Lo que pasó… pasó

Escrito en Marzo, 30.

vecinosAntes de vivir en la casa que habitamos actualmente, mi familia y yo, vivimos en cuatro distintas casas. Una de ellas fue la casa de mis abuelos maternos.

La primera casa que alquilaron mis padres está ubicada en la parte alta de la ciudad, en una urbanización algo cerca al aeropuerto. En ese tiempo la casa estaba pintada de blanco y era sólo de una planta, hoy la casa sigue vestida de blanco pero le han construido la segunda planta. Cuando llégué a ese inmueble tenía yo un poco más de tres años de edad, pero recuerdo muy bien a cada uno de los niños con los que jugué en aquella época. Lo que me gustaba de vivir alli era el jardín interno que esta poseía, otra cosa muy agradable era la posibilidad de poder jugar amena y sanamente con los niños vecinos -recuerdo que aprendí a conducir bicicleta, que con el tiempo olvidé como hacerlo, pero a los 10 años volví a manejar una bicicleta-. Realmente pasé un tiempo muy bueno y pude recolectar recuerdos amenos que en algun momento les comentaré en un escrito.

Ya para cuando le llegó la edad a mi hermana de ir al colegio por primera vez nos tuvimos que mudar para la zona baja de la ciudad, pues la distancias son muchísimo más cortas y se tenía mayor acceso a los servicios primordiales. Así pues llegamos a vivir a uno de los 82 “parques” que tiene Talara baja. Era una casa de dos pisos, nosotros cogimos la segunda planta por ser más ventilada y contar con una habitación extra para “usarla” como “cuarto de juegos”. Ya para ese tiempo ya no éramos mi hermana y yo, sino también mi hermano que contaba con un año de vida. A menudo acompañaba a mi mamá hasta la escuela donde estudiaba mi hermana para recogerla, así fue que tuve mi primer contacto con las letras y demás.

Para cuando éramos ya cuatro hermanos nos tuvimos que volver a mudar, esta vez sería una casa muchisimo más grande que las dos anteriores. Aquí vivimos 5 años -dentro de este tiempo se iba contruyendo ya el departamento en el que vivo actualmente con mi familia-. Aquí estaba super cerca a mi escuela, iba y venía a pie con mis otros dos hermanos. Era una avenida céntrica y tranquila, el sol del amanecer entraba directamente por la ventana de mi habitación y se oía el trinar de los pajarillos tan cerca que muchas veces creí estar durmiendo en pleno campo.

Finalmente nos trasladamos al departamento en el que vivimos actualmente. No es tan grande como la última casa pero lo mejor fue es que podía estar cerca a mi abuela y así disfrutar del tiempo que pasé a su lado.

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