Circunstancias

Uno de los lugares en donde suelo encontrar paz -no sólo externa sino interna- es la Iglesia, independientemente del tamaño o si está vacía o repleta de personas -aunque normalmente acudo cuando esta casi sin nadie dentro-.

Y si alguna contradicción tengo en la vida es que suelo afirmar que soy agnóstico y, sin embargo, me acojo a Jehová cuando me siento desorientado o cuando me hace falta fuerzas para seguir adelante, pero no sólo cuando necesito de su ayuda Divina acudo a El sino también para agradecerle por todo lo bueno y lo malo que me pueda pasar.

Lo cierto es que el hombre requiere creer en alguien o en algo para no perder el norte de la brújula poco perfecta que es el vivir.  Y, lo usual, es que para muchos de nosotros sea Dios el ente más próximo para ser la base de nuestra propia vida. Y yo como humano -un humano raro, pero al fin y al cabo humano- no soy la excepción.

Asimismo, no me considero partidiario de alguna religión específica: ni evangelista, ni católico, ni protestante, ni testigo de Jehová, ni mormón, ni musulmán, ni ateo, etc. pues todas tienen la misma raíz, y esa raíz es Dios.

Un Dios que nadie ha visto, un Dios que aparenta estar ajeno a lo que ocurre a diario en todo el mundo, un Dios que pareciera no sentir pena cuando un niño muere de hambra… no es que sea El un Dios indiferente a lo que El creó por iniciativa propia, sino que al habernos hecho libres nos dio la posibilidad de que seamos nosotros mismos quienes decidamos cual será nuestro final.

“Augusto, es normal que tengamos dudas. En el mundo hay infinidad de cosas que no podemos explicar y por ende entender. Muchos de nosotros, con frecuencia, dudamos de la existencia de Dios porque no llegamos a entender o no estamos de acuerdo con las cosas que El permite o hace. Sin embargo, nosotros, como criaturas finitas, no debemos esperar que estemos capacitados para comprender a un Dios infinito” -me dijo un sacerdote amigo después de terminada la clase de Teología.

En tiempos antiguos se creía que la mejor educación se impartía en escuelas que estuviesen dirigidas por sacerdotes o religiosos, quizá mis padres aun tengan esa idea -es más ambos también estudiaron en uno de esos centros de estudios-. Para no “cortar” con la costumbre decidieron que mis hermanos y yo siguiéramos estudios primarios y secundarios en el único colegio parroquial que hay en la ciudad de Talara.

Es alli en dónde nos impartieron creencias y costumbres netamente católicas. Y no es que ahora critique tal decisión de mis padres, pues actualmente estudio en una Universidad muy ligada a la religión ¿a lo mejor y hasta he adoptado esa creencia de que son los curas quienes están lo mejor preparados para educar, tanto en ciencias como en letras, sin dejar de lado los valores y principios espirituales? La verdad que no pretendo encontrar una respuesta a esa interrogante, ya que creo que sin aquella educación la base que me inculcaron, de principios humanos, en casa hubiera sido fofa.

Con todo lo que he dicho antes sólo reafirmo la idea de que mi personalidad, así como también mi manera de pensar, tienen una base netamente religiosa; y no en vano ha pasado por mi cabeza la idea de ser sacerdote. Pero tal decisión sería un autoengaño porque por más que yo quisiera o intentáse no podría ir en contra de mi propia naturaleza de ser homosexual.

En fin! es aquella base la que provocó en mi un arrepentimiento súbito hace algunos días atrás y, actualmente un remordimiento de conciencia único en mi.

Pasó que yo había provocado un desfalco a mi billetera, me gasté un dinero destinado a mi alimentación durante el tiempo que estaría en la capital de la región. No tenía una mejor alternativa que conseguirme un “cliente” para ofrecerle mi compañia -es algo vergonzoso lo sé-. No es una de mis mejores decisiones pero asi fue que se me acercó un señor y me insinuaba a que me fuera con el a cambio de dinero. En un momento de idiotez crónica le acepto y me voy con el. Aunque no me crean, estando a solas con ese señor me sentía una basura humana, la peor escoria que pueda existir, así que me rehuso a continuar.

Tal decisión hizo que me ganara un fortísimo puñetazo en el estómago. Señores eso me pasa por meterme en un mundo que no es el mio, un mundo al que no pertenezco. Me lo gané a pulso, pero prefiero mil veces haber recibido ese golpe a haber soportado y sentido a ese tio dentro de mi.

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