¡Te quiero así!

No hay nada más detestable que el hacer una comparación entre dos o más personas, o entre comportamientos, o entre el tipo de mascotas, o entre naciones. Puesto que las comparaciones suelen ser en su gran mayoría notoriamente parciales, sobretodo cuando no se conocen los dos objetos a evaluar.

Es así que lo menos que busco es realizar una comparación entre la sociedad peruana -a la que pertenezco- y la sociedad ibérica -específicamente la española-. Ambos países tienen cosas buenas y otras malas, ambas naciones han tenido mucho que ver en el pasado y, aunque las relaciones actuales no son tan habituales y estrechas, existe un intocable respeto por cada una.

No trato de ser diplomático o algo parecido. Con toda esta introducción he querido dejar en claro que mi posición no tiene ni un sólo gramo de xenofobia.

Quizá se malinterprete cuando afirmo que no me gustaría vivir en otro país que no sea el mio. Y es que ¿qué puede tener otra nación que no la tenga el Perú? lo tenemos todo, excepto personas que realmente hayan querido trabajar por el desarrollo de nuestro hogar.

Nunca he juzgado a mis compatriotas que han optado por mudarse a europa para mejorar su economía, tampoco he criticado  a aquellas personas que odian el haber nacido en un país “tercermundista” -a pesar de no compartir dicho pensamiento-; pero si me fastidia el comportamiento que muchos compatriotas tienen para con alguien del exterior, es respetable el turista -tanto nacional como internacional- pero no se puede “abusar” -a pesar de que muchos extranjeros vienen con la idea de “pasarla bien”… el interés de por medio.

Si, el “bendto” interés. Creo que existe un interés bueno y sano, y otro negativo que denigra a la persona humana. El interés bueno que se da en una amistad (yo busco tu compañía porque me interesa aplacar mi soledad, sin dejar de lado el que te sientas bien conmigo) y el interés malo, aquel que es imposible de ocultar (soy tu amigo, porque me interesa obtener un beneficio particular).

Todo esto me lleva a contarles que considero que mi interés de querer compartir experiencias y compañía con alguien a quien aprecio mucho, se haya tomado como insistencia por querer salir de mi país. Algo que se encuentra bastante alejado de la verdad. Yo sólo deseaba visitarle y pasar tiempo con él y su perro, paseando por aquel monte Ulia, o tal vez pasar la frontera y llegar a la romantica Francia.

Aquel comentario, del cual estoy seguro no ha tenido nada de “mala leche”, ha sido como una estocada. Lo menos que he querido es presentarme como mis paisanos que si guardan un interés por abandonar el Perú.

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Mi vida en soledad IV

Creía que ya había dado por terminado “mi vida en soledad”, pero no; no puedo acabar sin dar el lugar que se merecen Ale Am y Joseph.

Cómo es sabido las personas que solemos entrar al chat buscamos una compañía, alguien con quien pasarse un rato charlando o, para otro grupo, buscan sólo pasar unos minutos dándose autosatisfacción maquillada (cibersexo) -Quiero dejar en claro que no tengo nada en contra del sexo cibernético, y mucho menos por las personas que lo suelen practicar-.

Yo entré porque sentía la necesidad de conversar, como dicen por ahi: “las penas compartidas son menos pesadas”. Así fue que, casi al mismo tiempo, conocí a Ale Am en una de las tantas salas de conversación que tiene el Yahoo. En principio le mentí que me encontraba en el D.C (Washington); quedamos en tomarnos un capuccino un sábado, no pude asistir a dicha cita… llegó el lunes y debía decirle la verdad a Ale Am… menos mal y entendió el porqué le había dicho mi falsa ubicación geográfica… hoy en día charlamos casi nada, pero sé que se encuentra bien porque de cuando en vez me lo hace saber.

Respecto a Joseph. Debo decir que no le agrada mucho que escriba sobre él aqui en mi blog, por eso sólo debo decir que es mi mejor amigo, que con él paso unos agradables momentos (conversando sobre el tiempo, cocina, política… o simplemente discutiendo). He llegado a sentir un fraternal afecto.

Para acabar ya, a pesar de que tengo a estos dos amigos y a mi familia no dejo de sentir a la soledad latente y acechante. Estoy empezando a re conocerme y a re adaptandome a mi mismo.

