Un amigo piurano

Estas son las diferencias entre un amigo y el tener un amigo piurano.

Un amigo es alguien que nunca te pide comida.Un amigo piurano es la razón por la que organizas una comida.

Un amigo te pregunta cómo estas.Un amigo piurano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.

Un amigo llama a tus padres señor o señora. Un amigo piurano llama a tus padres “tío” o “tía”.

Un amigo puede que nunca te haya visto llorar. Un amigo piurano ha llorado contigo, por cualquier cosa.

Un amigo te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital. Un amigo piurano se queda a dormir en una silla, siempre está a tu lado.

Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días. Un amigo piurano te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo.

Un amigo te ofrece el sofá para que duermas. Un amigo piurano te brinda su cama, se acuesta en el suelo y no te deja dormir en toda la noche conversando contigo.

Un amigo sabe unas cuantas cosas acerca de ti. Un amigo piurano podría escribir un libro con las cosas que le has contado de ti.

Un amigo te lleva una aspirina cuando estás resfriado. Un amigo piurano te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela. Y puede que hasta te haga ‘el avión’ con la cuchara, para que te tomes la sopa.

Un amigo toca a tu puerta para que le abras. Un amigo piurano abre la puerta, entra y después te dice: ¡Llegué! siempre contigo para lo que necesites.

Un amigo te pide que le hagas un café. Un amigo piurano pasa a la cocina, te sirve el café  y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.

Un amigo puede serlo por un tiempo. Un amigo piurano es para toda la vida. por eso te encuentra donde estés, para juntos recordar buenos momentos.

Un amigo piurano  te dice que te extraña y que lo tengas presente en las cosas importantes de tu vida.

Anuncios

La serie rosa quedó en nada

¿Quién no recuerda esa teleserie pornográfica titulada “La serie rosa”? Que de rosa no tenía nada, casi siempre en primeros planos, cuadros reducidos a fingidos gemidos, posiciones clásicas y una que otra acrobática, con imágenes en blanco y negro para darle una tonalidad clásica virreynal pero que en realidad se tornaba roja por la pasión que se podía respirar en  cada escena minuciosamente realizada.

Sinceramente yo nunca pude ver un capítulo, porque cuando la trasmitieron en Perú yo aún era un niño y ver esa clase de producciones alteraría, según mi mamá, mi mente. Así que no pasaba de oir los comentarios de mis compañeritos de clase que se jactaban de ser especialistas en series de corte pornográfico.

Tampoco era que me intereara o despertara mi interés por verla. Tenía asuntos mucho mejores que pasarme el rato haciendo nada hasta que llegara la una de la madrugada -horario que la solían transmitir-. Debía dormir para asistir temprano a clases.

Sé que tengo una memoria envidiable, que falla de cuando en vez pero no deja de impresionarme con el tiempo. Es por ello que recuerdo que hace un año más o menos me puse a charlar con mi amiga Analí de las fantasías sexuales o experiencias que ambos teníamos en el sexo.

Muy pocas veces me he abierto en el tema de sexo, pero esa vez descubrí que era dueño también de una fructífera imaginación. Es así que en cuestión de segundos le empecé a contar una supuesta fantasía que tengo. Digo supuesta porque la única fantasía que me quita el sueño es otra y no la que contaré a continuación.

“Una húmeda oración” quizá sea un buen título para un capítulo de la serie rosa. Había decidido internarme en el seminario de la ciudad, mi sueño era convertirme en un sacerdote. Pero jamás pensé que pecaría, y para rematar, en el templo.

El tiempo pasó y ya era yo un cura. Ya podía celebrar una misa. Los días pasaron y con ellos las semanas, y siempre asistía un asiduo creyente -hasta ese momento no pasaba por mi mente la lujuria que llevaba dentro y que trataba de acallar con oraciones rosariales-, pues ni en el confesionario se atrevería a decirme algo al respecto que me permitiera darme cuenta de sus verdaderas intenciones.

