Una mosca en el pastel

Hace dos días, después de haber charlado con Joseph, me animo a dar un paseo junto con mi mamá, mi hermana y mi sobrinito. Asi fue que me desconecté, apagué la portatil, me vestí y salí llevando a Enzo sentado en su coche.

Ellas llegaron a casa por el fin de semana. La verdad es que les echo de menos, pues con mi padre la comunicación no es tan fluida como yo quisiera, con mi cuñada no encuentro un tema de conversación -pero le aprecio- y mi hermano llega hasta la tarde de su trabajo y, como es dable, se meté de lleno con su familia y bueno, yo me la paso por ahi en casa buscando en qué entretenerme.

Lo antes mencionado fue el motivo por el que me animé a salir con ellas. No la pasé del todo mal. Hablamos de lo ocurrido durante la semana en casa y algunos planes próximos -de los cuales les iré contando de a pocos-.

La primera parada fue la botica para comprar los pañales de Enzo, luego caminanos hacia el centro cívico, nos sentamos mientras Encito correteaba y jugaba con su carrito. Así pasamos el rato hasta que oscureció y debíamos volver a casa, pues el cielo no prestaba la confianza suficiente de que no caería una lluvia como la del sábado último.

Mi mamá quizo que pasaramos por la panadería para llevar pan a mi papá, pues a él le encanta mucho. Fue así que llegamos hasta el lugar. Es una de las panaderías más visitadas en la ciudad de Talara, sí una de las que solemos ir a comprar el exquisito alimento mañanero. Esta se llama “La predilecta”.

Les debo confesar que soy un antojado, sí en el momento menos esperado se me puede antojar cualquier bocado. Mi mami suele decirme que soy peor que una mujer embarazada, pero ni modo, soy asi. Bueno, cuento esto para decirles que estando en aquella panaderia me provocó deleitarme con un flan de leche que exhibían en el mostrador.

Me acerqué para enterarme de los precios y ver que estado tenían estos -los flanes- si estaban frescos o de apariencia tiesa. Y ¡plop! casi caigo al suelo de la impresión. Una mosca que hacia la finta de una pasa sobre el pedazo de dulce. Llamo a mi hermana y le digo: mira Catalina ¿no te provoca?   Pero si hay una mosca pegada al flan -me respondió.

Hago público el hecho de aquella mosca en el pastel porque no es posible que ofrezcan esos pasteles. La dirección de salud debería supervizar con mayor detalle cada establecimiento que ofrece comestibles en la ciudad de Talara.

Son fotos reales tomadas con la cámara de mi celular

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Un pensamiento en “Una mosca en el pastel

  1. manolo dice:

    que chevere sigan asi

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