Mi vida en soledad III

Si con Mauro reconocí mis sentidos y con Ed descubri mis sentimientos, con Genius desperté mis emociones. Si, esas emociones que suelen invadirnos cada que nos gusta alguien.

Mi naturaleza como ser humano es la de comunicarme, pero mi naturaleza como Augustus es la de presentarme tal y como soy en realidad -claro, cuando siento que la otra persona me inspira confianza-. Fue así que para cuando terminé mi noviazgo con Ed tenía la necesidad de hablar con alguien, no importando de dónde sea, ni la religión, ni la opción sexual, ni nada de esas cosas, sólo me fijaría en que si me parecía o no digno de saber como soy.

Ed, no sólo se ha llevado mi corazón, también, se llevó consigo mi ilusión por la vida y las intenciones de volverme a enamorar. No tenía, por ese entonces, ganas de nada. Caí en una terrible depresión. Adopté el noctambulismo como forma de vida, descuidé mis estudios y enfermé mi alma.

En una de esas noches de penurias y autocuestionamientos recordé que hacía un tiempo me había creado una cuenta en el Yahoo; me levanté de mi cama, encendí el computador y accedí a dicha cuenta. Como no tenía a nadie conocido en línea, me animo por entrar a una sala de chat. Conocí a tres buenos amigos: Joseph, Ale Am y Genius.

Esas tres personas se “tragaron” todas mis ciberpenas, si, porque ciberneticé mi sentir. Pero Genius resaltó entre ellos tres. Él mostró cierto interés hacía mi persona. Yo no quería saber nada y menos ilusionarme con un desconocido del chat. Pero sin darme cuenta me empezó a gustar, no dejaba de pensar en él, me parecía un sueño estar intercambiando fotografias muy privadas con alguien que apenas conocía, le conté todo respecto a mi, le conté mi desilusión con Ed, se lo dije todo.

Me atreví una noche a decirle que me gustaba. Me solía llamar…

Pero así como sin darme cuenta me empezó a gustar, así se empezó a enfriar la relación… y hace poco se ha congelado, sin esperanza de que se derrita eso bloque frio.

Mi vida en soledad II

Con Mauro desperté mis sentidos, pero con Ed desperté mis sentimientos.

A Ed lo conocí en la ciudad de Lima, en uno de los congresos a los que asistí durante aquel año. Llegué tarde a la conferencia, creí no me dejarían entrar, entré cuando estaban llamándole para que subiera al pódio a exponer el tema que le habían asignado. Me pareció atractivo, no lo negaré, su presencia es muy imponente. Pasó el tiempo sin darme cuenta y para entonces ya era el momento de un descanso. Nos buscamos entre el público y “coincidimos” en el portal del auditorio. Luego del saludo y de una breve conversación me pidió mi correo electrónico y mi número telefónico -le dí mi correo, pero no mi número de teléfono, pues en ese tiempo mi celular estaba dañado-. Coincidimos muchas veces por el messenger y pásabamos bastante tiempo. Me dijo que le había gustado y que si yo tenía pareja, a lo que respondí que el también me gustaba mucho y me encontraba solo por el momento.

Una tarde de aquellas me dijo que llegaría para Perú y que le gustaría que nos viéramos, no importando el lugar, pero que tenía algo urgente que decirme. Yo, nerviosísimo por la emoción de volverle a ver, pero, sobre todo, porque él deseaba que nos reunamos, simulé hacerme el tonto y le pregunté que era aquello tan urgente. A lo que respondió que en persona sería mejor escucharlo que por este medio…  Nos encontramos en un restaurante -el vestía con un jean azul oscuro, una camisa blanca con cuadros delgados color salmón, un blaiser guinda y zapatos de cuero de color marrón chamil; yo un jean celeste rasgado, un polo negro, una casaca jean y mis zapatillas-. Estaba ahi ya, sentado y mirando hacia la puerta de entrada, me acerqué, se puso de pie y nos saludamos con un apretón de manos, discreto pero con la fuerza necesaria para indicar que “podía pasar cualquier cosa”. Al final de la velada me dijo que quería ser mi pareja, yo a punto de responderle con un “si”, cambié por: mañana te tengo una respuesta.

