Oscuros días

Después de intentar adiestrar al tigre, de regreso a Piura, recibo un mensaje de texto a mi celular: “Hoy no me conectaré. Me siento mal. Hablamos el martes si es que puedes”. Sentimientos encontrados y confusos, “alegría” porque mi amigo se había tomado el tiempo de escribirme -a “empujones” de su pareja quizá, pero lo hizo; y preocupación porque se sentía mal, pues presumía cual era la razón de su malestar -que haya hecho “público” mi pensamiento y estado de ánimo.

Llegué a mi habitación. No saqué nada de la mochila. Me eché sobre la cama a ver lo que acontecía en aquel momento. Pensando me quedé dormido.

Ese pesar mio se hizo notar más para cuando fui testigo de una noticia bastante dolorosa.

Lunes. 9 de la mañana. Uno a uno de los alumnos llega al set de televisión -lugar donde recibiríamos la clase-. El profesor dio inicio a los conversatorios con los distintos grupos que producirá un cortometraje este semestre. En el mio habíamos asistido todos, menos una chica.

Así fue que al finalizar la charla de mi grupo con el profesor decidimos abandonar el recinto para ver el video de inauguración de las olimpiadas de la Universidad. Caminamos hasta una de las bancas que rodea uno de los tantos jardines y Anabel sacó de su bolso la cámara en la que tiene el audiovisual.

De pronto suena el celular de Anabel. Ninguno de los tres chicos que estábamos con Ana imaginábamos la noticia que derrumbaría la fortaleza que es Anabel.

Era su padre avisándole que su menor hermana había fallecido ya. Pero nosotros ya nos habíamos enterado por las palabras que Ana le dijo a su papá. Terminó de hablar, tiró el celular sobre la banca y se echó a llorar sobre el pecho de uno de mis compañeros.

Personalmente mi mente se nubló. No atiné hacer nada. Sin palabras y acciones realmente no servía de nada.

No tuve la suerte de conocer a la hermana menor de Ana, pero no dudo que haya sido tan buena gente como lo es Anabel.

Ana no paraba de llorar. Estoy más que seguro que necesitaba un abrazo de uno de sus progenitores o de su hermano. y fue asi que llamó al hermano y se encontraron en los pasillos del edificio. Entraron ambos al oratorio.

Pude percibir un airecillo frio que rodeaba a Ana. Yo reaccioné al rato y no me quedó otra que darle mi apoyo, aunque la haya conocido recién este semestre.

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