Entrevista con… ¿el enemigo?

Ya desde una semana antes la profesora de redacción de noticias nos había comentado la idea hablar con cada uno de nosotros. ¡Sí! se pasaría un buen rato hablando y criticando todos los horrores ortográficos que solemos tener.

Los comentarios no se hicieron esperar, así como también las preguntas y nervios por acudir a la mencionada cita con…¿el enemigo?

La muy organizada mentora dividió la lista de los alumnados en dos grupos: de la A a la J y de la L hasta la Z. Por mi apellido me tocó estar en el segundo bloque de inexpertos escritores de noticias… ¡qué miedo!

Viernes a las 9 en punto de la mañana debía estar ahi, frente a ella, siendo testigo de como asesinan poco a poco mi estilo de redactar una noticia; y por ende recibiendo el cuerpo descuartizado de un montón de letras que deberían describir la realidad tal cual es (me lo enseñó la segunda dama de hierro de la facultad: Raquel Ramirez).

Ay! como le echo de menos a esa profesora. Realmente me adapté, creo yo, a sus exigencias y pude “captar” la noción de cómo se debe escribir un reporte.

Pero bueno. tampoco es que la nueva maestra esté del todo mal. Todo lo contrario es una excelente profesional -quizá por ello me atreví a quedarme callado y ser testigo mudo del cruel asesinato de mi redacción.

Salí tarde de mi habitación. Por poco y la escena del día anterior se repetía -el quedarme dormido una hora más jeje-. Pues nada, me duché, tomé un poco de leche y me dirigí a la Universidad.

Mientras caminaba un montón de ideas me invadieron. Pensar y re pensar, costumbre la mía. Augustus, deja pasar… Augustus, oye la música del Ipod… Augustus, no hay nada que temer… Augustus, debes confirmar toda la buena impresión de aquella segunda dama de hierro de la redacción que tan buen concepto tiene de ti… Augustus por aqui, por allá y más acá… Por Dios! deja de pensar ya.

Vaya sorpresa. el otro grupo de reda reciben sus clases en el salón contiguo al mio. Ya estaban por cerrar, Majo esta en el umbral del salón. Me miró y la miré y un saludo sin palabras se dió.

En eso me doy cuenta que venía contra mi una diminuta jauria de chicas de mi clase. ¿Qué pasó? -pregunté. La profesora atendería en su oficina.

Asu… el enemigo decidió jugar en su terreno. Y aún no había acabado de hablar con los chicos de ese primer bloque.

Las reglas cambiaron. Ya no estaríamos en un sitio imparcial, un salón de clase. Sería en su despacho, en dónde sus libros, computadora y mis crónicas y noticias le darían toda la razón.

Con temores, dudas, nervios y algo predispuesto a esa entrevista entré.

Por costumbre tengo mirar fijamente a los ojos -pues así me doy cuenta de cuán fuerte es la otra persona-. Pero ésta vez la mirada se me fueron a las uñas de la profesora -y es que las uñas bien cuidadas de las mujeres me encantan; me gusta ver los distintos diseños que suelen elaborarse en tan pequeño espacio-. El enemigo tenía unas manos muy bien cuidadas. Con un estilo de vestir sobrio sin despegarse de la elegancia ejecutiva se encontraba aquel enemigo que resultó un tiernecito cachorro.

Me ayudó muchísimo aquella charla. Me hizo notar los errorres que suelo cometer al momento de redactar un reporte noticioso y que mi opinión no sirve de mucho -a menos por ahora jeje-,

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