Mi relación con Ed duró cerca de dos años. Puedo decir que él fue mi primer amor, con el empecé a despertar mis sentimientos y a conocerlos. Empecé a tomar decisiones que cambiarían mi vida a un giro de noventa grados. Con su apoyo me abrí frente a mis padres y no sólo les confesé que yo era gay, sino que tenía un novio mayor, bueno, bastante mayor.

Ed me hizo vivir muy buenos momentos, con ello me hizo recolectar recuerdos que perduran hasta hoy. Pero también logró que me decepcionara hasta de mi propio vivir. Él se llevó mi corazón y se olvidó de devolvermelo. No es que le ame hasta estos días, pero es alguien especial para mi -el primer amor nunca se olvida, pero tampoco perdura-.

CONTINUARÁ…

Mi vida en soledad

Por más de veinte años viví en solitario, con un buen amigo (el pollito), varios compañeros de clase y mi familia. Durante todo ese tiempo no me afectaba en absoluto el estar solo, aunque muchas veces me sintiera demasiado solo.

Así pasé mi niñez, adolescencia y parte de mi jventud, sin tener la necesidad de tener a alguien a mi lado a quien darle mi amor, y viceversa. Pasé todo ese tiempo dedicado de lleno a mis estudios, logrando los mejores puestos entre mis compañeros de clase; obtuve diplomas de todos los tamaños e importancia.

Era mucho más tímido de lo que soy en la actualidad. Había visto llorar a la gran mayoría de mis primas, pero también, pude ver cuan felices eran muchas otras. El amor es así, la experimentada le decía a la novata; pero por qué a mi, se preguntaba la principiante enamorada. Postergué por mucho tiempo aquel momento que se convirtió cada vez más en inevitable.

Llegó pues, a mis veintitres años, el momento de enamorarme por vez primera. Por primera vez en mi vida empezaba a experimentar “estados” que me sorprendían y llegaban a asustar, como el idiotizarme frente a aquel hombre del cual me había enamorado o el no poder quitarmelo de la mente en casi todo el día. Le conoci en la Universidad, era un profesor de dicho Centro de Estudios, y conquistó mi corazón por vez primera, por primera vez besaba a alguien jeje.

En ocasiones suelo ser despistado, pero el que me hiciera preguntas en casi todas sus clases y  la insistencia a que aceptara ser su asistente por ese semestre me olía a extrañeza. Nunca me atreví a preguntarselo. Nunca me pareció que el fuera gay. Nunca me interesó, en principio, como posible novio, sin embargo, me quedaba hasta el final para salir casi con él e ir conversando. Así fue que una tarde me preguntó si tenía planes para más tarde, a lo que respondí que no tenía nada, me invitó al cine y luego a cenar; después me insistió en acompañarme hasta mi casa y al despedirme me jalo hacia él y me estampó un beso -tenía sus labios frios y humedos-. Se fue sin decir nada y yo tembloroso entré y sin cambiarme de ropa me eché a dormir.

Toda esa magía duró apenas seis meses. No me arrepiento de la decisión que tomé por aquel tiempo. Aprendí mucho y descubrí que yo había estado en una burbuja durante por mucho tiempo, que la realidad es muy distinto a todo aquello que yo había imaginado hasta entonces. Mauro se encargó de sacarme de aquella burbuja y estrellarme contra el suelo.

CONTINUARÁ…

Una raya más

Hola a todos.

Esta vez me he prometido a mi mismo que no me pondría triste, que no vale la pena caer en un estado de depresión por alguien que no merece ni un gramo mis atenciones. Hoy, para variar, no estoy de un buen ánimo; y es que el día de ayer no fue un día bueno.

He tratado en todo lo posible no pensar en ello. He querido simular ser ciego y sordo, pero sólo logré ser mudo; ciego para no ver la respuesta a un correo electrónico que envié por la tarde, sordo para no oir lo que mi corazón me dice a gritos, y sin palabras he quedado para poder expresar el dolor que siento por haber confirmado una mentira más, una raya más.

Les contaré brevemente lo sucedido.

Hace un año más o menos, Genius me informó que vendría para Perú, luego me dijo que eso no sería posible. Sin embargo, desapareció por casi un mes. Me animé a escribirle a una sobrina de él para indagar por su persona. Recibí respuesta positiva -Genius se encontraba bien de viaje. Pasaron los días. Se conectó. Le pregunto que le habia sucedido. Me dijo que había viajado a la India -para entonces yo sospechaba que había estado aquí en Perú-. Algunas fotografias colgadas por él me dijeron que habia viajado hasta aqui. Tan fresco fue que me dijo había estado en la India. Simulé creerle. Con el tiempo confirmé, por ayuda de un conocido en migraciones, que efectivamente habia ingresado a Perú. Tenía la esperanza de que me dijera la verdad, pero no ocurrió así.

