Ciudad de Panamá: Parques, avenidas y mar

PRIMER DÍA:

El paseo por la faja costera de Ciudad de Panamá no fue el primero que hicimos. Antes, una hora y media más o menos, habíamos andado por algunas avenidas de la capital panameña. Fue más o menos corto porque tuvimos que regresar por un percance que tuvo Mr. Boss al caminar.

El destino no lo tenía yo muy claro, solo seguía a mis dos compañeros de viaje en lo que era la primera caminata en el país centroamericano. Fue así que salimos del hotel en dirección a la avenida Balboa, no llegamos a ella, doblamos a la primera esquina de la cuadra, anduvimos dos manzanas y tomamos en camino de la derecha hasta llegar a un camino cerrado por obras.

No recuerdo exactamente cómo es que llegamos hasta una calle de la cual resaltaba una iglesia blanca, una  muy blanca, de la cual no recuerdo el nombre, pero que tenía en la parte superior de ésta una figura en piedra de una virgen (quizá de la ‘del Carmen’ o ‘de la puerta’… ¡qué más da!) y de la cual, si mal no recuerdo,  Joseph hizo algunas tomas de vídeo.

Después de habernos detenido un rato para contemplar el edificio religioso seguimos con nuestro andar. Fue así que pasamos pistas a doble vía, calles con tramos de veredas en mal estado y por los rascacielos… sin duda estábamos en el centro financiero de la ciudad.  

Caminando y caminando llegamos hasta una zona donde debimos evitar no pisar uno de los tantos charcos formados tal vez por una llovizna que cayó la noche anterior (aunque me pareció ser de algún desagüe en mal estado). De lo moderno, casi elegante, de la zona financiera habíamos pasado a la comercial, era así la Vía España.

Y no fue hasta llegar a una tienda de artefactos electrónicos que me enteré que Joseph y Mr. Boss andaban en busca de un GPS que tuviera el mapa del Panamá para así poder ubicarse de manera más rápida al conducir. Pero antes de entrar a la tienda tuvimos que subir a un puente peatonal bastante descuidado, era de color amarillo, muy ancho pero de escaleras estrechas que conectaba ambas aceras de la avenida España.

Me distraje un rato observando la vitrina de la tienda. Mis compañeros ya estaban adentro preguntando por el aparato GPS. Salió Joseph para verme. Lo observé y entré. Mientras ellos andaban en la compra, yo seguía viendo los productos en exhibición.

Finalmente se hizo la adquisición del GPS (aparato que luego hiciera renegar a Mr. Boss al manejar por el interior del país). Salimos. Comentarios iban y venían. La intención era regresar caminando al hotel para dejarlo y volver a salir a tomar el ‘bus rojo’. Plan de regreso que, felizmente, no se hizo realidad (pues yo no podía dar un paso más, que después de mucho tiempo había vuelto a andar distancias tan extensas como son las calles de una ciudad capital) y tuvimos que buscar un taxi que nos llevara con urgencia hasta nuestro lugar de destino.

Minutos antes, íbamos por una de las calles, Joseph primero, le seguía a duras penas yo, y detrás venía Mr. Boss. De pronto, éste último, casi abruptamente nos hizo detener. “¿Qué pasó?” -preguntó Joseph. Respuesta que recibiría directamente viendo lo que pasaba. No era más que la suela de una de las sandalias de Mr. Boss había terminado derrotada (aún más que yo) por el presuroso caminar.

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