Un día como hoy

Ocurrió un viernes 7 del mes de abril del año 2000, día en que viajamos, mi familia y yo, para la ciudad de Piura. Días antes a esa fecha habíamos discutido la idea o la posibilidad de tener una mascota que no sean peces o aves., específicamente la crianza de un perrito.

Aquel día llegamos de mañana a la ciudad y mientras se hacían las compras para la semana, mi hermano menor y yo nos pusimos a leer los avisos en la sección de los clasificados de un diario regional. Alli encontramos dos mensajes en los que se afirmaba la venta de cachorros, el primero: vendo lindo perritos Fox terrier; el segundo decía: Venta de Cocker -así de simple, quizá por lo que puede costar la letra en cada aviso de eso-. Nos inclinamos más por la segunda alternativa.

Mi mamá no estaba del todo convencida, pero a insistencia de nosotros -incluído mi papá-  terminó por aceptar y me envío a mi con uno de mis hermanos y mi papá a ver los perritos.

Llegamos en minutos hasta la dirección, con una previa llamada, de la casa en la que veríamos a los cachorritos. Los mismos que se encontraban en el segundo piso de una gran casa. Alli estaba Danna (la mamá) y sus 4 bebés. Ni bien nos vieron tres de los perritos se vinieron corriendo hacia nosotros, a excepción de uno. Y fue a ese animalito al que decidimos comprar porque consideramos que sería el más tranquilo.

Algo que no ocurrió así. A ese perrito le bautizamos con los nombres de Lucas Bambino, pero le solíamos decir “Chiudy”. Cuando le compramos apenas tenía quince días de haber nacido, y para ese tiempo ya su anterior dueña le había cortado la colita. Era tan pequeño que podía entrar en una caja de zapatos, y fue en una caja de esas en la que lo echamos para que viajara de alguna manera cómodo durante el trayecto de regreso a la provincia.

En aquel tiempo mi papá era dueño de una camioneta Toyota Corolla, alli viajábamos todos muy cómodamente. Es así que pudimos traer absolutamente todo lo que necesitaba Luquitas (camita acolchonada, plato para agua y para la comida, shampoo, su aroma, su peine y su alimento balanceado para cachorros).

Ya en la noche lloriqueaba tanto que nos daban ganas de devolverlo al día siguiente, pero pasaron los días y se acostumbró  a nosotros -recuerdo que era mi padre quien se encargaba de calmarlo: lo tomaba en brazos y los arrullaba como un bebé humano, llegando a echarlo en su pecho-. Y nosotros nos encariñamos rápidamente con el nuevo miembro de la familia.

De pequeño hizo mil y una travesuras, como por ejemplo, mordisquear las medias -se atrevió a coger una gorra mia, yo lo queria matar jeje-. Por esa razón nos interesamos en buscar información sobre adiestramiento, y nos enteramos que en el Municipio de la provincia dictaban curso para adiestrar a las mascotas, y lo llevamos.

18-06-06_Lucas y yoEl reconocía como amo a mi mamá, y el dueño oficial era yo. Mi hermano Renato se encargaba de llevarlo al veterinario, el menor de pasearlo -y yo a veces- y mi hermana de bañarlo con la ayuda de cualquiera de nosotros.

Tenía su pelaje medio rizado de un blanco perla con algunas manchas castañas; su nariz de botón, pecoso… Cuando era bañado le brillaba el pelo como un oropel. Le temía al sonido de los fuegos artificiales -la Navidad, fiestas patrias o en año nuevo no la pasaba muy bien- y corría a esconderse debajo de alguna cama. Sus ojos marrones eran tan alegres que parecían desbordar esa emoción, sobretodo, cuando veía llegar a alguno de nosotros.

Lucas Bambino fue regalado en dos oportunidades y yo con la naturaleza periodistica que tengo me encargaba de averiguar en dónde se encontraba. Fue así que Lucas fue reclamado por mis hermanos y yo: una vez fue dado al hermano mayor de mi mamá y la segunda vez a un amigo de mi papá -la verdad que sólo fuimos a pedirlo a casa de mi tío; porque en el segundo caso lo “raptamos” sin tanto esfuerzo, pues ocurrió que el canino se encontraba suelto cerca a la casa del señor es-.

Vivió con nosotros cerc a de ocho años, tiempo suficiente para ganarse el cariño de todos y en especial el mio. Un día como hoy me separaron del único amigo que yo tenía ¡era mi hijo! Aun le extraño. Hay veces en que me parece oir su ladrido.Y lo peor de todo es que ésta vez el crimen no dejo huellas.

Este es un “homenaje” a mi primer y único perro que he tenido en la vida. Mi amigo fiel, el único que se daba cuenta cuando yo me sentía triste -se me acercaba y me lamia la mano-. Te echo de menos pero te quise, te quiero mucho y te querre por siempre mi Lucas Bambino, mi “cabecita de pera”.

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Un pensamiento en “Un día como hoy

  1. Jose dice:

    Muy triste la historia de Lucas Bambino, no debiste consentir que te lo quitaran, pero al menos disfrutasteis unos años el uno del otro. Estoy seguro que el fue muy feliz

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