A mi abuela

Te dije un millón de veces lo mucho que te quería, te dije un millón más lo mucho que estaba agradecido con la vida por darme a alguien como tu, y un millón extra de veces te decía que como tu no había nadie más en el Perú.

Nunca fuiste de un gran tamaño de estatura, sin embargo, tenías un gran corazón para con los demás, incluso si llegaron a hacerte daño. Nunca fuiste a una universidad, pero la llamada universidad de la vida te enseñó a gran galope lo mucho que tu sabías y que a diario compartías conmigo o con cualquier otra persona que hubiera compartido al menos un segundo contigo en una de esas conversaciones que tu las hacías interminables. Nunca oí de tus labios una maldición, pero si un carajo, porque al carajo se iban todo aquel que se atreviese a contradecirte.

Recuerdo las miles de noches que que te acompañé hasta la puerta de tu casa, recuerdo las infinitas bendiciones que te solía pedir en aquellas despedidas nocturnas y recuerdo tu rostro que a pesar de la oscuridad brillaba con la única luz que solías irradiar con tu presencia, y es que para mi eras la estrella que solía iluminar mi andar. 

Recuerdos que fueron momentos, los mejores momentos de mi vida.

Hoy ya no estoy a tu lado, hoy cada mañana que despierto miro hacia tu ventana y no veo mas que sombras, sombras que no me permiten ver. Y es que necesito verte, necesito de tu aliento, de tus palabras, de tus abrazos, y por que no, de tu café en esas tacitas despostilladas que, según tu, no alteraban el verdadero sabor de esa bebida caliente que me enseñaste a beber a escondidas.

Hoy lloro por ti madre mía, hoy no sé como llevar mi vida. Estarás enterada que aún no acabo mi carrera en la universidad, sabrás tu que mi sentimiento de soledad se acrecentó cuando te vi agonizar sobre tu cama y después verte cubierta en una camilla de la clínica local… Quiero verte, quiero ser nuevamente tu hijo y quiero, quiero, te quiero a ti!

Prometí no volver a llorar desde que te fuiste sin ni siquiera despedirte, pero al escribir estas palabras no puedo evitarlo. No puedo evitar volver a sentir lo mismo que sentí aquella tarde en que te quedaste en tu nuevo hogar.

Soy débil y tu lo sabías. Como sabías también lo mucho que nos haces falta… Si, porque pese a que este año serán 3, no me puedo acostumbrar a tu ausencia y menos a resignarme.

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