Domingo en Chiclayo -2da parte

De la puerta principal del hotel a la derecha, fue la dirección que tomamos para digirirnos hasta el único centro comercial que tiene la ciudad.

Pasamos el grifo y llegamos a un desacuerdo de camino -a uno de los tantos que habíamos tenido ya-. Joseh y yo asegurábamos que el camino correcto era el que iba del hotel para adelante -y es que la última vez que estuvimos en Chiclayo un taxi nos llevó por esa ruta, tan sólo para “pasearnos” y justificar de esa manera el precio que nos cobró por el traslado-; por su parte Mr. Boss, fiándose del mapa que llevaba en las manos, daba la vida por el camino que iba del hotel para atrás.

  • No saben ver un mapa -es la frase que más se acerca a las dichas por Boss.

De pie y con el mapa extendido no hizo ver el error en el que me encontraba junto a Joseph.

No tuvimos que hacer ningún desvío, pues el mapa nos indicaría que debíamos ir verticalmente. Primero cruzamos una angosta pista, luego, vino una doble -sin ingún semáforo funcionando si que era complicado cruzarlas-. Después, una larga plazuela repleta de los borrachines del barrio a cada tramos. Finalmente, otras dos carreteras y llegamos a nuestro destino.

Mr. Boss se la había pasado buscando un iman decorativo. Yo recordé que hay un sitio de merchandising con motivos peruanos que suele vender esos imanes, entre otras cosas. Llegamos, compró y caminamos hasta el supermercado para que Joseph comprara la mazamorra morada -esa que alguna vez le envié y que le había gustado-.

El resto del rato anduvimos de un local a otro. Queríamos beber algo caliente o quizá un helado. Bembos, Pardo´s Chiken´s y otra tienda que no recuerdo el nombre que ofrecía chocolate caliente -que llegaba muy bien para quitarse el frío- y un trozo de panetón; ninguno de los tres nos pudo atender porque aún no llegaba la luz por esa zona.

Salimos del centro comercial para dirigirnos hasta el otro centro que habíamos visto mientras caminábamos. La noche ya ocupaba gran parte del cielo. Entramos y andamos hasta el patio de comidas en el cual se estaba llevando a cabo una fiesta infantil. Mr Boss y yo nos quedamos en umbral del lugar, se aproximaba un “gusanito” de papás que bailaban y gritaban cuan niños. Joseph, con algunas ganas de participar en ese gusano humano quedó casi a mitad del salón de comidas rápidas.

Más tarde un taxi bastante deteriorado en su interior nos llevó hasta la Plaza de Armas. Nos dejó al cruzar el semáforo, muy próximos a la Catedral mayor. Seguíamos llevando con nosotros, no sólo las compras del centro comercial: el imán, los dos sobres de mazamorra morada y los dos discos compactos que adquirimos para oirlos mientras viajábamos, sino también las ganas de beber algo caliente acompañado con un postre quizá.

Me preguntaron si es que conocía algún sitio para pasar el rato y comer algo. Yo no sabía adónde podía llevarlos. Cruzamos la pista de doble sentido, la farmacia, algunos cajeros automáticos, y casi al llegar a un almacén de ropa recordé un restaurante al cual suelo ir con mi familia cuando vamos para Chiclayo -que por cierto, según Joseph, ambos ya habían estado ahí-.

Comimos, charlamos y regresamos al hotel. Ya que debíamos despertarnos temprano al siguiente día para partir hacia Cajamarca.

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