¿Llegamos a Cajamarca?

Usualmente prefiero dormir tarde para poder coger un sueño largo y, de alguna manera, placentero. Y es que si duermo temprano adopto un sueño intermitente, me despierto más veces en la noche que el sonar de mi alarma despertadora de mi celular. Y hasta el momento había tenido varias noches de sueño intermitente.

Durante esas noches de desvelo en la oscuridad, teniendo como compañeros de habitación a Mr. Boss y a Joseph, me era más que difícil levantarme de la cama, encender la pc y ponerme a oír música o ver algún video musical. No me quedaba otra más que tantear la superficie de la mesita de noche en busca de los audífonos, “a ciegas” insertarlos en uno de los muchos orificios que tiene mi celular y ponerme a buscar una emisora radial y ponerme a oírla hasta caer rendido nuevamente a los brazos de Morfeo.

Yo sentía aún sueño, con el me levanté de la cama y me duché. Joseph y Boss habían hecho lo mismo ya. Así que subimos hasta el comedor del hotel y pedimos el desayuno. Como era costumbre Mr. acabó primero y expresó a viva voz la pena que sentía por no haber vuelto a ver a Julissa -la camarera que nos atendió en la anterior vez que estuvimos hospedados-.

Oyendo las noticias y platicando me quedé con Joseph. Seguimos degustando los panecillos y el café con leche. Muy dentro mío seguía siendo presa fácil para el atrasado sueño; aún así me preparé algunos panecillos con mantequilla para comerlos a media mañana mientras iríamos camino a Cajamarca.

Si, estaba con sueño. No porque haya tenido un sueño intermitente a causa de acostarme temprano. Aquella noche no había podido dormir porque sentía emoción porque al otro día llegaría a la ciudad que alguna vez intenté ir con mi mamá y dos de mis hermanos -en aquella ocasión había renunciado de mi trabajo en un cine local y con el dinero de mi “liquidación” invité a mi madre y ella a mis hermanos. Llegamos sólo hasta Chiclayo-.

Para cuando terminamos de desayunar, Joseph y yo, tomamos nuevamente el ascensor y fuimos víctimas de unas miradas de extrañeza, resultado de la malicia, de una de las húespedes. Todo ello producto de que notaría que yo le enseñaba la manera como había envuelto los panes a Joseph. No quedó más que en una anécdotilla.

Con maletas en mano abandonamos la habitación. Cada vez más concientes de que el viaje se hacía minúsculo en los días; se aproximaba, acechando con huellas de algodón, el final de aquella aventura que por primera vez me había atrevido a tomar -estoy seguro que sería lo mismo para mis dos ibéricos amigos-.

Llegamos a la recepción. Se canceló la deuda. Pasaron revisa al triple dormitorio. Y nos trepamos a la camioneta. La mañana estaba bastante fría, se podía observar aún un tímido sol al este de la ciudad.

Esta vez no fue tan complicado salir de Chiclayo, esta vez debíamos tomar la carretera que va al sur, aquella que va a Trujillo. Mr. Boss al timón adelantaba, lo adelantaban y, en algunos casos, le cerraban el pase los demás carros.

Camino a la izquierda, indicaba un letrero, se encuentra Cajamarca -a 2600 m.s.n.m-. Todo bien, gracias a Dios. En un tramo, muy cerca al desvio que tómamos, había una estación de camiones que calentaban motores, se apuntaban a subir la cuesta. Hasta ese momento, ninguno de los tres, tenía idea de lo que nos deparaba el camino.

Menos mal y no fue nada malo, pero fastidioso si. En muchos momentos Boss me parecía un corredor de autos, sobretodo, cuando adelantaba a los demás ¡hacía rugir al motor! Al principio eso me asustó un poco, pero finalmente me gustó y “disfrutaba” cada vez que lo hacía. Me llegué a contagiar de ese sentimiento de incomodidad cada vez que encontraba, Boss, una fila de 3, 5 y hasta 9 camiones de carga en nuestro camino.

Debo confesarles lectores míos que el redactar estos días de viaje me trae mucha nostalgía. Y es que no quiero darle la razón a Joseph de que quizá aquella vez ha sido la única vez que he podido verle -y ahora a Mr. Boss que me ha caído tan bien, y cada vez mejor cuando pienso que ha tenido que soportar a alguién que en su vida había visto antes.

Por ahora doy por terminado este escrito… en unas horas más tendré que empezar con mi rutina universitaria nuevamente.

Hace un 9 de julio iba al encuentro de Joseph. Empezaba unos días de viaje y buena compañía. Hoy, 9 de agosto, empiezo unos días de compañía y buenos estudios…

Continúa…

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