Cuánto cuesta superar

“Augustus… se acabó” esta fue la frase que sirvió de broche que cerraría una bella etapa de mi vida.

Recuerdo que hacía ya varias semanas que nuestros encuentros por el mensajero del Hotmail no eran algo agradable. A menudo terminábamos discutiendo, el firme en la decisión de dar albergue a una ex pareja que había tenido, y yo “cerrado” en la idea que esa no era una buena decisión por parte suya.

Dicen que el final se puede olfatear a miles de millas de distanc. Yo no lo pude olfatear, pero pude ver que se aproximaba cuando el me pidió un tiempo para estar solo y meditar en algo que sólo el sabía. Así que esa visión me obligó a tomar las provisiones necesarias para un internamiento en la selva de penurias, lágrimas y dudas habiendo perdido la brújula que me guiaría en semejante travesía.

Creí que me encontraba totalmente preparado para oir la frase final que leería de su parte. Algo que no ocurrió así. Pues no, no estaba preparado, fue una espera interminable de aquello que me dijo sería su última palabra y que viviría con todas las consecuencias de aquella decisión.

En cuanto leía cada palabra un aire frío iba encerrando mi cuerpo, mis piernas dejaron de temblar para quedarse estáticas y esta vez no responder a nada y mis pensamientos se esfumaron con cada segundo que transcurría.

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