Mi vida en soledad II

Con Mauro desperté mis sentidos, pero con Ed desperté mis sentimientos.

A Ed lo conocí en la ciudad de Lima, en uno de los congresos a los que asistí durante aquel año. Llegué tarde a la conferencia, creí no me dejarían entrar, entré cuando estaban llamándole para que subiera al pódio a exponer el tema que le habían asignado. Me pareció atractivo, no lo negaré, su presencia es muy imponente. Pasó el tiempo sin darme cuenta y para entonces ya era el momento de un descanso. Nos buscamos entre el público y “coincidimos” en el portal del auditorio. Luego del saludo y de una breve conversación me pidió mi correo electrónico y mi número telefónico -le dí mi correo, pero no mi número de teléfono, pues en ese tiempo mi celular estaba dañado-. Coincidimos muchas veces por el messenger y pásabamos bastante tiempo. Me dijo que le había gustado y que si yo tenía pareja, a lo que respondí que el también me gustaba mucho y me encontraba solo por el momento.

Una tarde de aquellas me dijo que llegaría para Perú y que le gustaría que nos viéramos, no importando el lugar, pero que tenía algo urgente que decirme. Yo, nerviosísimo por la emoción de volverle a ver, pero, sobre todo, porque él deseaba que nos reunamos, simulé hacerme el tonto y le pregunté que era aquello tan urgente. A lo que respondió que en persona sería mejor escucharlo que por este medio…  Nos encontramos en un restaurante -el vestía con un jean azul oscuro, una camisa blanca con cuadros delgados color salmón, un blaiser guinda y zapatos de cuero de color marrón chamil; yo un jean celeste rasgado, un polo negro, una casaca jean y mis zapatillas-. Estaba ahi ya, sentado y mirando hacia la puerta de entrada, me acerqué, se puso de pie y nos saludamos con un apretón de manos, discreto pero con la fuerza necesaria para indicar que “podía pasar cualquier cosa”. Al final de la velada me dijo que quería ser mi pareja, yo a punto de responderle con un “si”, cambié por: mañana te tengo una respuesta.

Mi relación con Ed duró cerca de dos años. Puedo decir que él fue mi primer amor, con el empecé a despertar mis sentimientos y a conocerlos. Empecé a tomar decisiones que cambiarían mi vida a un giro de noventa grados. Con su apoyo me abrí frente a mis padres y no sólo les confesé que yo era gay, sino que tenía un novio mayor, bueno, bastante mayor.

Ed me hizo vivir muy buenos momentos, con ello me hizo recolectar recuerdos que perduran hasta hoy. Pero también logró que me decepcionara hasta de mi propio vivir. Él se llevó mi corazón y se olvidó de devolvermelo. No es que le ame hasta estos días, pero es alguien especial para mi -el primer amor nunca se olvida, pero tampoco perdura-.

CONTINUARÁ…

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