Ayer me decidí a escribirle lo siguiente:

Hola Genius.

Tal vez no quieras o no tengas el ánimo suficiente para leer este mensaje, si con sólo haberte atrevido a clickear sobre el ha merecido un gramo de esfuerzo, te lo agradezco desde ya.

Esta vez no te escribo para contarte una pena mia, ni para decirte como me encuentro, he llegado a la conclusión -quizá equivocada y adelantada, no lo sé- de que no te ha importado, ni te interesa al respecto.

El motivo real de escribirte es para contarte que hace un tiempo tenía la sospecha de que habías estado aquí en Perú. Osé en preguntartelo, y me respondiste que habías viajado si, pero a la India. Recuerdo que, a pesar de que tenías en el display de tu msn una fotografia en la que aparecían unos muros cuyo tipo de piedras sólo se encuentran en las construcciones incas, por el terreno supe que era imposible fuese la India. Aun así decidí creerte, realmente esperaba que me dijeras que habías estado aqui -hombre, que yo nunca me iba a enojar por eso. Yo nunca te iba a reclamar por el porqué no decidiste que nos conociéramos, puesto que no era, ni es una obligación aquel hecho-. Tu eres libre de verte con quien te venga en gana, y la verdad es que yo no me creía eso que me dijiste varias veces que tu harías ese viaje de Lima para el norte tan sólo “por mi”.

Las cosas en la internet se dan muy rápido, así como vienen se van, y creo que así se esfumó nuestra “amistad”. Hoy me siento avergonzado por haberte dicho que me gustabas. Te confieso que hoy me encuentro bastante decepcionado por tu persona. Hoy más que nunca he decidido no molestarte más, es por es por eso que he decidido despedirme para siempre. Considero que yo no me merecía me mintieras, pero, bueno, lo menos que quiero es hacerte un reclamo o algo que se le parezca. No espero una respuesta a este mensaje y mucho menos tengo ganas de oir excusas.

Fueron muy buenos todos los ratos que nos lo pasamos conversando. No sé en que momento se enfrió todo. Pero como digo, en internet somos lo que queremos ser mas no lo que somos en realidad.

Hasta siempre Genius y gracias por todo.

A cambio recibí un “Te deseo lo mejor!!!”

¡En fin! una mentira más, una decepción más, una raya más al tigre.

El verduguillo de mi inspiración

No sé trata del objeto conocido por muchos de nosotros, tampoco de la enfermedad que ataca a ciertas plantas, se trata del verduguillo de mi inspiración.

Un muchacho de tes blanca, casi pálida, ojos verdes, cabello oscuro y de estatura mediana. Un muchacho al que solía ver de cuando en vez por algunas zonas estratégicas para leer con tranquilidad dentro de la Universidad. Un muchacho al que jamás imaginé iba a escribir respecto a él.

Sabía que estaba metido en un boletín literario editado por un reducido grupo de aficionados escritores, entre ellos dos buenos profesores amigos -los cuales me invitaron a publicar algun escrito de mi autoría, pero lo mio no es la literatura artística, aquella literatura plástica y perfeccionista, lo mio es la litetura fresca, la del día a día a pesar de que haya pasado una semana o mes de acontecido el hecho- y que ya le faltaba poco para acabar sus estudios en la Facultad, creo que ya se ha graduado y ha fundado su propia agencia publicitaria. De lo que sí estoy seguro es que era un asiduo visitante del cine.

He leído uno que otro de sus escritos, debo reconocer que escribe muy bien y que ha definido ya su propio estilo de escritura. Me alegra mucho por él. Pero, bueno, esto no es un escrito para elogiarlo, sino que es un escrito cuyo fin es desaparecer todo nexo que alguna vez nos relacione en este mundo de letras; es por ello que he decidido ni siquiera escribir etiquetas para que no sea tan fácil dar con este post.

Quiero dejar en claro que no guardo ningún sentimiento respecto a su persona y que el único nexo será Mauro, mi ex, y ahora compañero de cuarto del verduguillo.