Cumbemayo. Un bosque de piedras

Luego de un tembloroso desayuno salimos en dirección a la Plaza de Armas de la ciudad. Ese sería el punto de encuentro para tomar la combi que nos llevaría hacia Cumbemayo.

Como costumbre Joseph cargaba con medio closet al interior de su mochila. Lo necesario para no pasar apuros.

Llegamos unos minutos antes a la hora pactada, así que decidimos hacer tiempo sentados en uno de los bancos de la plaza.

Por mi parte, tenía los labios resecos como cuarteados (todo ello a causa de andar mucho y del sol que me habia caído directamente al rostro el día anterior cuando anduvimos por el cerro de Santa Polonia- aunque en realidad es un problema que suelo tener cada vez que subo a la sierra).

Me separé un rato de Joseph y de Mr. Boss para dirigirme hacia la farmacia para algo que me “refrescara” los labios: mantequilla de cacao; apenas gasté medio sol en adquirirla. Pero no sólo tenía ese problemilla, también me dolía la cabeza, quizá producto del no haber podido dormir bien; 1 sol y 0.60 céntimos invertí para deshacerme de ese malestar incómodo.

Regresé hasta donde había dejado a mis dos compañeros de viaje. No los hallé. Me doy vuelta y me acerqué a un hombre sentado en el banco del frente y le pregunté si se había fijado para dónde se habían dirigido dos distinguidos señores jeje. Mientras me hablaba el señor alzo la mirada y pude verlos.

Me apliqué un poco en los labios de manteca y metí las barritas en uno de los bolsillos laterales de mi mochila.

La prsentación peruana de la mantequilla de cacao fue causa de “admiración” para Joseph y blanco de sus comentarios de sorpresa.

Poco a poco fue llegando la gente que formaría parte de nuestro grupo: nosotros, tres alemanas, dos muchachitas que me parecían ser cajamarquinas y un bastante atractivo italiano… Y arrancó el carro hacia el bosque de piedras, y con el las explicaciones del guía, previo saludo y presentación.

La bienvenida al Cumbemayo nos la dio un dúo de mujeres vestidas con trajes típicos. Cantaron dos melodías en quechua. Y que, finalmente, buscaban el “lo que sea su voluntad”… Y así empezamos la caminata, con un no improvisado show artístico.

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