La llegada… a Lima

Un automóvil blanco me llevó hasta el aeropuerto Jorge Chávez en Lima. Iba yo junto a mi Camelia durante todo el trayecto, desde Miraflores hasta el Callao. Nos acompañaban también mi cuñada, mi hermano y mi mamá. Más de media hora de frenazos, embotellamientos y smoth.

Ese día no quise almorzar nada, apenas un zumo de naranja para no desmayar. Esa misma mañana, muy cerca al mediodía, habíamos recién llegado a la capital. Un tanto más de dieciocho horas de viaje en tierra se le sumarían, para mí, dentro de poco, un aproximado de siete horas más, pero serían esta vez en avión. ¡Toda una travesía!… Una aventura que me tenía muy nervioso (supongo que no más que mi madre), y es que casi casi era mi primer viaje al extranjero… y lo hacia en solitario.

Ni bien llegué a la habitación de hotel que mi papá había reservado días antes para que parte de mi familia se pasara unos días en Lima, deje el equipaje, entre al baño y me lavé la cara. Salí. Creí que debía caminar mucho en busca de un cibercafé o un centro de impresión para poder imprimir los boletos de la aerolínea. Me equivoqué, pues en la siguiente cuadra de donde estaba el hospedaje encontré el sitio perfecto para hacer físicos mis pasajes.

Ya en el lugar aproveché para imprimir también el itinerario de mi viaje y dejárselo a mi mamá para que supiera de alguna manera por donde es que yo iba a estar. Después de un rato regresé raudo al hotel y descansé lo necesario hasta que más o menos llegara el momento de enrumbarme para el aeropuerto.

Trece horas, treinta minutos -tal vez algo más-. Ya duchado, con el boleto y el pasaporte en mano (o por lo menos llevado en un sitio que me permitiese sacarlo para cuando los necesitara), tomé mi maleta y mi casaca, bajé por el ascensor.

En el taxi…

  • -Señor -pregunté- me deja por favor en la puerta de vuelos internacionales.
  • -Bueno, que aquí no hay separación… Todos los pasajeros entran por el mismo portal.
  • -Vaya -para mis adentros- este tío me habrá dicho la verdad.  

Ya en el aeropuerto…

Tres o cuatro puertas, sinceramente no recuerdo cuántas hay, en cada una se encuentra una señorita o un muchacho que pide documentación y el pasaje de viaje. Después de presentar todo ello, pasé. Ahora tocaba buscar el módulo de Avianca. Menudo lío, que en Lima las aerolíneas están organizadas por letras de abecedario y yo que me encontraba al final. Ni modo, a caminar hasta hallarle. 

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