Aztequismos en el dejo piurano

Debo decir que este escrito no es de mi autoría, sino de un profesor de la Universidad de Piura: Carlos Arrizabalaga.

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Pero estos fríos recuentos podrían ser matizados en algunas hablas regionales como el español norperuano, donde la presencia de aztequismos es mucho más numerosa que en otros dialectos sudamericanos. De hecho en Piura se conocen algunos aztequismos que suelen tomarse, en general, como exclusivos de la región mexicana.

En nuestro estudio del dejo piurano, pusimos de relieve que Juan Alvarado Chuyes tenía una teoría que merecía un comentario más extenso: “Esa entonación cantarina que nos identifica al hablar, dice Alvarado, nos vino a los piuranos desde el mero México. Y así es como tenemos un dejo peculiar en el país. El mismo que, lejos de la patria, hace que se nos confunda con los propios mexicanos.”[8] La razón que esgrime Alvarado es que la primera población de Piura se vio muy aumentada con los españoles, indios guatemaltecos y mexicanos así como buen número de esclavos negros que acompañaron a Pedro de Alvarado en su aventura sudamericana, hipótesis que supone que “nos quedó con ellos el dejo”. Sin embargo, habría que sopesar qué tan relevante pudo ser esa presencia, pues el propio Cieza de León relata que los pobres mejicanos fallecían irremisiblemente víctimas de diversas enfermedades y se lamentaba de que “los habían traído de sus tierras y natural a morir tan miserablemente”.[9]

No estoy seguro de que los piuranos pudieran ser verdaderamente confundidos con “los propios mejicanos”, pero no hay duda de que hay demasiadas coincidencias en el modo de hablar, y es más que evidente la estrecha relación económica y cultural que tuvo toda la región, a través del puerto de Paita, con la costa suroccidental de México, y especialmente con el puerto de Acapulco, como ya observara Martha Hildebrandt. Desde Paita se brindaba, señala Jorge Pável Elías,[10] cargas de maíz y trigo, pescado seco y salado, así como algarrobas y otros mantenimientos para los barcos que iban o venían del Callao. Desde 1560 exportaba azúcar a otros puertos del virreinato, y desde 1702 se beneficiaba el copé o brea para calafatear los barcos y para las botijas de aguardiente de Pisco. Según Lohmann, 150,000 botijas de aguardiente salían cada año del puerto de Paita, destino Callao, desde donde se exportaba a México como a Valparaíso. También se sacaba de otros puertos, en menor cantidad, por lo que no es extraño que “pisco” (‘pájaro’, en quechua), sea hoy el nombre propio por el que se conoce mundialmente. Por Paita también entraban esclavos de Panamá. De Campeche se traía cera, miel de abejas, bálsamo de Michoacán y cañafístola, señala Guillermo Lohmann Villena.[11] México era también la ruta obligada por la que se extendía el floreciente comercio que unía Lima con las islas Filipinas, con un flujo continuo de oro y plata, telas y porcelana. El pirata Jorge Anson, luego de ser rechazado en el Callao, asoló el puerto de Paita, la noche del 14 de noviembre de 1741. Luego de tres días se llevó consigo un importante botín, y un barco llamado Soledad que transportaba caudales a México.

De hecho, en Piura no solamente hay “capulíes”, “galpones” y “magueyes”, sino también “zapotes” (el “chicle” era originalmente de la resina de estos árboles) y “tabancos”, “tunas”, “nopal”, “jícaras” y “achiote” en cantidad y todas esas son palabras mexicanas radicadas en estas costas, junto con un árbol llamado “huachapelí” cuyo nombre no parece ser otro del “guachipilín” centroamericano. En el campo de Piura, al “guarapo” (voz de probable origen africano) se le dice también “jugo de México” y a ciertas “pencas” del ágave o maguey se les puede decir, simplemente “méjicos”.[12] Además de “petates”, existen “petateros”, que son los que los hacen y los venden. También hay en Piura “miel de México”, que en realidad es el jugo sin fermentar de una penca parecida a la cabuya. Cayó en desuso, pero era usual el aztequismo tianguis o tiangues que designaba al mercado también en Ecuador. Probablemente sean también aztecas “chinguirito” y “chancaca”.[13] Los lugares oscuros y solitarios son sitios “sólidos” aquí como en México y Ecuador. Una de las danzas tradicionales de Piura es la de Montezuma. Las coincidencias son demasiado asombrosas.[14]

Aún más, las podemos encontrar en la pronunciación y en la gramática. En Piura y en México se pierde la palatal en palabras como gaína, cuchío, servieta, mantequía, en lugar de gallina, cuchillo, servilleta, mantequilla, etc. Y también en Piura se da el uso de la preposición hasta sin valor de límite: “la clase es hasta las cuatro” quiere decir, aquí como en México, que la clase es “a las cuatro”.[15] También se da el uso de mero como indefinido (equivalente al intensivo mismo), y así se dice con orgullo que uno ha nacido en “el mero Piura”.[16] Ambos fenómenos responden, en conjunto, a un deseo de acentuar la expresividad del discurso, que distingue normalmente a las hablas populares respecto al comedimiento general de la norma culta.