Y así pasó el tiempo hasta que una tarde. Le noto tan esmeradito con el rosario que decido acercarme y preguntarle si le sucedía algo, que por qué tenía tanta notoria ansiedad. A lo que me responde: Padre que… Dime que te sucede… Sin decirme palabra alguna extiende su mano y envuelve en ella toda mi intimidad… Vaya feligrez que resultó ser, se la pasó todo el rato en que el mar se traga al sol tragéndose literalmente a lo que él denominó un rosario de carnecita y un cirio carnal al que él se encargó de mantenerlo derechito para que no se derrita más rápido de lo le provocaba tenerle en pie.

Ufff! Vaya imaginación que tengo! me dije a mi mismo, mientras que Analí volvía a su color característico de piel jeje.

Por su parte, Analí, me contó que su mayor fantasía era de vestirse ella de bombera. Y me confesó también que estaba próxima a cumplirla. Hoy en día ella trabaja en ello y quizá, que es bastante posible, que no sólo utilice su uniforme para salvar vidas, sino para ahogar en pasión a algún amante de turno.

A todo esto… la serie rosa quedó en nada.



Buscando

El día anterior habíamos contratado nuevamente los servicios de la agencia de turismo que nos llevó hasta el bosque de piedras. Esta vez el paseo sería por la tarde.

Recuerdo que acudimos antes de cenar. El ambiente olía a barniz fresco. Era tan pequeño el lugar que apenas podían entrar más de cuatro personas adentro. Una vitrina con variados objetos supuestamente típicos del lugar. Atrás de la recepción un sinfin de máscaras, todas ellas de distintos tamaños y color, pero coincidían en el mismo gesto. Algunos póster de las rutas que ofrece la compañía. Todo ello caracterizaba el sitio.

Luego de dejar la bolsa con la ropa que yo había decidido me lavasen salimos a andar por la ciudad. El frío aún no se había disipado del todo, pero poco a poco el sol y el ejercicio de la caminata lograba que mi cuerpo entrara en calor.

Anduvimos por algunas plazas, como l”a Puga” -frente a una jefatura policial; por algunas calles; pasamos por el mercado y llegamos hasta el único museo que pudimos entrar.

-Del museo hablaré en otro post, y es que merece la pena dedicar todo un texto al recinto que guarda algunos objetos de las culturas  preincaicas y la incaica, mis antepasados.

Se nos pasó mucho rato dentro del lugar. Ya era hora de almorzar. Para eso Mr. Boss había pensado en un restaurante en el que ibamos a comer muy bueno. El lío estaba en que ni él, ni Joseph, mucho menos yo sabíamos la dirección del local.

Fue así que nos tocó andar, pero esta vez no sería por paseo, sino en busca de aquel restaurante que Boss tenía en mente. Ahora se nos pasó muchísimo más tiempo que en el que estuvimos dentro del museo.

Caminando en busca del lugar que saciaría nuestro hambre anduvimos por calles y callejuelas. Pasamos y una y otra vez por el mismo punto, tanto que volvimos a pasar por el museo sin que ninguno de mis dos compañeros se percatara hasta que di la voz de alerta; y si mal no recuerdo le sirvió a Bozz para que retratara el frontis de la casona que alberga el lugar de la historia inca.

Me gustaría recordarlo para poder recomendarselos a ustedes lectores míos, pero realmente no recuerdo el nombre del restaurante ese que tanto me hizo caminar; pues no estuvo mal y finalmente valió la pena el pasar tanto rato andando en su búsqueda.

Oscuros días

Después de intentar adiestrar al tigre, de regreso a Piura, recibo un mensaje de texto a mi celular: “Hoy no me conectaré. Me siento mal. Hablamos el martes si es que puedes”. Sentimientos encontrados y confusos, “alegría” porque mi amigo se había tomado el tiempo de escribirme -a “empujones” de su pareja quizá, pero lo hizo; y preocupación porque se sentía mal, pues presumía cual era la razón de su malestar -que haya hecho “público” mi pensamiento y estado de ánimo.

