En un día de aquellos -2da parte.

coro_femenino_de_la_pontificia_universidad_catolica_del_peru_fullblockPara cuando llegué la ceremonia de inauguración del evento ya había empezado. Luego de abrir con minucioso cuidado la puerta de acceso al auditorium realizo un eficaz escaneo de todo el lugar buscando algun asiento que no haya sido ocupado por nadie. Me llevó poco tiempo el encontrarlo, el lugar estaba en la segunda fila, muy cerca al podio desde donde estaba de pie hablando el decano de la facultad de la Universidad organizadora.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo duró el discurso de bienvenida y presentación de todos los expositores invitados, tanto nacionales como extranjeros. lo más probable es que haya sido todo el tiempo que duraria el primer “bloque” ya que sólo pasaron 5 minutos y se dió inicio al primer receso -tiempo que aproveché para solicitar a una anfitriona el material que necesitaria para ese día y los que estaban por venir-.

Los dos primeros días pasaron sin novedad alguna.Como les conté en la primera parte de este escrito algunos compañeros de clases habían viajado también, así que durante los recesos me reunía con alguno de ellos, o quizá dos, para irnos a la cafetería a beber o comer algo y comentar sobre algun tema superficial.

Ya para el tercero, me encontraba algo aburrido y cansado de haber oido a tantos expositores hasta que… apareció el: vestido con un terno gris muy oscuro, una camisa rosada y una corbata de unos “diablitos rojos” -muy peculiar y poco seria para la ocasión-  Pero así era el poco formal y jovial para acaparar toda la atención de los oyentes, serio y muy firme para cuando se quiere hacer escuchar y no se queda callado ante una injusticia.

Pero no todo en el fue lindo. Como todo humano tenía sus defectos -aunque en esa época me parecía eran opacados por lo que me deslumbraba en el-. Por ejemplo cuando perdía la paciencia en ocasiones que yo me sentía indispuesto a hacer algo junto a el; o, dejarme hablando solo cuando discutíamos; o cuando no le respondía el teléfono a tiempo.

De más de 180 centímetros de altura, en ese tiempo estaba delgado, cabello castaño oscuro y unos ojos café muy vislumbrantes, unos brazos fuertes y bien formados  y una sonrisa que me derretía tanto como cada beso que me regaló.

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