Próxima parada: Jaén

El día amaneció lluvioso. Esta vez ya había preparado la maleta desde el día anterior, es más ni siquiera desempaqué la ropa. Y estoy seguro que mis vecinos de habitación habrían hecho lo mismo, sacado de las maletas lo necesario.

La misma melodía de fondo, los mismos manteles y lo mismo servido sobre la mesa buffete del comedor en el hotel. Sólo que ésta vez dos de las meseras estaban inmersas en una platica bastante cómoda que se habían olvidado de encender las luces que iluminarían nuestra visión al momento de elegir lo que nos provocaba desayunar en ese momento.

Por mi parte tomé lo mismo de las anteriores mañanas, pero ahora evitaría beber el café con leche. Mr. Boss como de costumbre se levantó de la mesa antes  -los nervios de siempre jeje-. Por su parte, Joseph disfrutaba con lo que él había elegido comer.

Luego del aseo diario y de envolver la raíz de unos brotes de la planta que me gustó mucho, y que Boss muy gentilmente tomó de las jardineras del hotel para mí, tomé mi maleta, me colgué la cartera y me puse la mochila; listo para salir. Joseph y su compañero de habitación harían lo mismo. Salimos casí a la vez los tres.

Esta vez Boss se aseguraría de no dejar las llaves. Mientras Joseph pagaba la cuenta del hospedaje, y yo a su lado, el botones se encargaba de sacar las maletas hasta el parque. Ya Mr. había movido la camioneta hasta el frontis del hotel, así nada de nuestras pertenencias se mojaría por la lluvia. Todos dentro el automóvil se puso en marcha rumbo a Jaén.

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