Llegué a mi habitación. No saqué nada de la mochila. Me eché sobre la cama a ver lo que acontecía en aquel momento. Pensando me quedé dormido.

Ese pesar mio se hizo notar más para cuando fui testigo de una noticia bastante dolorosa.

Lunes. 9 de la mañana. Uno a uno de los alumnos llega al set de televisión -lugar donde recibiríamos la clase-. El profesor dio inicio a los conversatorios con los distintos grupos que producirá un cortometraje este semestre. En el mio habíamos asistido todos, menos una chica.

Así fue que al finalizar la charla de mi grupo con el profesor decidimos abandonar el recinto para ver el video de inauguración de las olimpiadas de la Universidad. Caminamos hasta una de las bancas que rodea uno de los tantos jardines y Anabel sacó de su bolso la cámara en la que tiene el audiovisual.

De pronto suena el celular de Anabel. Ninguno de los tres chicos que estábamos con Ana imaginábamos la noticia que derrumbaría la fortaleza que es Anabel.

Era su padre avisándole que su menor hermana había fallecido ya. Pero nosotros ya nos habíamos enterado por las palabras que Ana le dijo a su papá. Terminó de hablar, tiró el celular sobre la banca y se echó a llorar sobre el pecho de uno de mis compañeros.

Personalmente mi mente se nubló. No atiné hacer nada. Sin palabras y acciones realmente no servía de nada.

No tuve la suerte de conocer a la hermana menor de Ana, pero no dudo que haya sido tan buena gente como lo es Anabel.

Ana no paraba de llorar. Estoy más que seguro que necesitaba un abrazo de uno de sus progenitores o de su hermano. y fue asi que llamó al hermano y se encontraron en los pasillos del edificio. Entraron ambos al oratorio.

Pude percibir un airecillo frio que rodeaba a Ana. Yo reaccioné al rato y no me quedó otra que darle mi apoyo, aunque la haya conocido recién este semestre.

De regreso

Hace como dos semanas atrás varios miembros de mi familia organizacon un viajo de último minuto. Paseo en el cual yo no estuve invitado y jamás me hubiera enterado si es que no me atrevo a llamar a casa para saludar. Llamada que nunca obtuvo respuesta alguna, pues nadie se encontraba en casa.

Hoy se inaguraban las olimpiadas Ramón Mugica de la universidad en la que estudio. Motivo por el cual decidí quedarme en Piura este fin de semana para participar en el corso y luego, como parte de la barra.

Hoy también llegaron sin avisar mis padres y mi hermano menor, así como también mi otro hermano con su familia.

POR TERMINAR…

El itinerante Boss

Mr. Boss debía planear sin demora y con atino lo que tendríamos que hacer en la mañana, pues ahora el paseo sería por la tarde de aquel día… Dar una vuelta por aquí, otra más allá ¡qué se yo! definitivamente él es el experto en la elaboración de itinerarios de viaje.

Para ese entonces ya era el segundo día de nuestra estadía en la ciudad de Cajamarca. Por la noche no había sentido tanto frío como en la primera dormilona nocturna. Lo más probable era que mi cuerpo se había adaptado en algo a la altura y clima del lugar.

A lo que aún no me acostumbraba era el tener que subir por un camino medio empinado para llegar al hotel desde la Plaza de Armas del Centro Cívico de la ciudad.

Después de comer los panecillos característicos de Cajamarca y de beberme casi toda la leche que nos sirvieron en el desayuno subí a la habitación para sacar la ropa que yo quería me lavaran. No imaginaba lo que vendría después.

Así fue que metí en una bolsa plástica dos pantalones jean, un polo manga larga y un par de medias; por su parte Boss me dió un polo…