Cuánto dolió despedir el año 2009

Un fin de año para mi es un día de lo más normal. No me alieno como la mayoría de las personas que faltando semanas ya andan buscando un plan para recibir el año nuevo, donde sea y como sea. Este fin de año no ha sido la excepción, como es costumbre para mi, cené con mis padres y hermano menor -los otros dos se fueron a pasar a casa de familiares de sus respectivas parejas-.

Lo único bueno que me ha dejado el 2009 es la satisfacción en mis atrasados estudios, en lo demás todo ha sido de gris a negro. Pero qué año para más feo, menos mal y no regresará jamás.

Bueno, volviendo al tema de fin de año. Particularmente a ningundo de las cuatro personas que estábamos cenando aquella noche nos dolió despedir aquel año demorón. Antes de cenar, y aun estando mi hermano y su familia en casa, salimos a caminar por algunas calles talareñas; nos provocó comer helados; ya los “San Paulinos” esperaban fuera de sus casas su próximo candente sacrificio.

Regresamos a casa faltando cuarenta y cinco minutos para las cero horas. Encendimos la televisión para ver los reportajes de aquellas ciudades que ya se encontraban en el 2010. Luego salimos a lo que aun queda del jardín que alguna vez tuvo la casa a esperar que llegasen las cero horas y encender a lo que supuestamente era nuestro “San Paulino”, sorprendentemente hecho por mi papá -tenía cuerpo de humano y cabeza de un pitufo-.

Después de incinerar al “proyecto de muñeco” confeccionado por arte y mano de mi padre, entramos a la casa, nos sentamos y cenamos. Luego de comer nos pusimos a charlar un rato. De pronto, oimos que de la casa de mi abuela provino un fortísimo golpazo de puerta. Sin querer nos enteramos aquella noche que nos dejaría “boquiabiertas”, pues nos sorprendió demasiado.

Era inevitable dejar de oir los gritos de la otra casa. Era mi primo que discutia con su mujer. Los gritos sólo eran de él, ella tan sólo atinaba a decirle vete de aquí. Caso omiso fueron las peticiones de la muchacha, mi primo se enervaba más. Cuando menos lo esperábamos esos grtios cesaron, oímos un estruendoso ¡ay!.

Nunca sabremos en que zona del cuerpo le golpeó la chica a mi primo. Lo hizo llorar como a un bebé. Después del hecho la casa se quedó en el más agradable silencio.

El actuar con violencia no tiene excusa alguna . Queda comprobado que los hombres también somo víctimas de violencia por parte de las mujeres. Pero somos concientes que él se lo merecía por ser tan atorrante. A él si que le dolió despedir el año 2009.

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