Cumbemayo. Un bosque de piedra

Esta es la enésima entrega que subo a la red ¿Motivos? Pues muchos; entre ellos el poco tiempo que me deja los estudios y el cubrir la información por casi toda Piura, además, está el hecho de que me cuesta un tanto ser objetivo en este capítulo de la travesía juliana al lado de dos amigos entrañables, y es que para mi fue un ejercicio casi sobrenatural jeje.

Pero en sí está el hecho de que las visitas al blog han caído estrepitosamente. Ahora no pasan a las treinta leídas por día. Al parecer no les gusta lo que cuento en los post relacionados al viaje. Como sea seguiré escribiendo y contando lo que recuerdo de aquellos días.

El tiempo pasaba y el sol se hacía sentir a cada momento que pasaba. De tal manera que el frío se disipaba y gota a gota el cuerpo entraba en calor. Dentro de mí crecía la incertidumbre de quitarme o no la camiseta manga larga que llevaba puesta; si lo hacía los rayos solares quemarían sin piedad alguna la piel de durazno de la que soy dueño, y si no me la quitaba mi peso corporal se “iría en agua”.

Me decidí por la segunda alternativa antes planteada, y es que la “bajada” no se notaría en mí por lo delgado que ya soy.


Seguimos descendiendo y descubriendo lo que para nosotros era desconocido hasta ese entonces. El terreno se hacía un tanto más agreste, las rocas se presentaban cada vez más altas. Pasamos por senderos que por ratos se perdían, caminamos siguiendo el curso de lo que alguna vez fue un acueducto inca, veiamos jeroglíficos de crucez -que según el guía hacían referencia a las creencias espirituales de los antiguos pobladores de la zona-, hasta llegar a la “roca de sacrificios”.

Por esas trampas que tiene el destino a cada uno de nosotros, Joseph cae en una. Vaya, que metió la pata literalmente, sin darse cuenta que había un agujero en su camino sumergió bruscamente el pie derecho, bueno hasta la rodilla. No fue nada, o algo parecido fue lo que dijo, pero muy admirablemente siguió con el curso del paseo.

Menos mal y ya faltaba nada para acabar con la ruta del Cumbemayo… pero aún faltaba una visita más, sí la de la cueva.

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