Chachapoyas 1

Aún con el sentimiento de felicidad combinado con un estado de sorpresa inevitable y por ratos evidente para Joseph y Boss abandoné la habitación y salí junto a mis amigos a la fachada del hotel para subirnos a la camioneta y emprender la siguiente parada del itinerario que uno de los dos había realizado con alguna anticipación.

Hasta ese entonces no comenté a ninguno de mis dos amigos que había perdido por culpa de mi despistez crónica el monto de dinero que, como diría Joseph, mucho esfuerzo me había costado ahorrar.

Durante el trayecto pensaba y repensaba en dónde diablos se me habrían caído los billetes esos que me hacían falta por ese momento. Pero también tenía la ilusión de que estarían revueltos con la ropa  de la maleta.

Con una bajada en un pueblo que en este momento no recuerdo el nombre para almorzar llegamos a Chachapoyas. A pocos kilometros, desde la cuesta que asciende a la ciudad, se podía divisar el hospedaje que nos cobijaría en los dos días que nos quedamos en aquel frío pueblo, digo esto no sólo por el clima, sino también por su gente.

El hotel no estaba nada mal, habitaciones independientes y libres de cualquier ruído vecino que nos pueda incomodar o alterar nuestro respetado dormir. Con un ambiente campechano, un clima frio y seco y la poca agradable, para mi gusto, de dos enormes perros vigías el hospedaje en Chachapoyas nos dió la bienvenida.

Por la tarde de nuestra llegada salimos del hotel rumbo al centro del pueblo. Con una ligera llovizna invernal anduvimos por la plaza central. Fotografías iban y venían; un distinto ángulo y alguna sonrisa fingida por el frío atroz y sincera por la alegría de encontrarme al lado de mi mejor amigo Joseph y su pareja.

Regresamos a tiempo para cenar: cada quien pidió un platillo distinto, sólo recuerdo que en aquel instante me provocó un mate de coca. El tiempo de espera de los platillos se convirtió particularmente en una tembladera frivolenta.

Visita a la Fortaleza de Kuelap  –>     La combi esperaba ya muy temprano, todavía se presentaba en el cielo un temeroso sol oculto tras unas densas nuebes, para dirigirnos hacia Kuelap.

Vaya sorpresa que me llevé, pero, puedo decir que valió la pena todo esfuerzo que me demandó el andar por aquella zona agreste y desnivelada que me permitiría conocer lo que antaño fue una verdadera ciudad de la cultura Chachapoyas.

Entre subidas y bajadas se pasó el tiempo y el regresó a la ciudad estuvo más cerca de lo que el cielo parecía presentarnos en ese momento.

Para llegar a la fortaleza es necesario ascender caminando por un camino de piedra y un tanto resbalozo. De cuando en vez unas bancas de piedra y madera nos brinda la oportunidad de descansar para retomar fuerza y seguir con le ilusión de llegar al lugar.

A cada centímetro que se avanzaba Boss disfrutaba con explicar la especie y género de las distintas plantaciones que se pueden observar a lo largo del camino -realmente disfruté y aprendí a ver con otros ojos las plantas que hasta ese entonces las veía como parte del paisaje.

Disfrutar del paseo se hizo mas ameno y agradable con la presencia de mis dos amigos. La visita y el esfuerzo físico se hizo nada cuando se tiene la oportunidad de pasarla bien junto a dos personas que sobrepasaron mis espectativas de personalidad que yo había creado en mi mente y pensamiento un tantiton desconfiado.

Para cuando llegamos al hotel, yo no tenía fuerza alguna, ni siquiera para respirar. Así que me eche en la cama y me cubrí de pies a cabeza con el edredón para atenuar el frío que invadió mi cuerpecillo. Por su parte, Joseph y Boss, salieron para la plaza de Chachapoyas.

Reservados los Derechos de autor



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2 pensamientos en “Chachapoyas 1

  1. TC Mouras: victoria de Di Scala en la Plata…

    encontre interesante el artículo y lo he añadido al blog noticias argentinas :), un abrazo…

  2. ceaugmas dice:

    Vaya.. gracias!!! -aunque debes tener cuidado porque el texto contiene algunos “horrores” ortograficos

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