. Cuatro filas de carros se habían formado. Automóviles de distintas formas, tamaños y colores se enfrentaban entre sí por llegar hasta la garita y librarse de esa manera de embotellamiento.  El calor se hacía tan visible como nuestras (la de los pasajeros) ganas de querer pasar rápido el momento. 

paso lento llegamos hasta la ventanilla. El chófer pagó la tarifa y de ahí hasta la estación de Miraflores no tardamos nada (hasta ese momento no me enteraba que esa estación guardaba relación directa con el Canal de Panamá y… no me enteraría hasta el día siguiente). El vehículo se detuvo frente a una especie de paradero que estaba ‘conectado’ a un sinfín de escalinatas  que conducían hasta las boleterías del lugar.

El ómnibus dio una vuelta de media luna y volvió a detenerse casi a mitad de las escaleras. Subieron algunos pasajeros. Siguió la ruta hasta llegar hasta un lugar conocido como la Calzada de Amador, tres islas unidas entre sí y con la costa de Ciudad de Panamá con la tierra que se extrajo en la construcción del canal.

Avanzamos por un camino opticamente estrecho y largo. El bus se detuvo frente a un centro comercial. Tampoco bajamos porque el tiempo no era nuestro aliado en ese instante. Subieron más pasajeros.  Por un lado mar, por el otro también, enmedio la carretera y a un lado de ésta un camino de acera y palmeras que muy gustosamente se puede recorrer cuando cae el sol. Seguimos hasta llegar a otro centro comercial que lleva por nombre Multicentro, que era la última parada del autobús   

Calzada de Amador

En el Multicentro dimos algunas vueltas, bueno, que en realidad buscábamos un lugar donde podíamos beber algo y comer algún postre . Fue así que avanzamos poco más allá de las escaleras eléctricas del primer nivel y encontramos un módulo ubicado en medio del pasillo con algunas mesitas y sillas que simulaban ser de madera, pero que en realidad eran metálicas. Nos acercamos al mostrador de bocaditos, cada quien eligió lo que le provocaba comer y nos sentamos.

Mr. Boss se encargó de hacer el pedido en la caja del mini restaurante. Joseph y yo permanecimos sentados. Joseph acudió al llamado de Mr. Boss. Yo seguí sentado. Al rato se aproximan ambos para decir que lo que queríamos no había en ese momento. Subimos hasta el segundo nivel y encontramos un sitio en donde pudimos saciar nuestras ganas de comer y beber algo.

Regresamos al hotel casi de noche. Subimos a la habitación. Esperamos a que fueran las 20 horas para cenar. Bajamos poco antes de esa hora y cenamos. Volvimos a subir. Nos aseamos y ¡a dormir! Bueno, ellos dos porque yo me quedé un rato viendo televisión.

Ciudad de Panamá: Parques, avenidas y mar

PRIMER DÍA:

Creo que fue Mr. Boss, o quizá Joseph, quien se detuvo a leer la pizarra con los platillos del día puesta en la entrada del restaurante en el que almorzamos. El menú costó 8 balboas (o dólares -tienen casi el mismo valor) consistía en entrada, que era sopa; dos opciones de segundo plato,  bistec picado y pastas; y el refresco. Nada mal el sitio.

Con un airecillo de ambiente italiano. El restaurante estaba ubicado en una esquina frente a la Plaza central del Casco antiguo de Ciudad de Panamá. El comedor no era muy grande, habrían más o menos siete mesas con cuatro sillas cada una. Manteles blancos cubiertos con un cuadrado azul en medio y servilletas del mismo color que el mantel. Lo que más llamó mi atención fue la forma de los aros servilleteros, pues era de un tenedor enrollado a la medida.

Elegimos una mesa muy cerca a la barra de atención, tal vez pensamos que de esa forma nos atenderían más rápido. No éramos los únicos. Atrás mío había un señor almorzando ya y a espaldas de Joseph había cuatro muchachos (dos de ellos con rasgos asiáticos). Luego, llegaría una señora a comprar una pizza familiar, antes de ésta una pareja con un perro (los mismos que no se quedaron porque no se aceptaban mascotas).

Se acercó el mozo trayendo consigo la carta de platos. Mr. Boss no sabía cómo decir que estábamos ahí tan solo por el menú; creo que pasaba lo mismo con Joseph; así que me atreví a decirle al mesero que nosotros queríamos solo cualquiera de los dos platillos del día. Luego del pedido, y mientras esperábamos a que nos sirvieran, nos trajeron ‘palitos de ajo’ (para algunos pan) y de pronto entró un hombre, de mediana edad que parecía llevar prisa, y el mismo que a Mr. Boss le pareció era un personaje público (probablemente de farándula) de su país.

Comimos y empezamos la marcha de regreso. El calor estaba en su máximo esplendor. Con el bochorno encima llegamos hasta el lugar en donde el bus rojo nos dejó. Nos acercamos a Rosalva (la morena que nos había vendido los tickets). La intención de mis compañeros era solo de preguntar por la hora en la que llegaría el vehículo, pero yo cambié los planes, pues que mi espíritu de periodista resplandeció y empecé a lanzarle preguntas que ella muy educadamente respondía.

La charla se puso amena, cada quien daba una opinión, pero el sol nos consumía a los cuatro. Rosalva, muy despierta ella, nos propuso ir hasta el lugar que de alguna manera le aliviaba el calor. Por mi parte imaginé sería alguna sombra dada por un frondoso árbol. Erré. Si, fue un árbol, pero un árbol en proceso de crecimiento. Un arbolito que apenas podía acogernos. La charla siguió hasta que llegó el bus.  

Era poco más de las 15 horas. Ya un tanto tarde para visitar el Canal de Panamá, y es que los buses de turistas llegan hasta ahí hasta las 17:30. Y como perdimos tiempo en el atasco vehicular que se originó en una de las garitas del peaje del Corredor norte pasamos la tarde dando vueltas por la ciudad y nos quedamos sentados hasta poco más de las 18 horas.