Moyobamba 1

A Moyobamba llegamos pasada las 13 horas, y es que demoramos un tanto en encontrar el hotel donde nos quedaríamos 3 días, si fueron tres los días que nos quedamos en aquel lugar por algo que más adelante contaré o quizá en otro post.

Previa parada al mediodía para almorzar un menú de 3 soles -sopa, milanesa de pollo o pescado frito y un jugo de maracuyá- bajamos del carro. La bienvenida me la dió personalmente un insecto que no llegué a conocer porque solo picó y desapareció.

Bajamos los equipajes, entramos a unas habitaciones que no eran las que había reservado Mr. Boss, pues tanto a ellos como a mi nos habían designado una habitación triple. Así que a los pocos minutos de instalarnos y a punto de desequipar la maleta tocan a mi puerta. Era Joseph para ver si me sentía cómodo o no.

De pronto suena nuevamente la puerta y era el botones para informarnos que se llevaría a cabo un cambio de habitaciones. Así que nos ubicaron esta vez en una doble para ellos y una simple, casi matrimonial para mi, pero con una puerta doble que separaba ambos cuartos.

Luego de acomodar toda la ropa en las cómodas salimos para el comedor del hotel. Yo, milanesa de pollo y un jugo de piña; Mr. Boss una cerveza , Doncella frita y papa a la huancaína; y Joseph, también papa a la huancaína, un zumo de naranja y pollo con ensalada.

Antes de empezar a comer, media hora de espera, nos tomamos unas fotografías sentados en el salón comedor. Los tres juntos, yo con Mr. Boss, yo con Joseph y los Guacamayos. Un buen momento para inmortalizar en una foto y, sobretodo, en nuestros recuerdos.

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Por la tarde de nuestra llegada y después de una siesta subimos a la camioneta y nos enrumbamos hacia el pueblo. Por el camino vimos un parque mirador, entramos y observamos parte del esplendor del río Mayo que baña la ribera oeste de Moyobamba.

Después de tomarnos algunas fotografías en aquel mirador Mr. Boss estacionó el carro a pocas cuadras de la plaza central y descendimos para caminar un poco. Sentarnos a charlar un rato en una de las bancas del parque fue bueno para conocernos aun mejor y ni qué decir de la compañia de Joseph, simplemente estupenda y Mr. Boss mas que entretenida.

Al caer la noche, entramos a un restaurante, “la olla de barro”, a dos cuadras del centro de la ciudad. Ellos “patarashca”y yo “arroz a la cubana”. Regresamos al hotel y me provocó meteerme un rato a la piscina, mientras que Joseph y Boss navegaban por la internet desde la portátil del segundo.

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