Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Computadoras en Hotel Centroaméricano.

El regreso al hotel desde el parque Urraca esta vez estaría a mi cargo, pues sería yo el responsable de guiar a Joseph y a Mr. Boss -éste último dudando un poco de mi capacidad de retención de lugares, fugaz pero muy buena en ocasiones-. El tiempo de caminata fue menor, pero igual de cansado.

Llegamos, subimos a la habitación y cada quien tenía el tiempo para hacer lo que quisiera hasta la hora de la cena -ya que los planes por aquel día se habían acabado-.  

En ese momento tenía ganas de ver televisión y así reposar un rato echado en la cama, pero decidí bajar al cuarto donde estaban las computadores con acceso a la Internet del hospedaje. Mr. Boss había decidido siestar un rato, por su parte Joseph bajó también para revisar su correo electrónico y leer un poco las noticias online.  

El tiempo navegando en la red se pasó rápido y de esa manera llegó el momento de cenar. 

Anuncios

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Calzada Amador – Ciudad de Panamá

 No me enteré hasta después de un rato, ya en el hotel, que Joseph si que la pasó bien en la visita que habíamos hecho al Canal de Panamá. Y pensándolo bien, no estuvo tan mal. Fue la segunda vez que visité un atractivo mundial y qué mejor compañía que mis dos amigos.

Pero del Canal no pasamos directo al hotel. Que antes estuvimos en la Calzada de Amador. Un apacible lugar en donde se puede realizar un paseo en lancha y recorrer de esa manera el mar del Panamá, almorzar a la intemperie y comprar algún recuerdo del país en el Centro Comercial del lugar (que por cierto está libre de impuesto). Aquel día pasamos casi toda la mañana y parte de la tarde en la Calzada.

Restaurante en Calzada de Amador – Ciudad de Panamá

Menos mal que el bus no tardó demasiado en llegar y en poco tiempo ya estábamos dando un paseo, primero, por las tiendas. La primera y a la única que entramos estaba muy cerca a la puerta que daba acceso a una terraza, con mesas y sillas -quizá de algún restaurante-, que colindaba con el mar. Estuvimos cierto rato ahí, pues realizamos algunas compras y después salimos, pero volvimos a entrar porque el sol literalmente nos ‘achicharraba’.

Luego de ver las vitrinas de las demás tiendas decidimos que era el momento de almorzar. Bueno, que ya el hambre se hacía notar y las fuerzas nos abandonaban. Caminamos un tanto hasta llegar a una especie de taberna en donde comimos. Antes de llegar pasamos por una templo y por un estacionamiento de yates y pequeños barcos. El nombre del comedor no recuerdo cual era, pero si recuerdo que las mesas estaban puestas sobre un muelle (quizá antes usado por pobladores del lugar) y todo el rato tuvimos la compañía de algunas aves marinas.

Los tres coincidimos en el platillo que iba a comer, pues cada uno pidió pescado. En lo que si no hubo coincidencia fue en las bebidas, que tanto Mr. Boss como Joseph pidieron para sí una cerveza y yo, pues yo un jugo de maracuyá.

Fue así que, entre comida y conversa se pasó el tiempo, llegó el momento de regresar ya para el hotel. Pues el paseo de ese segundo día nos había agotado un tanto y era momento de descansar. Además que ya se habían ‘agotado’ los lugares más interesantes que ofrecía el tour del bus rojo.

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

En realidad no se nos pasó el tiempo sin darnos cuenta, en verdad se nos hizo un tanto más lento. Quizá fue porque los tres teníamos una misma perspectiva (de que el Canal de Panamá era algo mucho más impresionante) pero resultó ser algo muy soso y poco extraordinario -aunque no voy a negar que como tema para reportaje es muy interesante y, bueno, también para los ingenieros… y es que el canal es una verdadera joya de la ingeniería naval-.

Estación de turistas del Canal de Panamá.

Lo más probable es que  le parezca a muchos un  “ignorante” al no haber disfrutado como debí hacerlo, pero es que terminé un tanto decepcionado, seguro porque mi imaginación voló más de lo que debió.

Luego de esperar a que Joseph saliera de los servicios higiénicos decidimos que nuestra visita había terminado. Esta vez bajamos por las escaleras. Mr. Boss como siempre llevando la delantera, mientras que Joseph y yo casi llevábamos paso de procesión, y es que a mi compañero le era un tanto doloroso descender los escalones por un problema con sus rodillas.

Tienda de recuerdos del Canal de Panamá.

4, 3, 2… y llegamos al primer piso. Antes de salir del todo entramos a la tienda de recuerdos. No era muy grande y habían adornos muy, pero muy bonitos (aunque un poco caros).