Me dicen que en México también es conocida la expresión “estar en la luna de Paita”, aunque muchos allá no saben que esta ciudad se encuentra en Perú. Viceversa, no parece casual, entonces, que una de las más antiguas cofradías piuranas decidiera acogerse a la advocación de la Santa Veracruz. Y en Colán se siguen haciendo representaciones de moros y cristianos en la fiesta de Santiago (cada 25 de julio), similares a las que relata Bernal Díaz del Castillo, festejos que se hicieron en 1526 en las costas de México, en honor a Hernán Cortés, que regresaba a la ciudad de México luego de una expedición de dos años a Honduras.

piura region

NOTAS:

[8] Juan Alvarado Chuyes “El mero dejo”, en Temas piuranísimos, vol. II. Piura, Universidad Nacional de Piura, 1990, págs. 31-33.
[9] Pedro Cieza de León, Crónica del Perú. Edición de Guilermo Lohmann Villena, Lima, Pontificia Unversidad Católica del Perú, 1984, pág. 203.
[10] Jorge Pável Elías Lequernaqué, “El corregimiento de Piura en tiempos de la casa de Austria”, en José Antonio del Busto (dir), Historia de Piura. Piura, Universidad de Piura, 2003, págs. 211-267.
[11] Ver Historia marítima del Perú. Siglos XVII y XVIII. Lima, Instituto de Estudios Histórico Marítimos del Perú, 1986, p. 218.
[12] Miguel Justino Ramírez usa el término en un relato: “Por el camino que se escondía entre las hierbas y matorrales, bordeabas por tunas, méjicos y lalos y de chopos cubiertos de moradilla, bajaba al río”, y anota a pie de página que así “llaman siempre al ágave”, en Cuentos de don Miguel, Lima, Talleres Sesator, 1963, p. 241. Agradezco a la profesora Nelly Trelles por facilitarme este dato.
[13] Mientras que en el norte del Perú se dice chinguirito a una comida hecha a base de pescado salado y seco, en Cuba y México se llama así a un aguardiente de calidad inferior, según consigna Morínigo en su Diccionario manual de americanismos, (Buenos Aires, Muchnik, 1966, p.190).
[14] Guillermo Burneo Cardó pensaba que la lengua de Sechura o lengua sec procedía de Centroamérica y lo deducía porque de esa lengua “conservamos todavía algunos vocablos”, pero no menciona ninguno. Ver sus Etimologías, tradiciones y cuentos de Sullana, Piura, 1971, p. 22.
[15] Este uso intensivo de hasta se da también en Centroamérica y en Colombia. Fue señalado en México, Colombia y en Centroamérica ya por el propio Cuervo, quien consideraba que tal extensión de hasta intensivo salía por pura coincidencia sin que fuera recibida “el uno del otro ni haberlo recibido de España” (ver El castellano en América, pp. 76 y 183). Luego estudiado por Charles S. Kany, en “American-Spanish ‘hasta’ without ‘no’”, Hispania, 27, 1944, 155-159; y por Lope Blanch (1990). En Piura fue detectado, gracias a las encuestas realizadas en los años noventa por Rocío Caravedo (ver “El Atlas Lingüístico Hispanoamericano en el Perú: Observaciones preliminares” en Lingüística Española Actual, Madrid, 1992, 14, pp. 287-299).
[16] No todos los usos mexicanos de mero se encuentran en el norte del Perú, puesto que aparece como equivalente a mismo pero no en lugar de casi. Este valor tiene gran vitalidad en México, Centroamérica y Colombia y proviene del español clásico. Ver Charles S. Kany, Sintaxis hispanoamericana, Madrid, Gredos, 1976, pp. 57 y 58. Kany cita varios ejemplos de La serpiente de oro de Ciro Alegría, lo que indica que la zona del alto Amazonas también presenta este mero intensivo. Lo ha señalado Alberto Escobar en La serpiente de oro o el río de la vida, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Editorial Lumen, 1993, p. 173.

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