Un día de aquellos

En un día de aquellos en que uno se propone a sí mismo no pensar tanto y dejarse llevar por la pasión de hacer algo prohibido; y la suerte, que muy timida ella, influye en nuestros pensares. ¿Realmente se llega hacer eso que una gruesa pared nubosa llamada conciencia nos impide realizar por no querer ensuciarse?

Había pasado un año de mi ruptura con la primera persona que me enseñó a ser hombre sin anestesia alguna, la que me demostró que no existe ese mundo ideal que nunca me pude imaginar y comprendía que el mundo era un lugar para soñar. Un horizonte que descubrí terminaba en tremendo abismo en el cual, a pesar de la oscuridad, pude ver que todo había sido verdaderamente un mundo ideal -mundo que existía sólo dentro de mi.  Y publican en la vitrina de mi facultad que habría un congreso de alumnos de la carrera que sigo.

Con letras grandes que llamaban a ser vistas desde lejos, con colores que caracterizan la carrera y el precio relativamente cómodo. Hasta ahi todo bien. Sigo leyendo y llego al lugar en dónde se llevaría a cabo dicha reunión de profesionales: la ciudad capital.

Regreso a casa con el dilema de que: si era posible viajar a Lima, a pesar de que no me gusta dicha ciudad, o si me quedaría para ponerme al día en los escritos de clase que me faltaban de tener. Toda una noche la idea reinó en mi cabeza. Y así, con una sopa de pro y contras, caí rendido a los brazos de ese dios del sueño llamado Morfeo.

viajar en bus Muchos de los compañeros, que irian a ese tan publicitado congreso, viajaron en avión para ahorrar tiempo y tener algo de libre para hacer las compras o visitar algun amigo que tenían por alla. Yo preferí comprar mi boleto en bus, pues hacía mucho que no iba a Lima y deseaba ver cada pueblo o ciudad que atraviesa la panamericana -además que no tenía pensado visitar a algún familiar por parte de mi papá que viven por alla y menos sentía ganas oilusión de comprarme algo nuevo.

El trayecto fue más de las catorce horas que normalmente suelen ser, llegué deshecho y con algunas horas disponibles para poder descansar un poco e irme directamente para el lugar donde se desarrolló dicho evento que hasta el momento no estaba enterado que era internacional-. y así ocurrió, me desperté con el tiempo en contra. Aun así me duché para desperazarme. Bajé casi volando y tomé un taxi.

  • A la Pontificie Universidad “Canónica” por favor –dije al taxista-
  • “Son 12 soles” -me dijo el regordete señor.
  • No importa, me hago tarde -respondí un tanto fastidiado por el abuso de cobrarme más.

CONTINUARÁ…


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