Salimos con apuro y buscamos a la muchacha encargada del bus rojo. Ya habíamos emprendido el descenso para la carretera principal, pero la chica nos detuvo y nos dijo que sería mejor que esperáramos ahí mismo. Yo busco un sitio donde sentarme, pues me encontraba algo cansado (ya me empezaban a doler las piernas). En poco tiempo estábamos ya en la Calzada de Amador…

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:  

Canal de Panamá.

Subimos unas gradas más para llegar a las boleterias. Mr. Boss se encargó de comprar las entradas. Cinco Balboas (o Dólares) fue el costo. Nos volvimos a juntar, pues no tuvo que esperar mucho ya que no había mucha gente comprando.

En fila pasamos primero por un arco detector de metales, luego, la revisión de las mochilas -hasta ese instante todo había pasado muy rápido.

¿Qué camino tomar? No era tan difícil de obtener la respuesta, pues solo bastaba seguir a las personas. Fue así que entramos a la estación. Menuda impresión tuve al ver tanta gente que entraba y salía del local por las dos puertas de vidrio que daban a una especie de salón -de esa manera descubrí cuánta gente puede visitar a diario el Canal de Panamá.

La sala, de dimensiones gigantescas  presentaba en sus paredes distintas imágenes tales como la estructura del canal, mapas, aves y las señales de seguridad en caso de alguna urgencia. En el ‘fondo’ dos juegos de muebles para que los turistas descansen. Al lado derecho salones de exposiciones; al izquierdo estaba la pequeña cinema y los ascensores (y junto a estos las escaleras y los baños). También, muy cerca al portal, se encontraba la tienda de los recuerdos.

Caminamos directo a los elevadores. Al cuarto piso. El mismo que era el balcón “preferencial” para observar el funcionamiento del canal (cómo es que pasa una embarcación de un nivel a otro de mar). Y en el proceso de las esclusas se nos pasó el tiempo casi sin darnos cuenta.

Ciudad de Panamá: Canal, Calzada y hotel

SEGUNDO DÍA:

Aunque la hora pactada para despertar y prepararnos para el paseo del jueves era las 7 de la mañana. Mr.Boss se despertó una hora antes. Le seguimos Joseph y yo, respectivamente. Entre que nos duchamos y alistamos para bajar a desayunar nos dieron poco más de las 8.  

Esa mañana los tres cambiamos de opción para comer. Yo pedí huevos fritos en vez de los hervidos, dos pedazos de tocino y el resto era igual; el mismo pedido lo hizo Joseph (y es que no quería esperar el tiempo que le tocó por los panqueques); Por su parte, Mr. Boss desayunó lo mismo que yo pedí la mañana anterior. Y para variar tampoco terminé de comer todo.

Luego del desayuno, subimos a la habitación, nos aseamos y tomamos las cosas que utilizaríamos en la excursión. Cámaras, gorras, botella con agua, entre otras cosas, era más que suficiente para pasarla bien… porque ese día prometía mucho.

El calor, quizá era el mismo que el miércoles, pero poco a poco nos afectaba menos. Así, con el sofoco, caminamos hasta el Parque Urraca -lugar donde esperaríamos al bus rojo que nos llevó hasta nuestro destino: el Canal de Panamá.

No recuerdo cuánto tiempo esperamos a que llegara el vehículo. Pero si recuerdo que en ese momento decidí quedarme en la parte inferior (primer nivel), aparentemente también lo tenía decidido así Joseph pero ni bien arrancó el ómnibus subió para ir con Mr. Boss (ambos fueron al ‘aire libre’, mientras que abajo funcionaba el aire acondicionado).

Interior de bus

Interior de bus

Durante el trayecto, luego de oír una conversa informativa entre un turista – que tenía pinta de italiano- y el chófer -de contextura gruesa y de piel oscura- sobre cómo llegar hasta la zona de Colón, me puse los audífonos para entretenerme con música. Vaya, había tanta música como pasajeros en ese momento, es decir la necesaria como para amenizar la narración de un locutor que dictaba datos sobre los lugares por los que pasábamos y del lugar de su próxima parada.

El primer paradero en el que se detuvo fue en el Centro Comercial Albrook, en la estación Koala. En ese lugar bajó el turista preguntón, quien durante todo el viaje estuvo al lado del conductor de bus. Así mismo subió un tanto de gente más para el segundo nivel. Yo seguí abajo, casi frente a frente de una pareja de señores que iban muy entretenidos en su charla. Tomé algunas fotografías de lo que llamaba mi atención.

La segunda parada del bus sería, sin prisas,  la estación de Miraflores. Digo sin prisas porque aquella mañana no nos encontramos con tremendo atasco en el peaje del Corredor de la tarde anterior.

Entrada de la estación Miraflores -Canal de Panamá.