Buscando

El día anterior habíamos contratado nuevamente los servicios de la agencia de turismo que nos llevó hasta el bosque de piedras. Esta vez el paseo sería por la tarde.

Recuerdo que acudimos antes de cenar. El ambiente olía a barniz fresco. Era tan pequeño el lugar que apenas podían entrar más de cuatro personas adentro. Una vitrina con variados objetos supuestamente típicos del lugar. Atrás de la recepción un sinfin de máscaras, todas ellas de distintos tamaños y color, pero coincidían en el mismo gesto. Algunos póster de las rutas que ofrece la compañía. Todo ello caracterizaba el sitio.

Luego de dejar la bolsa con la ropa que yo había decidido me lavasen salimos a andar por la ciudad. El frío aún no se había disipado del todo, pero poco a poco el sol y el ejercicio de la caminata lograba que mi cuerpo entrara en calor.

Anduvimos por algunas plazas, como l”a Puga” -frente a una jefatura policial; por algunas calles; pasamos por el mercado y llegamos hasta el único museo que pudimos entrar.

-Del museo hablaré en otro post, y es que merece la pena dedicar todo un texto al recinto que guarda algunos objetos de las culturas  preincaicas y la incaica, mis antepasados.

Se nos pasó mucho rato dentro del lugar. Ya era hora de almorzar. Para eso Mr. Boss había pensado en un restaurante en el que ibamos a comer muy bueno. El lío estaba en que ni él, ni Joseph, mucho menos yo sabíamos la dirección del local.

Fue así que nos tocó andar, pero esta vez no sería por paseo, sino en busca de aquel restaurante que Boss tenía en mente. Ahora se nos pasó muchísimo más tiempo que en el que estuvimos dentro del museo.

Caminando en busca del lugar que saciaría nuestro hambre anduvimos por calles y callejuelas. Pasamos y una y otra vez por el mismo punto, tanto que volvimos a pasar por el museo sin que ninguno de mis dos compañeros se percatara hasta que di la voz de alerta; y si mal no recuerdo le sirvió a Bozz para que retratara el frontis de la casona que alberga el lugar de la historia inca.

Me gustaría recordarlo para poder recomendarselos a ustedes lectores míos, pero realmente no recuerdo el nombre del restaurante ese que tanto me hizo caminar; pues no estuvo mal y finalmente valió la pena el pasar tanto rato andando en su búsqueda.

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